25 de marzo de 2013 9:28 hs

En estos últimos años, los estímulos monetarios y fiscales en todo el mundo han llevado a suponer que se avecina una inflación grave o quizá una hiperinflación. Personalmente, creo que es más probable una deflación crónica.

La expectativa de que los precios suban es razonable. La mayoría de la gente solo ha vivido la inflación. El último episodio significativo de deflación tuvo lugar en los años 1930. También fue la última vez que Estados Unidos estuvo verdaderamente en paz. La deflación es un fenómeno de tiempos de paz.

Sin embargo, los brotes de inflación estadounidenses han tenido lugar históricamente durante las guerras. Esto se aplica no solo a las guerras abiertas, sino a la guerra fría y la guerra contra la pobreza. Se trata de períodos en los que un enorme exceso de gasto por parte del Estado se combina con una economía privada fuerte. No son esas las condiciones que tenemos ahora que el estímulo público no puede compensar la debilidad del sector privado.

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En los 95 años de guerra desde 1749, los aumentos de los precios mayoristas promediaron 5,7%. En los 168 años de paz, cayeron en promedio 1,2% anual. Dado que EEUU se retira de Irak y Afganistán y disminuye el gasto en defensa, es probable que prevalezcan condiciones de tiempos de paz.

Por otra parte, tendemos a tener prejuicios que nublan nuestra percepción de la inflación. Cuando pagamos precios más altos, pensamos que hay inflación, pero creemos que los precios más bajos son el resultado de nuestras habilidades para comprar y negociar.

Precios al consumidor

Si bien en la década anterior se evitó la deflación, desde comienzos de los años 1980 prevalece la desinflación –tasas de inflación en baja–. De hecho, el índice de precios al consumidor cayó en noviembre y diciembre y se mantuvo sin modificaciones en enero. Para febrero, el costo de vida en EEUU fue 0,7% más alto, el primer aumento en cuatro meses y el mayor desde junio de 2009. No obstante, las expectativas relativas a la inflación para los próximos 10 años apuntan a una caída continua.

Reducción del nivel de endeudamiento: en una economía normal, la deflación crónica ya estaría bien arraigada. Nuestra economía global está dominada, empero, por una reducción del nivel de endeudamiento en el sector privado y en las entidades financieras y es altamente deflacionaria. Estas acciones ahogan los efectos de los programas de estímulo desde 2007.

La liquidez creada por los bancos centrales es pequeña comparada con la destrucción provocada reduciendo el nivel de endeudamiento de los sectores financieros. Los gobiernos aumentan los requisitos de capital pese a que los bancos se deshacen de activos para elevar los ratios de capital.

Mayores ahorros: la tasa de ahorro de los hogares estadounidenses cayó desde 12% a comienzos de los años 1980 hasta 1% en 2005. Esta caída de aproximadamente medio punto porcentual por año hizo que el gasto en consumo creciera en promedio alrededor de medio punto porcentual más que el PIB, sumando más o menos el mismo crecimiento a la actividad económica al incluir los efectos multiplicadores. Las importaciones estadounidenses impulsaron el crecimiento en las economías asiáticas y otras orientadas a la exportación.

Ahora los estadounidenses están viéndose obligados a ahorrar más. Primero, como consecuencia de la volatilidad de las acciones desde 2000, y especialmente desde 2008 porque ya no confían en sus carteras de títulos como sustituto de los ahorros para financiar la educación universitaria de sus hijos y su propio retiro temprano. La inseguridad en el empleo alienta el ahorro para contingencias.

Otras fuerzas deflacionarias: las tasas de fertilidad están por debajo del nivel de reemplazo de 2,1 en la mayoría de los países industrializados, y las poblaciones del mundo están envejeciendo. Por lo tanto, el ratio personas en actividad/población total se reducirá, retardando el crecimiento económico. La deflación también es consecuencia de la enorme brecha entre el PIB anual real estadounidense y su tendencia de crecimiento potencial a largo plazo. La oferta en exceso es causa básica de la deflación. El ingreso medio real en baja de los hogares, aun en esta recuperación, está deprimiendo el poder adquisitivo. Lo mismo vale para la polarización del ingreso, pues quienes más ganan tienen menos probabilidades de gastar su dinero que quienes tienen ingresos más bajos.

Devaluaciones competitivas

Las devaluaciones competitivas constituyen actualmente una seria amenaza para el crecimiento y la cooperación globales, tal como lo demuestran las medidas del nuevo gobierno del primer ministro Shinzo Abe en Japón.

Muchos países están llevando adelante estas devaluaciones para impulsar las exportaciones mediante una divisa más barata y frenar las importaciones.

Cuando todos los países devalúan competitivamente, todos pierden porque se interrumpe el comercio exterior y se deprime el crecimiento económico.

Deflación de productos básicos: En líneas generales, los precios de los productos básicos vienen bajando desde comienzos de 2011. Seguirán cayendo, especialmente si un shock, como la crisis de Medio Oriente, hace subir los precios del petróleo. Los precios de los productos industriales deberían deprimirse más debido a los stocks en alza.

Deflación de salarios e ingresos: la caída constante del poder adquisitivo producida al contraer los salarios y los ingresos reales también ejerce una presión a la baja sobre los precios. La remuneración nominal también está disminuyendo. La globalización, que mueve la producción hacia lugares de costos más bajos, también incide.

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