Ellos se encontraron cinco veces. Tres veces se desnudaron y dos no. Propiciaron cuatro conversaciones. Ella demoró en llamarlo. Pero él no pudo evitar discar - la palabra es vieja y el error también -. Repitió el desatino en otras seis ocasiones. Ella se aburrió y, en la última conversación le comunicó que se iría a vivir sola para, entre otras cosas, librarse de los espantos que decoraban la casa de sus padres. Y que cualquier cosa le avisaba.
Una historia de amor que me contaron
El intentó recuperarla con un email, pobre cuchara de guerra,mientras olfateaba un frasco de Agua Brava, regalo de un amigo negado para las fragancias,