24 de septiembre de 2018 5:02 hs

Aun año después del ingreso del partido de ultraderecha Alternativa por Alemania (AfD) en la cámara de diputados, se ha trastocado la vida política del país, convirtiendo los debates parlamentarios en enfrentamientos.

Este movimiento antimigrantes, que se alzó en los últimos sondeos en el segundo puesto en intención de voto (18%), por detrás del partido de centro-derecha de Angela Merkel, hizo de la canciller su “bestia negra” y aprovecha su debilidad política en el comienzo del que probablemente sea su último mandato. 

Según el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung, el 24 de setiembre de 2017 se marcó un “giro histórico” en las legislativas. El partido de extrema derecha obtuvo el 12,6% de los votos, tan solo cuatro años después de su fundación. 

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Actualmente, cuenta con 92 diputados y se convirtió en la primera fuerza de la oposición en el Bundestag, la cámara baja del parlamento.

Desde entonces, “la cultura parlamentaria está más marcada que antes por la confrontación”, indicó a AFP el politólogo Paul Nolte, de la Universidad Libre de Berlín. “La AfD no está considerada como un partido político normal y, en el Bundestag, tampoco se comporta como un partido absolutamente normal”.

Guerra parlamentaria 

Bajo la cúpula transparente del Reichstag, el tono de los debates cambió en intensidad a golpe de invectivas, insultos y llamadas al orden del presidente de la asamblea, el sobrio Wolfgang Schäuble. “Han cambiado el discurso del día a día [...] con términos como ‘migración del cuchillo’, ‘invasión del asilo’”, explicó en el FAZ la diputada de los Verdes, Renate Künast, que opina que se trata de un cambio “más masivo y fundamental que la Reunificación alemana”. Sobre esto, la AfD reconoció que las “provocaciones verbales” son parte de sus características. 

En plena sesión parlamentaria, la formación organizó un minuto de silencio en memoria de Susanna Feldmann. Una adolescente aparentemente violada y asesinada por un solicitante de asilo iraquí al que se negó su petición, un crimen que causó una gran polémica y atizó el debate sobre la conveniencia de la política migratoria del gobierno.  Fueron llamados al orden.

Más allá de los desacuerdos, “el grupo parlamentario AfD se ha revelado más estable, consistente y homogéneo de lo que algunos predecían”, según Nolte.

Los parlamentarios aseguran ser víctimas del “odio y las cazas colectivas” de los otros grupos. En una ocasión, el diputado socialdemócrata Johannes Kahrs los tildó de “poco agradables” y el grupo parlamentario AfD en conjunto dio un portazo en medio de una sesión plenaria. 

Desde hace un año, el AfD también está en el punto de mira por su falta de personal político experimentado y su desconocimiento del funcionamiento del Bundestag. A pesar de las luchas de poder, el jefe del partido, Alexander Gauland, ha logrado “mantener en el centro las tendencias más extremistas”, próximas a los neonazis, según el politólogo Paul Nolte. 

Fuente: AFP

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