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Una inteligente decisión

Colombia tomó una determinación que impulsará a más países de la Unasur

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15 de agosto de 2018 a las 05:00

Si algo representa la "decisión política irreversible" del flamante gobierno de Colombia, que preside Iván Duque, de retirarse de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) para revitalizar su participación en los escenarios multilaterales como la OEA, es que se trata de una herida de muerte contra el organismo regional integrado por 12 países. No significa que el moribundo espacio sudamericano desaparezca ipso facto por este hecho, pero le asesta un golpe muy fuerte y es fácil imaginar que otros países –tan críticos como el Poder Ejecutivo colombiano– no harán nada para salvar a una institución que se desangra.

El gobierno colombiano, por intermedio de su canciller Carlos Holmes Trujillo, formalizó así lo que el propio Duque había anunciado en la reciente campaña electoral de alejar al país de Unasur –constituido hace siete años– en el entendido de que se había "convertido en cómplice de la dictadura venezolana", en alusión al gobierno del chavista radical, Nicolás Maduro, al frente de un país sumergido en una inédita crisis económica y política, en donde no se respeta la separación de los poderes ni el estado de Derecho.

"Creemos en la necesidad de relanzar la Organización de Estados Americanos (OEA) para fortalecerla en desarrollo del principio de defensa y fortalecimiento del sistema interamericano", dijo Trujillo. Brasil, Argentina, Colombia, Chile, Paraguay y Perú decidieron en abril pasado suspender su participación en la Unasur, hasta que se nombre a un nuevo secretario general, en reemplazo del colombiano Ernesto Samper, quien cesó en el cargo en enero de 2017, lo que, junto al pedido de Ecuador de desafectar el edificio del organismo en Quito, dejaron a la institución en una virtual inacción.

El propio presidente de Bolivia, Evo Morales, acérrimo defensor de este espacio regional pergeñado por el venezolano Hugo Chávez, reconoció el mes pasado que la Unasur "está en una crisis", en referencia a la decisión de seis importantes miembros –las mayores economías de la región– de congelar su actividad en la institución.

La creación de la Unasur en 2011 fue más el reflejo de un ambiente regional dominado por viejas ideas de izquierda –de la mano de Chávez y del expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva– como la de plantar cara al "imperialismo" estadounidense por ser considerado el faro del capitalismo mundial. La Unasur nace con la retórica de mostrar una América del Sur unida e independiente de Estados Unidos. "Este continente despreciado por tanto tiempo será el continente donde prevalecerá la paz... Separados somos más frágiles y juntos constituimos una potencia. Hoy nuestro principal reto radica en construir un proyecto integrador que aproveche nuestra riqueza histórica material y cultural", había argumentado Lula durante una conferencia en 2014.

Pero los partidos de izquierda en la región están en retirada y la llegada de gobiernos más pragmáticos empiezan a darle la espalda a un organismo que nunca estuvo a la altura de las circunstancias. La Unasur es más bien un espacio para el regodeo intelectual de ciertos sectores y ha sido incapaz de encontrar soluciones a los grandes problemas que aquejan a nuestros países. Colombia adoptó una inteligente y valiente decisión que seguramente representará un estímulo para que otros países de la Unasur tomen el mismo camino. Y Uruguay entre ellos.



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