16 de marzo de 2013 16:43 hs

La pasada siembra de trigo terminó para los productores uruguayos en pérdidas. Las lluvias que vienen acompañando a Uruguay desde setiembre resultaron excesivas para un cultivo que tiene su origen en Medio Oriente y todavía 10 mil años después de que fuera domesticado por el hombre, no se acostumbra al exceso de agua. Por lo tanto solo se logró cosechar poco más 2.000 kilos por hectárea, insuficiente para cubrir el costo de producción. Y buena parte de ese trigo, afectado por hongos, no quedó apto para el consumo o solo quedó apto para el consumo animal.

También sufrieron graves daños los cultivo de cebada, pariente cercano del trigo evolutivamente y todavía menos resistente a la lluvia excesiva. Y lo mismo con la colza, cultivo que está dando sus primeros pasos y sumó un tropiezo grave.

Los uruguayos urbanos no suelen preguntarse de dónde viene el trigo de su pan, sus bizcochos o su pasta.

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En este año parte del trigo que usan las panaderías uruguayas viene de Paraguay. Es la primera vez que sucede. Toda una señal de la pujanza de la economía paraguaya que exporta cada año más y es cada vez más la opción de inversión de los productores uruguayos que ven un ambiente cada vez más hostil en Uruguay.

Y que los paraguayos estén abasteciendo a Brasil y Uruguay de trigo es realmente llamativo. Poco tiempo atrás ni se considerarían potenciales productores, hoy sustituyen a Argentina como abastecedor de los molinos brasileños.

Brasil es un importador estructural. Al ser un país tropical, no hay manera de que se autoabastezca de un cultivo que necesita fríos intensos y poca agua. Pero Argentina que era su natural abastecedor tiene cosechas menores cada año. Seguramente el lector ya sabe porqué. Es muy difícil sembrar sin saber cuales serán las reglas de juego al cosechar y que el precio del grano dependa del humor de un funcionario. Otra señal de los tiempos.

Pero para abastecer a Brasil el trigo paraguayo no alcanza. Brasil eliminó el arancel al trigo de fuera del Mercosur y optó por traer trigo del hemisferio Norte, sin demasiadas consultas a nadie. También un signo de la situación del bloque regional.

A partir de eso a Uruguay se le ha vuelto muy difícil comercializar trigo.

En dos meses comenzará otra etapa de siembra con un marco bastante incierto. Los precios internacionales son buenos en la comparación histórica. En otros tiempos, con otro dólar y otros costos, un trigo de US$ 150 por tonelada hubiese sido atractivo. En este año un precio de US$ 250 que puede esperarse a la cosecha hace muy riesgosa la decisión de siembra.

El trigo atraviesa una situación similar a la del arroz. Cultivos que solo con productividades excepcionales permiten dejar algún margen y que en años climáticamente adversos dejan pérdidas a muchos productores.

La siembra de trigo de este otoño será la primera en la historia de Uruguay que se realizará con el requisito de presentación de planes de uso y manejo de suelos, una herramienta que tal vez sea comparable a la trazabilidad y ayude a consolidar una cultura de conservación de los recursos naturales, imprescindible para que el desarrollo agrícola se sostenga en el tiempo.

Como cuando comenzó la trazabilidad del ganado, hay algunas voces que se oponen. Ojalá que, siguiendo el paralelismo, también resulte en un factor de distinción de los granos uruguayos que podrían en el futuro salir con un sello de responsabilidad ambiental y agregado de carbono a los suelos que tal vez los consumidores podrían apreciar.

Si la combinación de dólar bajo y combustible caro desalientan a la siembra y la superficie triguera cae, será otra luz amarilla encendida y tal vez sigamos alimentándonos de trigo paraguayo en 2014.

También será una señal de que el país no está en condiciones de exportar trigo plantado a más de 250 kilómetros de los puertos por sus descabellados costos de transporte.

Pero tal vez eso no suceda. Pasar unos días en el ambiente de la Expoactiva permite cultivar la permanente esperanza de que el afán innovador de los agricultores le encontrará la solución a los problemas estructurales que Uruguay como conjunto no consigue todavía resolver.

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