A los 40 minutos, tras un tiro de esquina, el zaguero nacido en Cabo Verde Fernando Varela marcó el segundo tanto del partido y saltó los carteles publicitarios para celebrar el tanto con un alcanzapelotas que en realidad es su hijo, Gustavo.
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El jugador lloró abrazando a su hijo adolescente. ¿La razón? En octubre de 2016, el zaguero se hizo un autogol en un partido contra Olympiacos, uno de los grandes de Grecia junto a Panathinaikos, y el encuentro que estaba 1-0 para PAOK (curiosamente también con gol de su autoría) pasó a estar 1-1 para terminar luego en derrota agónica en favor de Olympiacos (2-1).
Desde entonces, su hijo fue víctima de bullying en su lugar de estudio en Grecia. Sus compañeros se burlaban del gol en contra marcado por su padre y porque el que había hecho de poco había servido.
Tuvieron que pasar 54 partidos con la camiseta de PAOK para que el corpulento zaguero que también defiende a la selección de Cabo Verde (una isla ubicada en el Atlántico frente a la costa de Senegal y que se independizó de Portugal en 1975) volviera a anotar. Esta vez para emocionarse hasta las lágrimas junto a su hijo.