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Valverde, del llanto de Rusia 2018 a la consolidación para Brasil 2019

A último momento se quedó sin el Mundial, pero supo esperar, creció, maduró y ahora tendrá revancha en la Copa América

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09 de junio de 2019 a las 20:47

Es la mañana del 2 de junio de 2018. Faltan horas para que la selección uruguaya emprenda su viaje al Mundial de Rusia. Óscar Washington Tabárez se reúne con el plantel en el Complejo de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) para hablar de los desafectados para la Copa del Mundo. Tres jugadores quedarán afuera. Tras la charla y la lectura de los 23 mundialistas, el nombre de Federico Valverde, quien se venía reponiendo contrarreloj de un esguince de tobillo, no se escucha. El vacío fue enorme en el cuerpo de aquel botija de 19 años que fue arropado por todos sus compañeros, y que Celso Otero llevó aparte para hablar.

Ese instante ofrecía el peor escenario que podía imaginar, pero el futuro con la celeste le planteaba desafíos que muy pocos serían capaz de imaginar a esa edad y con el talento que le había llevado a ser adquirido por Real Madrid. Por delante había tres o cuatro Mundiales más, incluido el de 2030, que Uruguay pretende organizar.

Aquella mañana se fue del complejo con su representante y amigo Edgardo Lasalvia. Al llegar al puente de las Américas, paró su camioneta y los dos lloraron durante cinco. Fueron 10 minutos interminables. Necesitaban desahogarse. La posibilidad latente del Mundial se había frustrado.

Después de las lágrimas, llegó a su flamante apartamento en Pocitos y mostró uno de sus tantos puntos fuertes: su humildad. Entonces posteó una foto de todo el plantel que había clasificado en las Eliminatorias y escribió: “Muchísimas gracias por todo el apoyo que me brindaron, por tomarse un tiempo en aconsejarme. Siento mucha tristeza claro, pero también estoy muy orgulloso por los compañeros que van a defender la celeste. Todo un país los está apoyando. ¡Mucha fuerza! Arriba Uruguay”.

Atrás había quedado aquel debut soñado con la celeste en Asunción, en setiembre de 2017. Debut con gol que hizo historia porque Uruguay nunca había ganado allí y eran tres puntos fundamentales en las Eliminatorias. La selección ganó 2-1.

“Pensaba estar. Obvio que dolió, pero esa desafectación lo ayudó mucho a intentar entender un poco más los gustos de los técnicos, los procesos, los tiempos”, contó Lasalvia a Referí.

Se trata del mismo Federico que todas las tardes después de la escuela en su casa de la Unión, jugaba al fútbol y le pegaba de derecha y de zurda contra la pared. La misma pared en la que vivía su vecino Alfredo, a quien no dejaba dormir la siesta. También jugaba adentro de la casa y de tanto hacerlo, dejó hundida parte de la pared.

Tanto fue así que su hermano Diego, el mayor de los Valverde, se mudó solo a esa casa con el paso de los años y pese a que realizó reformas, dejó intacta esa pared. “Esto es algo histórico. Hay que guardarlo como recuerdo”, le comentó a sus padres.

Después de aquel 2 de junio, Federico fue un hincha más en Rusia 2018. Alentó, gritó, sufrió -en Montevideo- con sus excompañeros, esos con los que se volvió a reencontrar tiempo después para el amistoso con México de la fecha FIFA de agosto de ese año.

Terminadas las vacaciones, volvió a España. Había culminado el préstamo a Deportivo La Coruña, por lo que se afincó otra vez en la capital para entrenar en Real Madrid. Debió esperar algunos meses hasta que el 23 de octubre, Julen Lopetegui lo hizo debutar oficialmente con los merengues ante Viktoria Plzen por la Liga de Campeones. Un caso atípico, ya que jugó antes por un torneo internacional, que por uno de cabotaje.

La llegada de Santiago Solari al banco del club le dio más aire aún. El Indiecito ya lo había dirigido en Real Madrid Castilla y lo conocía en detalles que le permitían confiarle más minutos al uruguayo.

Así se convirtió en un profesional de elite, de primer nivel. Cambió la forma de vestirse, los lugares que frecuenta y hasta las comidas, aunque siempre se cuidó. Todo eso repercute en el físico, en la cabeza, en su rendimiento deportivo, en tranquilidad. Su complexión física ya es otra desde que se fue, y eso se refleja en su forma.

Cambió mucho de aquel niño al que había que sacarle las palabras con tirabuzón. Aquel al que Tito Goncálves le dijo a su hijo Néstor: “Che, ¡cómo juega ese flaquito!”. “Cuide que no pierda la humildad”, le pidió Tito a la mamá de Federico, pese a que aún era un niño.

