2 de noviembre de 2014 12:27 hs

En los últimos 10 años el Frente Amplio ha profundizado su vínculo en tres actividades de la vida de Uruguay donde además ya tenía una larga tradición de décadas. Ellas son el ámbito sindical, la cultura referida a las artes, y lo que se ha denominado las “nuevas libertades”. Y en cada una de estas áreas ha sustituido las banderas que en otra época tuvo el Partido Colorado y más precisamente el batllismo.

A nivel de leyes laborales y de reclamos del sector gremial, si las antiguas banderas del batllismo clásico fueron la ley de ocho horas, los consejos de salarios y la legislación de licencias, en este período de gobierno del Frente Amplio se sancionaron las leyes de responsabilidad empresarial y la ley de ocho horas del trabajador rural, entre otras. A nivel de política cultural, si a fines de los años de 1940 se impulsaba, por ejemplo, las instituciones teatrales con la llegada de la actriz española Margarita Xirgu, la venida del bailarín Julio Bocca para ponerse al frente del cuerpo de baile del Sodre parece una jugada similar.

Si antes se promovían las becas para que los artistas afinaran su formación en el exterior, hoy son los fondos concursables los que colaboran en la concreción de proyectos en varias ramas de la actividad artística. En cuanto a la llamada agenda de nuevos derechos, si el primer batllismo votó, entre otras, las leyes de divorcio por la sola voluntad de la mujer y el voto femenino, en estas épocas el FA en el gobierno ha propuesto y votado las leyes de matrimonio igualitario, la ley del aborto y la de la legalización de la marihuana. Y hay más ejemplos: artistas que poseen cargos públicos o que colaboran de manera directa tanto en spots publicitarios de la campaña del FA como en publicidad estatal; sindicalistas que integran las listas del oficialismo; dirigentes de colectivos y ONGs que demuestran inocultables simpatías hacia el FA.

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Se trata, además, de tres sectores de la realidad en los que el FA ha retomado una forma de legislar que se acerca conceptualmente a la agenda del viejo coloradismo gobernante, en los que además los partidos tradicionales se han alejado y donde no trabajan de forma sistemática para revertir esa situación. El trabajo de décadas del FA en estos ámbitos de la vida del país da sus frutos al novel electoral desde hace una década, y en principio no parece que haya demasiados cambios. La victoria cultural (tanto en el sentido concreto como en el sentido amplio del término) del FA llevó años en consolidarse pero en estos tiempos goza de muy buena salud. Y a la vista de los resultados electorales, lo que sucedía en Montevideo ahora se replica en muchas capitales departamentales. Si la oposición desea hacer mella allí deberá despertar del letargo en el que está.

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