Esta semana Guido Manini Ríos pegó un volantazo inesperado en la penillanura poco ondulada de la política uruguaya de dos bandos: se reunió con el Secretariado del Pit-Cnt, pocos días antes del primer día del Trabajador sin pandemia, antes que el propio gobierno, en medio de una situación económica mundial que aprieta el cinturón también en Uruguay, y luego de que el gobierno decidiera ajustar salarios públicos y pasividades, en un contexto de inflación que afecta seriamente el poder adquisitivo del trabajador.
La reunión solicitada por Manini Ríos al Pit-Cnt y las coincidencias que tiene su partido con algunos planteos de la central sindical (reconocidas por ambas partes), demuestran una vez más que el general retirado está en plena campaña de intentar despegarse de la figura predominante del presidente de la República, en particular a la hora de darse por satisfecho con las medidas tomadas por el gobierno para intentar frenar el aumento de precios.
El líder de Cabildo Abierto entró inmutable a la sede de la central sindical, a través de una puerta con una pancarta que decía: “Cárcel común a los torturadores y asesinos, no a la prisión domiciliaria. Por Gerardo Cuesta, por León Duarte, por las compañeras y compañeros víctimas del Terrorismo de Estado. Memoria, Verdad y Justicia”.
Claro que todo en su justa medida, en la justa medida de Cabildo Abierto, un partido nuevo con una ideología todavía nebulosa que cuesta definir (¿nacionalista-conservadora?) y un discurso en el que se habla mucho de pobreza, de pequeñas empresas y pequeños productores. Una cosa es que Manini Ríos se apure a reunirse con el Pit-Cnt antes que el gobierno; una cosa es que Cabildo Abierto esté de acuerdo con la necesidad de recuperar el poder adquisitivo y hasta fantaseé con aumentar el salario mínimo nacional. Y otra cosa es que al final quede alineado con el Frente Amplio. Ojito, aunque no les falten coincidencias.
La reunión con el Pit-Cnt se hizo en la misma semana en que la oposición intentó marcar agenda con la presentación de medidas ante el Poder Ejecutivo. Lo intentó, pero al final la discusión se corrió para un costado esperable. Fernando Pereira, presidente del FA, dijo que prefería no hablar de cuánto costarían las propuestas de su partido para atender la situación social. Con tales declaraciones y las críticas que levantó, el foco se trasladó de cuáles son las medidas a que no se sabe cuánto costaría aplicarlas.
La izquierda pidió, entre otras muchas cosas, un aumento a aplicarse el 1º de mayo sobre los salarios públicos para la recuperación salarial, otro adicional del Salario Mínimo Nacional y la convocatoria a todos los grupos del sector privado que no tengan correctivo en julio de 2022.
También incluyó a los jubilados en la solicitud de aumento. A eso le sumó la eliminación transitoria del IVA al gasoil para las micro, pequeñas y medianas empresas, el mantenimiento fijo del precio de los combustibles hasta fin de año y la reducción transitoria de la tarifa eléctrica para los sectores más empobrecidos.
Pereira aclaró que el FA tenía una evaluación del costo e impacto de estas medidas, pero insistió en que no quería discutir cuánto costaría aplicarlas, “porque después me tienen todo el día discutiendo cuánto cuestan las medidas y no si son oportunas o no”, según dijo a la salida de Torre Ejecutiva, donde dejó el documento.
Aún sin mencionar los costos, o por que no se mencionaron, la discusión se fue para otro lado. No es novedad que el FA está disconforme con lo que hace y dice el gobierno, incluso cuando el presidente decidió ajustar en un 2% a los salarios públicos y 3% a las pasividades, medidas que “les cuestan a todos los uruguayos” alrededor de US$ 125 millones, dijo Lacalle Pou.
Pereira, en cambio, eligió hablar de otros costos: “La medida más cara de todas es tener 66 mil pobres nuevos. La medida más cara es que la gente no llegue a fin de mes. La medida más cara es que tengamos la injusticia social que estamos teniendo hoy”, dijo. El INE calculó a principios de abril que los uruguayos por debajo de la línea de pobreza son menos que en 2020 (35.000 menos), pero que -pandemia mediante- hay 65.000 pobres más que en 2019.
El Pit- Cnt, como la oposición, están por su parte de acuerdo en que las medidas decididas por el presidente son insuficientes. A fin de cuentas, lo que pide el Pit-Cnt no es tan diferente a lo que pide el Frente Amplio.
Por eso llama la atención la reacción radicalmente diferente de Manini Ríos ante uno u otro. Manini aceptó que “por filosofía” coincide con el planteo del Pit-Cnt de aumentar el salario mínimo nacional, pero hay que analizarlo en detalle. “Hay planteos con los cuales coincidimos”, dijo y agregó que no se puede permitir “que haya un deterioro del poder adquisitivo”.
En cambio, si se trata del Frente Amplio, el senador considera que algunas de las medidas pedidas son directamente demagógicas. En eso coincide con Lacalle Pou, aunque el presidente fue más cauto con las palabras: “Calculo yo que tienen financiamiento esas medidas, calculo yo, quiero suponer. Porque medidas podemos proponer todos, bajar el IVA a nada y bajar el combustible a nada, hay que ser responsables”.
En el entrevero de quién apoya qué y quién apoya a quién, tanto Manini Ríos como los colorados consideraron que debían aclarar que algunas de las medidas que forman parte del documento del FA son iguales a las que ellos plantearon. En el caso de Cabildo Abierto, dijo su líder, “son exactamente iguales” a las que planteó en la minuta que la Comisión de Hacienda del Senado aprobó por unanimidad para tratar en sesión.
A pesar del precipicio ideológico que separa a Cabildo Abierto del Pit-Cnt, Manini
Ríos logró colarse en la sede sindical con el argumento de que hay que buscar soluciones en conjunto, “construir un país con menos crispación, con menos rispidez, con menos enfrentamiento. Incluso habló de un posible “Consejo de Economía Nacional”, estipulado en la Constitución.
Abdala intentó marcar las diferencias, pero al final terminó afirmando que la reunión fue un indicador de que “hay cosas que tienen que cambiar”. Así pasó su mensaje: “Hay que cambiar el chip. Esa ortodoxia de un Estado ausente, que no invierte, tiene que revertirse para que haya una mayor presencia para la gente que no está llegando a fin de mes y la está pasando mal”.
La pregunta que nadie contestó es qué opina Manini Ríos del “Estado ausente que no invierte”, o más bien del gobierno que integra. Es poco probable que el senador se defina públicamente al respecto.
Manini no tiene ninguna intención de abandonar la coalición de gobierno que integra, al menos no por ahora. En caso de hacerlo debería rezar por un milagro para las próximas elecciones, porque a menos que sucedan grandes cambios, nada indica que un solo partido pueda vencer al Frente Amplio. En su calidad de socio “mayoritario” luego del partido ganador, sin embargo, necesita urgentemente diferenciarse del cariz liberal que el presidente Luis Lacalle Pou le imprime a esta administración.
Mientras tanto, Lacalla Pou deberá seguir administrando la paciencia, en el entendido de que reunión va y reunión viene, coincidencia viene y coincidencia va, Cabildo Abierto necesita del Partido Nacional y de la coalición, y viceversa.