Doris, su madre le pidió a un allegado al club de baby fútbol Estudiantes de la Unión, si no podía llevarlo a jugar. El entrenador vio que el pequeño aún tenía pañales y solo tres años, entonces le dijo que no, pero ella insistió. “Aunque sea, para correr un poco”. Jugó un amistoso contra Danubio, hizo un gol y para gritarlo, se sacó el pañal para siempre.En ese momento corría marzo del año 2001.

El año que terminó en Real Madrid, “fue brillante en todo sentido para él porque logró estabilidad emocional. No fue fácil el cambio tan brusco. Las camisetas del club con su nombre se venden a buen ritmo para ser un chaval, como dicen allá”, explica Lasalvia.

Desde su entorno explicaron a Referí que debe tener el récord en edad, porque con solo 13 años fue a entrenar por primera vez al Complejo de la AUF con la sub 15. Su mamá guarda hasta hoy piedritas que le llevó Federico aquel día del Complejo y hasta los boletos de ómnibus que pagó para ir y volver en Copsa.

A lo largo de su carrera, ha tenido futbolistas muy importantes quienes lo han aconsejado. Diego Forlán fue el primero cuando fue compañero suyo en Peñarol, en 2015-2016. Era su ídolo y se le cumplieron un par de sueños: el primero, jugar junto a él. El segundo, que este le dijera en un tiro libre: “Dale, patéalo vos”. ¡Tenía 17 años!

Por estos días, nada menos que Sergio Ramos es quien lo aconseja. Le habla mucho, le pide que más allá de lo que hace, se suelte un poco más arriba, porque tiene una buena pegada.

Tony Kroos fue su ídolo internacional desde siempre. Cuando jugaba al Play Station siempre lo editaba y le subía la energía para que fuera el mejor. En su primer pasaje por Real Madrid, antes de irse a La Coruña, el alemán lo saludó y para Federico fue la apoteosis. Ahora es compañero de equipo y le ha tocado ingresar por él a la cancha. Sigue sumando sueños cumplidos.

Federico maduró y tiene confianza. Zinedine Zidane es el actual entrenador de Real Madrid. Lo conoce de memoria. Es el mismo desfachatado que en su primer pasaje por el club, osó meterle un caño en un entrenamiento. Al francés le gustan los futbolistas sudamericanos, por el gran recuerdo que tiene de Enzo Francescoli, Paolo Montero y Fabián O'Neill, y el volante uruguayo se quedó pateando tiros libres con él varias veces después de las prácticas.

El pasado viernes, Real Madrid compró la ficha de Eden Hazard en más de 100 millones de euros. No juega en la misma posición que Valverde y hasta lo puede potenciar. Zidane quiere que siga. Tanto es así que el presidente merengue, Florentino Pérez, tuvo una reunión con su par de Napoli, que quería comprar la ficha del uruguayo. Le dijeron que no. También hubo sondeos de Milan y Juventus, pero por ahora, el Pajarito sigue en Madrid.

Su novia, Mina Bonino, es una periodista argentina que tiene 25 años, cinco más que él y que conoció a través de las redes sociales. El viernes invitó a sus padres quienes llegaron desde Buenos Aires solo para verlo a Fede. Y este les retribuyó con un golazo.

“Sabe Dios todo el esfuerzo que hiciste y lo que viviste para ser hoy la enorme persona que sos. Humilde por sobre todas las cosas, de buena madera y con un corazón enorme. A la gente buena le pasan cosas buenas. Te admiro, te quiero. Sos mi orgullo”, escribió Mina en su cuenta de Instagram.

Esa humildad, entre otros detalles, lo llevó a preguntarle dos veces a Román Torres, el capitán panameño, si se sentía bien del tremendo pelotazo que le dio en la cabeza.

En una temporada 2018-2019 que fue de realizaciones, en la reciente edición de la China Cup –que volvió a ganar Uruguay– había dejado el número 4 con el que debutó en la celeste mayor y pidió el 16. En todas las selecciones juveniles uruguayas había jugado con ese número. Pero desde su debut no lo había podido hacer debido a que era patrimonio de Maximiliano Pereira. Ahora, aprovechando su retiro del combinado nacional, el 16 tiene dueño.

El sábado a la noche, se realizó un asado en familia. Sus padres, su novia, sus hermanos, sus mejores amigos, Gastón y Andy, sus sobrinos a los que adora, y el jugador Fabián Píriz, de Peñarol, actualmente a préstamo en Cerro Largo, estuvieron allí.

Se viene la Copa América y esta vez a Federico lo fortalece su presente, lo respalda el golpe de aquella eliminación del plantel mundialista de 2018 y su proyección de futuro. Con esa madurez que ha logrado, apostará a crecer aún más, aprender y cumplir más sueños con la celeste en el pecho.

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