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Uruguayos en un crucero durante la pandemia del coronavirus: entre la “joda corrida” y la “incertidumbre” para encontrar puerto

Los cónsules de Uruguay y Argentina negociaron para que el puerto de Marsella reciba a los pasajeros y que puedan volver a sus países 

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16 de marzo de 2020 a las 19:28

Nicky Zilli no ve a su hijo hace más de tres años y decidió ir a España en un crucero para encontrarse con él. A principios de marzo salió desde Buenos Aires en ese viaje que tenía tres paradas antes de comenzar a cruzar el Océano Atlántico: Río de Janeiro, Bahía y Maceió. Ir de América a Europa demanda cinco días y cuando esta uruguaya de 66 años comenzó a hacer el trayecto empezaron a llegar las noticias de que las fronteras se cerraban por la pandemia del coronavirus.

“Cuando subimos no teníamos ningún problema. No había alarma, estaban todas las fronteras abiertas”, relató Zilli a El Observador desde la costa de Tenerife, adonde el barco llegó este lunes de mañana. En la tarde de ese día estaban por ingresar al Peñón de Gibraltar, sobre el mar Mediterráneo.

El crucero es el Costa Pacífica de Costa Cruceros, que tiene una capacidad para 3.780 huéspedes y 1.110 tripulantes, según los datos de la página de la compañía.

Durante los cuatro días que el barco demoró en cruzar el Océano Atlántico, se terminaron de cerrar todas las fronteras de los países a los que pensaban llegar. El plan era parar en Tenerife, Lanzarote, Málaga, Barcelona y Génova. Pero no fue posible. “¿Y ahora qué? ¿Adónde vamos?”, se comenzaron a preguntar en el crucero.

Hubo personas que se exaltaron por la incertidumbre de no saber adónde llegar. “Hubo gente tonta, que le habló mal a la tripulación que explicaba que se estaban haciendo los esfuerzos para buscar un puerto. Un uruguaya gritó, se peleó con otro señor”, contó Zilli a lo que define como un “chisporroteo de mala educación”.

Hace cinco días que están en el crucero sin bajarse por el cierre de frontera de los países europeos y la situación continuará así hasta el próximo jueves, cuando llegarán a Marsella, Francia, el puerto que los recibirá. Los consulados uruguayos y argentinos fueron los encargados de negociar para encontrar un lugar de destino final.

Uruguayos y argentinos, entonces, llegarán a la ciudad francesa para volver a sus países. “Nos bajan del barco, hacen un corredor sanitario, nos ponen en un ómnibus y ahí vamos a los tres aviones dispuestos para que nos lleven a Montevideo y Buenos Aires”, informó Zilli sobre el plan que dispuso la empresa. 

Los uruguayos en el crucero son 50, pero quienes vuelven al país en esos vuelos desde Marsella son 26 –de entre 35 y 84 años–. Zilli cree que la empresa se hará cargos de los costos de los traslados. “La compañía se está portando excelente”, destacó.

También destacó la atención de los médicos en el lugar. En la noche del domingo tenía tos y fiebre, la atendieron “perfecto” y le dieron medicación “sin costo”. “Somos personas de riesgo, con complicaciones, que en este momento está sana”, reflexionó.

De todas formas, confesó que hubo situaciones de tensión, como algunos pasajeros “ansiosos” que hablaban de “hacer demandas” o que amenazaban con no bajarse del barco. “Hubo gente que se desubicó”, criticó Zilli aunque le quitó trascendencia porque son un número mínimo en comparación a las personas que viajan.

“La seguridad se duplicó y eso comenzamos a ver. Si hay tres o cuatro pasajeros charlando juntos enseguida se te ponen al lado alguien de la tripulación para escuchar la charla. Hubo gente que decía que no salía del barco, se querían amotinar”, relató.

En estos días que estuvo en el medio del océano estuvo de “joda corrida”. “Esto es como un pueblo, es más grande que San Gregorio de Polanco”, comparó guiándose por el número de habitantes de esa lugar de su departamento, Tacuarembó.

“Lo que tu quieras hay”, dijo sobre las actividades del crucero. Bailes hasta las tres de la mañana, bingo, piscina, teatro, juegos. Aunque ahora comenzaron algunas prevenciones: como que la comida la sirvan quienes trabajan en la cocina y no los huéspedes.

Zilli no podrá ver a su hijo esta vez, pese al “enorme sacrificio” que hizo para poder pagar el crucero. Pero antes esta situación negativa, tiene una actitud positiva. “Acá estamos bien”, concluyó.

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