3 de julio de 2014 22:04 hs

Eduardo D’Angelo es una leyenda de la televisión uruguaya y una realidad actual sobre las tablas. El cómico de 75 años tiene una obra en cartel (la idea es retomar después de las vacaciones de julio) escrita, dirigida y protagonizada por él: El mayordomo y la dama brillante.

“Están muy de moda los mayordomos otra vez, en Estados Unidos, en Europa, en todos lados. Las comedias sofisticadas. Y entonces me despertó la idea de armar esta pieza”, explica.

D’Angelo es uno de los pioneros de la televisión uruguaya, miembro orgulloso de una generación privilegiada, que empezó en Telecataplum, guionado por los hermanos Jorge y Daniel Sheck.

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Ricardo Espalter, Enrique Almada, Raymundo Soto, Berugo Carámbula, Henny Trayles y el propio D’Angelo hicieron época, después, con Jaujarana.

Lleva escritas 19 obras de teatro (Leche hervida, Esposa para dos, fueron dos grandes éxitos, la última junto a Almada y a Espalter) y es creador y guionista de muchos de los grandes éxitos cómicos de la televisión nacional.

“Normalmente escribo las obras para mí. En este tipo de comedias que hago, sigo la línea de los capos cómicos. El teatro necesita una cabeza de la compañía, como una tracción delantera”, argumenta.

D’Angelo es autodidacta. “Mi madre era una fanática del cine y yo me crié entre las películas. Me empezó a gustar la comedia. Ahora a mí no me interesa mucho el cine, porque no están los Cantinflas, Jerry Lee Lewis e incluso Woody Allen, que era de los últimos y ya es otra cosa, ¿no?”, comenta.

También es crítico de la escena teatral actual. “La gente quiere ver la comedia rioplatense y vienen una cantidad de compañías, conocidas a través de los programas de Tinelli. Pero a mí no me llama la atención”, dice, con desdén.

Él mismo ha hecho teatro con las vedettes argentinas y ha tenido un éxito escandaloso, en temporadas en Mar del Plata y Punta del Este con las actrices del programa de Alberto Olmedo: Beatriz Salomón, Adriana Brodsky, Silvia Pérez y Susana Romero.

Sin embargo, cree que ahora se trata de vedettes que no tienen grandes cualidades, más allá de sus físicos espléndidos, y que eso provoca “una fama que dura un mes, a lo sumo”. Falta algo: “Ya no hay figuras como Alberto Olmedo y Jorge Porcel”.

En la obra El mayordomo y la dama brillante hay algún dardo al respecto: “Antes para vender más sacaban la cara de la estrella en una revista. Ahora sacan la cara de adelante y la cara de atrás”, recuerda melancólicamente la veterana protagonista de la obra.

Lo del teatro tiene que ver con la porfía del comediante: “Hay 56 espectáculos en cartelera: un disparate. Y este año, ahora con el mundial y después con las elecciones, es muy difícil para los espectáculos”, reflexiona.

D’Angelo afirma que actuará mientras el cuerpo responda y también dice que busca una jubilación, tanto en Argentina como en Uruguay, que por ahora le es esquiva: “Siempre dicen ‘va a salir, va a salir’, pero se han muerto compañeros, pobres, muy pobres. Yo tuve la oportunidad, por suerte, de en algún momento ganar muy bien; entonces, más o menos… Pero estoy buscando una jubilación, para decir ‘ahora me quedo tranquilo’”.

A D’Angelo todavía lo paran en la calle, le preguntan qué paso con aquella época dorada del humor uruguayo en la pantalla chica, pero él no puede contestar, salvo que a él ya no le interesa la televisión.

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