Alberto Colman es conocido en la ciudad de Mercedes como “Tronquito”. Vende panchos y chorizos en un carro en la plaza y no hay acto político al que falte, en busca de la venta salvadora. Ahora colocó su vehículo a pocos metros del escenario en el que Tabaré Vázquez y Raúl Sendic darían su discurso de cierre de campaña en Soriano. ¿La intención? Antes que nada, vender panchos y chorizos. Luego, apoyar al Frente, partido al que confiesa votar desde 2004.
Tronquito está a punto de cumplir 60 años y desde hace casi 40 que trabaja como panchero. Su historia política es similar a la de tantos actuales votantes del FA en los departamentos del interior. De joven en 1971, proveniente de una familia de origen blanco, votó a Wilson Ferreira. La llegada de la dictadura, como a todo el Uruguay, lo alejó de las urnas.
Unos años después fue obrero de la construcción en la represa de Palmar, obra que se desarrolló entre 1977 y 1981, y que recibió mucha mano de obra mercedaria. La empresa Álvaro Palenga construyó varios puentes sobre el lago artificial que se formó con la represa y Tronquito estuvo entre esos obreros. No tiene empacho en reconocer que fue una buena obra de la dictadura, porque dio trabajo cuando era difícil conseguirlo por otros medios.
Luego su vida pasó de depender del carro, de los panes de viena abiertos, los embutidos en ese surco y las líneas de mayonesa y mostaza como subrayados de su profesión. Una gorra de visera transpirada y una remera grisácea pintan de cuerpo entero a Tronquito.
Entre venta y venta de panchos ($30) y chorizos ($60) aprovecha para fumar un cigarrillo. Saca cuentas mentales: para que sea una buena noche deberá vender unos 70 panchos, o sea unos $ 2.100, en un tiempo aproximado entre que terminó la caravana y concluyó el acto de dos horas. Para Tronquito, a $1.050 la hora es una noche de gloria asegurada.
La actual campaña y sus actos callejeros lo benefician. Votará al Frente en octubre y también noviembre porque cree que hay balotaje. Cuando le pregunto si no cree en las palabras de Vázquez de que gana en primera vuelta, el panchero mira para abajo y niega sonriendo.
Admite que Mercedes tiene sus problemas, y que en los últimos años se han recrudecido. Destaca principalmente “las drogas”, que han penetrado en la juventud. “Lo veo todos los días en la calle”, cuenta. Cuando se le pregunta por qué el FA gana las nacionales en Soriano pero pierde las departamentales a manos del PN exclama que su partido “¡no tiene buenos candidatos acá!”.
Él, en realidad a quien admira es al presidente José Mujica, al que define como “el uno”, básicamente “porque habla derecho”. Dice que Tabaré “es distinto”. Más allá de las diferencias o Tronquito argumenta que vota al Frente “para cambiar”. Cuando se le recuerda que el FA gobierna desde hace diez años se queda callado. Sonríe e interrumpe el diálogo porque tiene otro cliente. Mientras conversó con El Observador, vendió tres panchos y dos chorizos, tarareando el jingle del FA.
Porque, como en muchos otros casos, en una campaña electoral la política y los negocios se mezclan. A pesar de su corazón frentista, Tronquito no escatima ventas a blancos, colorados, indecisos o simples curiosos. “Yo voy a todos los actos políticos”, reconoce el comerciante informal, “pero nunca les digo a quien voto”. Hace una guiñada y una seña que apunta al agua hirviendo donde los panchos nadan como anguilas anaranjadas.