En un momento, el clamor popular ganó como nunca las calles en Egipto: nada había de indiscutido en el poder del "rais" si el pueblo decía "basta". Desde afuera, era difícil imaginar tal cosa: en 2011, y en los 30 años anteriores de la dominación de Hosni Mubarak, algunas de las pocas certezas que había en el país eran que el Nilo seguiría en su lugar, que las pirámides también y que con Mubarak sucedería lo propio.
Tormenta imperfecta
A seis años de la primavera árabe, naciones descompuestas, líderes que vuelven y alguna democracia floreciente en una región turbulenta