En estos últimos días, los niños que uno oye y mira por ahí solo rozan la política cuando tararean el pegadizo jingle del “vamos pepe, vamos con la gente…”, o cuando se ponen caretas de cartón de José Mujica que le compran sus padres. Difícilmente le pregunten a su madre, serios y tristes, si se dispone a votar a Mujica como presidente de la República. La preocupación del niño del último spot del Partido Nacional es minoría entre las preocupaciones de los niños uruguayos, pero es una clara imagen de las chances que tiene Luis Alberto Lacalle de ganar el balotaje del domingo 29.
“Es una en cien”, dijo a El Observador uno de los principales integrantes del comando de campaña nacionalista. “La posibilidad tiende a cero”, había dicho el politólogo Adolfo Garcé. El spot de campaña propone, bajo la consigna “Yo no lo voto”, conmover a quienes, según los blancos, permanecen impávidos ante el ascenso de un político imprevisible. “Esta línea de campaña es muy jugada. Estamos diciendo que si votan a Mujica se podrán arrepentir”, reconoció el director general de la empresa Avisa, Roberto Lafluf, en un instructivo enviado a los principales dirigentes nacionalistas (ver más información en El Observador).
Es un último intento por marcar a fuego una advertencia –Mujica es demasiado “imprevisible”- que por diferentes medios los blancos quisieron imponer sin demasiado éxito desde que se supo que el ex guerrillero sería el candidato de la izquierda. En el spot hay otras señales de que los blancos saben que corren muy de atrás. “Todavía no es tarde”, dice la propaganda a pocas horas de que comience la veda electoral.
En el Río de la Plata el “vamos, todavía!” es un estímulo de corte arrabalero que se utiliza para alentar una esperanza en quienes se sienten casi perdidos. “Vamos, todavía!”, fue una de las frases elegidas por los publicistas de Lacalle en los últimos días de las internas del 2004, cuando perdió abrumadoramente con Jorge Larrañaga. Pese a todo, los blancos se aferran a ese “vamos, todavía” frente al “vamos Pepe” que, hasta que se abran las urnas, aparece como el aliento más efectivo.