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Erdogan analiza acercamiento con Siria

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Turquía analiza un acercamiento con Siria para neutralizar al separatismo kurdo

Lo hace bajo el auspicio de Rusia, mientras Ankara continúa con los ataques aéreos sobre los territorios controlados por las milicias kurdas del Partido de la Unión Democrática y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán

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25 de noviembre de 2022 a las 05:00

En la elevada meseta del Kurdistán, una vasta región surcada por cordones montañosos y valles agrestes que abarca el sudeste de Turquía, el sur de Armenia, el enclave azerí Najicheván, el norte de Irak, el oeste de Irán y el nordeste de Siria, habitan entre 25 y 30 millones de kurdos.

De origen indoeuropeo, con raíces medas, asirias y armenias, los kurdos  constituyen una de las minorías más grandes del mundo sin Estado. Un pueblo sin tierra que mantiene vivo su histórico reclamo de autonomía y que desde hace décadas es protagonista y víctima de los graves conflictos geopolíticos de Medio Oriente.

El conflicto que atraviesa al pueblo kurdo se remonta a la época del Imperio Otomano, que dominó el Kurdistán desde principios del siglo XVI hasta que los británicos lo desplazaron durante la Primera Guerra Mundial. Las condiciones impuestas a Turquía por las potencias aliadas en 1920, mediante el tratado de Sevres, se suponía que implicaría la autonomía kurda y una inminente independencia del Kurdistán.

Sin embargo, en 1923, con la llegada al poder de Kemal Ataturk (1923-1938), fundador y primer presidente de la República de Turquía, el panorama cambió. Ataturk decidió consolidar el poder territorial de Ankara, proceso que incluyó la persecución de las minorías étnicas, entre ellas mediante el genocidio armenio, y forzó un nuevo acuerdo con las potencias occidentales, las que olvidaron su compromiso de ayudar a la independencia del Kurdistán.

Desde entonces, los kurdos, repartidos entre Turquía, Irán, Iraq, Siria y Armenia, han sido peones en el juego del ajedrez geopolítico de la región. Hoy, en una nueva de vuelta de la historia, los kurdos, además del hostigamiento de Teherán y Bagdad, temen pagar el costo del creciente acercamiento entre Ankara y el régimen sirio de Bashar Háfez al-Ássad, situación que podría facilitar una ofensiva turca en las zonas de Siria controladas por los kurdos.

Una “posible” reunión

Las relaciones entre el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y su homólogo sirio, Bashar Háfez al-Ássad, están rotas desde 2011, cuando se disparó la guerra en Siria y Ankara decidió apoyar a los grupos opositores a Damasco. Sin embargo, el gobierno de Turquía consideró esta semana como “posible” una reunión de ambos mandatarios bajo el auspicio del presidente de Rusia, Vladimir Putin.

De concretarse, marcaría un cambio drástico con relación a 2012, cuando Turquía cerró su embajada en Damasco y Erdogan comenzó a calificar a Bashar Háfez al-Ássad como "asesino" y "terrorista". En ese contexto, Turquía lanzó desde 2016 tres ofensivas en suelo sirio contra las milicias kurdas, lo que le permitió controlar una franja de la frontera en el interior de Siria. No obstante, Ankara solo se enfrentó en forma directa con las fuerzas sirias en su última operación, en 2020, para detener el avance del ejército de Damasco. Ocasión en la que intervino Rusia para distender la situación.

¿Qué vínculos existen entre Damasco y los kurdos sirios? Desde el inicio del conflicto en Siria, los kurdos han evitado enfrentarse con el régimen de Damasco, con el que mantiene relaciones, pese a algunas escaramuzas limitadas, principalmente en los límites de las grandes extensiones de territorio que controlan en el norte y noreste del país, donde establecieron un gobierno autónomo con el apoyo de Estados Unidos.

Al igual que los gobiernos de Turquía, Iraq e Irán, Siria rechaza la administración autónoma de los kurdos y los acusa de "separatismo". La situación ha decantado en un frágil equilibrio y en negociaciones mediadas por Rusia, que facilitaron a Damasco desplegar fuerzas limitadas en algunas zonas kurdas para frenar el avance turco en su territorio.

En lo inmediato, Ankara cambió su posición con respecto a Damasco. En agosto, el jefe de la diplomacia turca pidió una reconciliación entre el régimen sirio y la oposición. El miércoles pasado, Erdogan no solo consideró "posible" un encuentro con Bashar Háfez al-Ássad, sino que también expresó que "no había lugar para el resentimiento en política".

El rol de Rusia

Según los analistas, Rusia está nuevamente desempeñando un papel clave en el acercamiento entre los dos países. La razón: Ankara y Damasco entienden que sobre sus diferencias se alza un enemigo común: los combatientes kurdos del Partido de la Unión Democrática (PYD) y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), próximo al PYD pero sin vinculación orgánica, aunque ambos administran las regiones que controlan en el Kurdistán.

La posibilidad del acercamiento volvió a quedar sobre la mesa esta semana. Según escribió el periodista y columnista turco Abdulkadir Selvi en el periódico Hurriyet, uno de los de mayor alcance en el país, el encuentro Erdogan-Asad podría concretarse antes de las elecciones turcas de junio de 2023, reunión que tendría como anfitrión a Putin, quien advirtió que la incursiones aéreas turcas contras la milicias kurdas en Siria, a las que Ankara responsabiliza del atentado que dejó 6 muertos y 81 heridos en el centro de Estambul, podría desestabilizar todavía más la situación.

