Uno pela papas y otro lava zanahorias. A otro le toca estar atento al agua que está hirviendo sobre la cocina. Y otro ya va sirviendo el postre en las bandejas. A las 12 se sirve el almuerzo. Ese día tocaba ensalada fría y lentejas. Se sirvió puntualmente porque ya había hambre en el cuadro. Esta rutina no difiere a la de cualquier comedor pero en esa cocina de jóvenes uniformados de rojo y negro se cuecen muchas habas. Quienes trabajan en Gastrocoop son discapacitados motrices e intelectuales que ya no recuerdan lo que pensaban al inicio: que trabajar por su cuenta iba a ser una utopía.
Una receta para la superación
Discapacitados administran una cooperativa gastronómica que atiende tres cantinas