El fútbol tiene la capacidad de dar un giro a los estados de ánimo y sensaciones sin transitar términos medios. Por eso no extraña ni sorprende que Peñarol llegara al Saroldi con el impulso de 12 triunfos consecutivos, una campaña histórica y la posibilidad de dar la vuelta olímpica a dos fechas del final, y que volviera a Los Aromos con derrota, sin invicto, herido futbolísticamente, con esas dudas que sembró el funcionamiento del equipo y que abriera la posibilidad para que Nacional pueda ingresar en la lucha por el título del Uruguayo, cuando hace cinco fechas parecía muy lejos de aspirar a colarse en la definición.
Un día se iba a terminar
Peñarol extrañó a Formiliano, Gargano y Palacios, sufrió a un River perfecto y perdió el invicto