Desde el miércoles ataques israelíes en Gaza han matado a 44 personas, entre militantes y civiles. Hamas y otros grupos han lanzado a Israel desde Gaza más de 500 cohetes contra lugares residenciales y han matado a tres civiles.
¿Quién empezó? El ataque inicial fue el asesinato del líder militar de Hamas, Ahmed Jabari, el miércoles por la tarde (el vídeo en Youtube lo han visto casi 2 millones de personas).
Pero Israel tenía excusa. Hasta el miércoles pasado habían caído en el sur de Israel más de 800 cohetes. La tendencia es al alza desde la última operación militar en Gaza, conocida como Plomo Fundido, entre 2008 y 2009 (esta vez se llama Pilar de Defensa). En 2010 lanzaron 200; en 2011, más de 600.
Según el gobierno de Israel, la vida normal en el sur del país se había vuelto imposible. El gobierno ha publicado este cartel en redes sociales para concienciar a otros países.
La defensa palestina es la desproporción israelí. Hasta septiembre de 2012, las réplicas israelíes han matado a 55 palestinos. Solo el jueves murieron más palestinos que israelíes en los últimos tres años. Israel responde que apuntan a los autores y tratan de evitar las muertes civiles. Pero responsabilizan a Hamas y los otro grupos por lanzar sus proyectiles desde zonas residenciales.
¿Qué gana Hamas?
¿Por qué ahora? A la tendencia creciente en número de cohetes, hay que añadir matices. ¿Qué gana Hamas? Los cálculos de Hamas son complejos. Primero, buena parte de los cohetes los han lanzado grupos más pequeños: Jihad Islámica o Comités de Resistencia Popular. Pero Israel hace responsable a Hamas porque son quienes gobiernan en Gaza.
En las últimas semanas, Hamas se había sumado al lanzamiento de cohetes. La muerte de su jefe militar tiene que ver con su falta de control de los otros grupos y con sus aportaciones recientes.
Hay razones interesantes de Hamas: la dirección de Hamas está fuera de Gaza, ahora en varios países árabes, tras su salida de Damasco. Su líder, Khaled Meshal, anunció en septiembre que lo iba a dejar. La lucha por la dirección hace que los dirigentes locales quieran ser vistos como la vanguardia de la lucha contra Israel. Los cohetes contra Israel son un buen argumento.
Desde Israel, además del incremento en cohetes, hay quien sospecha que las elecciones dentro de dos meses pueden tener que ver. Este parece ser un buen motivo para que la respuesta israelí haya sido en este momento y no ante otras oleadas previas de cohetes este año.
El primer ministro en la última guerra contra Gaza en 2008 fue Ehud Olmert. En julio le absolvieron de acusaciones de corrupción y se planteaba su vuelta a la política. Debía decidirse ahora. Su entrada sería el único peligro real para el primer ministro Netanyahu. Si los cohetes hubieran aumentado hasta las elecciones, algunos votantes hubieran podido pensar que Olmert les defendió mejor.
El ministro de Defensa, Ehud Barak, creó durante esta legislatura su partido, Independencia, tras abandonar a los laboristas. En las encuestas solo roza el mínimo para entrar en el Parlamento. Un papel sólido en esta crisis puede darle el impulso que necesita para seguir con su vida política.
La situación es más extraña aún porque el miércoles se hablaba de un nuevo alto al fuego, en el que estaba implicado incluso el jefe muerto de Hamas, Jabari. Por algún motivo se decidió no esperar o negociar de nuevo tras una muestra de fuerza.
Los cohetes
Una razón de más peso. El 24 de octubre se oyeron unas explosiones en Jartum, la capital de Sudán. Habían explotado unos containers en un depósito de armas.
Sudán acusó a Israel de haberlo hecho con un ataque aéreo. Israel, como es habitual, ni confirma ni desmiente. Ha ocurrido tres veces en los últimos tres años. Israel sospecha que allí se fabrican cohetes de mayor alcance con ayuda iraní que llegan a Gaza a través de Egipto.
Una flota militar iraní llegó a Sudán poco después del ataque. Así lo describen, junto a la hipotética operación aérea israelí, de menor envergadura pero parecida a la que debería hacerse para atacar las centrales nucleares iraníes.
El problema de esos cohetes es que son de mayor alcance, los Fajr5, capaces de llegar a 75 kilómetros. Hezbolá ya los usó en 2006 desde el Líbano.
Esta semana cuatro cohetes lanzados desde Gaza han caído al sur de Tel Aviv, sin causar daños, y uno hacia Jerusalén. Si alcanzan el centro de la ciudad, la respuesta israelí será terrible. Es, como suele decirse, una línea roja para Israel, y Hamas lo sabe.
Hamas podía esperar que Israel no supiera que tenía cohetes de ese alcance o que no supiera dónde los tenía. Ahora que está claro, intenta al menos lanzar los que pueda. Irán podía hacer llegar ese material a Hamas para que respondieran ante un ataque contra sus centrales. El conflicto en Gaza es útil para Irán en otro sentido: es un respiro a la presión internacional sobre Siria.
¿Habrá invasión?
De momento han muerto unos 40 palestinos. En la operación Plomo Fundido de hace cuatro años, que empezó igual, murieron más de mil. Son por ahora dos niveles distintos. Israel ha llamado a reservistas y ha acercado tropas y carros de combate a la frontera con Gaza. Puede ir en serio o puede ser un farol para negociar.
Hace cuatro años, los ataques aéreos empezaron el 27 de diciembre de 2008 y la invasión fue una semana después, el 3 de enero. Aún estamos dentro de ese margen. Pero el número más tranquilizador es que el primer día de ataques en 2008 hubo más de 200 muertos, veinte veces más que esta vez.
El juego con Egipto
Otro cambio fundamental es que Mubarak, aliado de Israel, ya no está. El comportamiento de los Hermanos Musulmanes es un misterio. Egipto no está para guerras. Si Israel deja espacio para que el gobierno de Morsi presione a Hamas puede serle más útil que arrinconarle.
El primer ministro egipcio, Hisham Qandil, ha estado en Gaza. Israel ha mantenido una tregua a pesar de que los ataques palestinos no han cesado: quizá desde Gaza querían provocar. El primer ministro turco, Erdogan, se reunió con el presidente Morsi. Ayer el ministro de Asuntos Exteriores de Túnez viajaba a Gaza. A ver qué ocurre.
Mientras Turquía y Egipto predican en voz alta de la agresión inhumana y de no abandonar a Gaza, su presión sobre los palestinos para evitar otra guerra con destino incierto será grande. A Israel también le conviene más que otros aten en corto a Hamas en Gaza. Pero nada es seguro ahora mismo.