A dos meses del acto en el que irrumpió el movimiento Un solo Uruguay, puede decirse que vivimos en un país distinto al de 2017. Desde entonces una catarata de noticias ha ratificado que había en todo el Estado, y desde hacía mucho, situaciones asimilables a la sensaciuón de despilfarro que agitó los ánimos. Ciertamente había cosas que no estaban bien.
Mostró un segundo aspecto más novedoso. Que decir lo que se percibe funcionando mal, con firmeza, corrección y propuestas podría funcionar. Y funcionó porque desde el gobierno se planteó la innovación de las mesas de trabajo. No solo de innovaciones tecnológicas está hecho el progreso. De reconocer a tiempo los problemas y buscarles la más razonable solución se construye la evolución social.
La innovación de protestar proponiendo, de un lado, y la del concepto de mesa de trabajo, del otro, puede resultar en un antes y un después en la cultura uruguaya. Esa es la sensación que me quedó al escuchar a los productores que concurrieron. Se ha empezado a trabajar en la búsqueda de las soluciones más racionales a los problemas. Tal vez llegue un Mercosur de la energía que vuelva absurdo el contrabando. Tal vez bajar costos no le cuesta al Estado más que ingenio y decisión. Tal vez haya que hacer una pausa en las mezclas de etanol y biodiésel. Pero sobre todo tal vez aprendemos una mejor manera de trabajar en equipo. No es algo meramente teórico. Vaya si en estos dos meses nos hemos enterado de situaciones inadmisibles que se van corrigiendo.
Esta semana puede considerarse trascendental, al menos por tres razones. Al mismo tiempo que Un solo Uruguay se reúne fructíferamente con el
gobierno, Japón abre su mercado a la carne vacuna. Clasificamos al mundial de Japón. Competimos con Australia, que nos lleva en
agro una ventaja como la que nosotros tenemos respecto a ellos en fútbol. ¿Podemos festejar con idéntico alborozo la clasificación de la carne a Japón como el de la clasificación a Rusia? ¿Verdad que cuando estamos en una tribuna viendo a la celeste, no nos importa que vota el de al lado?
No es un logro para nada menor. Somos el único país del planeta que puede entrar a ese país vacunando contra aftosa. Logramos entrar al país más exigente del mundo en sanidad y sabor.
Y por si eso fuera poco, Don Trump la emprende a las trompadas con los chinos y se pone a edificar barreras y sanciones comerciales. Los
agricultores del Norte desconsolados. Y nosotros aquí con protocolo de exportación de soja, carne con trazabilidad, corderos, lácteos y todo para irrumpir como proveedores pequeños pero confiables y amigables.
Y por si alguien todavía en el mundo no sabe lo que es Uruguay, va Cavani, pega un salto de canguro acróbata y hace un gol para que al que lo vea no se lo olvide nunca más.
Uruguay contabiliza 15 años de crecimiento y debe observar con atención dos años de caída de la inversión. El factor común de la mesa de trabajo, del gobierno, de Un solo Uruguay, es la construcción de la sustentabilidad del crecimiento. Reconstruir un ambiente en el que invertir sea entusiasmante y le de retorno a aquel que pone esfuerzo y asume riesgos en la tarea. Y que el crecimiento actual tan vinculado al consumo, acentúe su componente agropecuario, industrial y exportador.
En el crecimiento del año pasado hay un componente interesante de las exportaciones, pero obedece en buena medida al azar de la lluvia y el consecuente crecimiento de las exportaciones de soja. El péndulo del azar que movió hacia arriba en 2017 moverá hacia abajo en el segundo semestre de este año.
Crecen las telecomunicaciones y el consumo. Caen el agro y la industria. Todavía hay tiempo para reconstruir condiciones tales que permitan a sectores tan importantes sumarse el crecimiento general. Un dólar que acompañe al menos a la inflación, una revisación de los precios de la energía e imprescindiblemente la vocación por abrir mercados, un área en la que también esta semana llegaron noticias importantes.
Al menos por esta semana, la esperanza de un Uruguay abierto, donde el disenso en el matiz no impide el acuerdo de fondo, está revitalizada. Quién sabe si abril no traerá novedades de un acuerdo con Chile, quién sabe si no acordaremos con la Unión Europea y Canadá y más adelante no salgamos a exportar con más fuerza a África e India, que tienen en el mediano plazo un potencial tan grande.
¿Podemos imaginar que el dólar empieza al menos a acompañar a la inflación? ¿Podemos imaginar que hacemos libre comercio con Chile y llegamos al Pacífico? ¿Podemos retomar un discurso colectivo pro inversión? ¿Pro emprendedores?
El fútbol en Rusia, nuestra cocina en Japón, rumbo a China todo lo que se nos ocurra, desde lana fina a corderos y software, música y otros productos a todas partes. Tenemos la pelota picando y el arco está libre. Si perdiésemos esta oportunidad por no saber organizarnos o por priorizar en un gasto excesivo al corto plazo, nuestros hijos nos lo reprocharán con razón.