Las incursiones turcas causaron desde el domingo pasado una veintena de muertos en las filas del ejército sirio. Sin embargo, y según destacan los analistas, Damasco se ha contentado con una débil protesta. Su viceministro de Asuntos Exteriores, Ayman Sosan, denunció "los pretextos invocados por la ocupación turca para justificar su política en Siria". Eso fue todo.

Según aseguró a la agencia de noticias AFP Mazlum Abdi, comandante de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) de mayoría kurda, "la posición de Damasco es más débil que en las ofensivas turcas anteriores", al tiempo que dijo tener información sobre "contactos entre las dos partes", en referencia a los gobiernos de Turquía y Siria.

¿Qué consecuencias tendría el acercamiento para los kurdos sirios? Según Abdi, Ankara busca "erradicar la experiencia" de la administración autónoma kurda mediante una ofensiva militar, o bien mediante un "acuerdo" con Damasco. "Una reconciliación seria entre Ankara y Damasco sería un desastre", estimó el analista Aron Lund. En declaraciones a AFP, Lund, experto en Medio Oriente e integrante del grupo de reflexión Century International, un acuerdo “le privaría a los kurdos de la zona de su principal protección contra Ankara, que es Damasco, apoyado por Rusia, lo que permitiría a Erdogan y a Asad actuar juntos para resolver sus problemas con los kurdos".

Los bombardeos siguen

En lo inmediato, Erdogan, que advirtió que analiza una ofensiva militar terrestre en Siria e Irak "para combatir la amenaza terrorista", ha limitado su ofensiva al lanzamiento de cohetes en el marco de la llamada Operación Garra-Espada contra las milicias del YPG y el PKK, organizaciones a las que consideró una "amenaza" y a las que advirtió que "pagarán el precio" por sus acciones.

Según precisó, en la operación participaron hasta el momento "70 aviones y drones" en incursiones que “se adentraron 140 kilómetros en el norte de Irak y 20 kilómetros en el norte de Siria". Situación a la que las milicias kurdas respondieron con ataques de cohetes y morteros sobre la cuidad turca de Karkamis, con un saldo de dos de nuestros y seis heridos", según tuiteó Davut Gul, gobernador de la provincia de Gaziantep, localizada al sudeste de Turquía.

Para el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) con sede en Londres, los bombardeos de la aviación de Turquía fueron dirigidos contra posiciones de combatientes kurdos y dejaron al menos 31 muertos, entre ellos muchos civiles, en las provincias de Hasaka, Alepo y Al Raqa.

Se trata de las zonas en donde las YPG lideran una coalición apoyada por Estados Unidos y que se creó años atrás para combatir al grupo yihadista Estado Islámico (EI), cuando éste último conquistó vastos territorios en el norte y este de Siria, y en el oeste de Irak. Tanto el PKK como las YPG niegan cualquier implicación en el ataque terrorista registrado en Estambul, hecho que no ha sido reivindicado por ningún grupo y que Ankara dice haber sido planificado en la ciudad kurdo siria de Kobane y ejecutado por “terroristas kurdos”.

Por lo pronto, Turquía siguió bombardeando posiciones de combatientes kurdos en el norte de Siria para "proteger” su frontera sur. "Nuestra determinación de proteger todas nuestras fronteras del sur con una zona de seguridad es hoy más fuerte que nunca", dijo Erdogan, quien reiteró que considera lanzar una ofensiva terrestre "cuando el momento sea oportuno".

Los bombardeos alcanzaron el campo de detención de Al Hol, en Siria. El campamento, administrado por los kurdos, alberga 50.000 personas, entre ellas familiares de supuestos yihadistas, pero también desplazados sirios e iraquíes. Información relativizada por otras fuentes, que indican que los bombardeos tuvieron por blanco posiciones fuera del campo que "sembraron el caos" en su interior.

"Turquía tiene los medios para buscar y castigar a los terroristas implicados en ataques dentro y fuera de sus fronteras", afirmó Erdogan antes los legisladores de su agrupación, el Partido de la Justicia y el Desarrollo. “Hasta entonces -advirtió- continuaremos nuestras operaciones aéreas sin interrupción y entraremos en el territorio de los terroristas en el momento que consideremos conveniente".

El jefe de Estado especificó sus objetivos prioritarios, entre ellos garantizar la frontera sur con el establecimiento de una zona de seguridad de 30 kilómetros de ancho mediante ataques a las localidades sirias de Tal Rifat, Manbij y a la emblemática Kobane, bastión kurdo de las YPG que recapturaron en 2015 cuando derrotaron a los yihadistas del grupo Estado Islámico con apoyo occidental. Según el ministro de Defensa turco, Hulusi Akar, los ataques "punitivos" han apuntado hasta ahora a 471 objetivos y 254 "terroristas" fueron neutralizados.

"El único objetivo de las fuerzas armadas turcas son los terroristas y las estructuras pertenecientes a estos terroristas. No tenemos ningún problema con ningún grupo étnico o religioso, ni con nuestros hermanos kurdos o árabes", argumento Akar, luego que Erdogan, sin nombrarlo, diera a entender que la ofensiva tiene el visto bueno de Washington.

Una situación que ratifica a los kurdos como peones del ajedrez geopolítico que juegan Rusia, Estados Unidos y las potencias regionales, como Turquía e Irán.

 

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