La loable campaña educativa sobre seguridad vial que acaba de lanzarse ayudará en algo a combatir las fallas humanas que generan la gran mayoría de los accidentes. Pero siempre habrá peatones descuidados y conductores negligentes que manejan alcoholizados o hablando por teléfono, se sienten volantes de Fórmula 1 en vías inadecuadas para alta velocidad, descartan elementos de seguridad como cascos o cinturones o ignoran precauciones en cruces de calles y otras zonas de riesgo. Pese a ocho leyes aprobadas en los últimos años para regular el tránsito en calles y rutas, en 2014 la siniestralidad fatal trepó a 15,6 cada 100 mil habitantes, cerca del doble de Europa y con un promedio de casi dos muertos por día en accidentes viales.
Ante una epidemia que no da respiro, la Unidad Nacional de Seguridad Vial (Unasev) ha organizado la difusión televisiva de accidentes de profundo impacto visual, para tratar de inducir prudencia. Proyecta también más colaboración policial en el control de un tránsito desordenado en Montevideo, en el que la proliferación de motocicletas se ha constituido en un peligro para sus propios conductores y para los demás. Pero al margen de las persistentes fragilidades humanas, las medidas de prevención tendrán resultados incompletos mientras no se solucionen dos carencias que inciden decisivamente en los siniestros graves, que alcanzaron a 3.515 el año pasado. Una es el estado caótico del tránsito en Montevideo, donde circula el mayor número de vehículos. La otra es el deterioro y la insuficiencia del sistema carretero.
La estructura vial de la capital es virtualmente la misma desde hace décadas, pese a que el parque de automóviles y motocicletas ha aumentado vertiginosamente en los últimos años. Cuando se intentó alguna mejora, como el Corredor Garzón y otros de menor costo durante la intendencia de Ana Olivera, el resultado fue un despilfarro improductivo por mala planificación y ejecución. El nuevo intendente Daniel Martínez ha prometido empezar a hacer lo que no hicieron administraciones anteriores. Pero no se conoce un plan específico para ordenar el tránsito y reducir consecuentemente el riesgo de accidentes. Ha anunciado la sensata construcción de pasos elevados para evitar cruces de calles, pero solo en tres puntos de la ciudad, cuando se necesitan en muchos más. Obviamente el poco tiempo que lleva Martínez en el gobierno municipal impone abrirle crédito hasta que se perciba si logra mejora con orden donde hoy imperan el caos y el peligro.
Igualmente indispensable es fortalecer la estructura de rutas nacionales y secundarias y la caminería rural, como el ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi, se ha comprometido a hacer con inversión estatal y asociación con privados. La urgencia de alcanzar esta meta es asegurar el trasiego eficiente de mercaderías a través del sistema vial en todo el país, dado que sigue en el olvido de las ilusiones perdidas la recuperación del ferrocarril. Pero otro resultado útil será disminuir el riesgo de accidentes en rutas nacionales en las que persisten tramos sin ensanche y en otras carreteras en grado variable de deterioro. Si Martínez en Montevideo y Rossi en la estructura vial en todo el país avanzan en la concreción de sus compromisos, harán una contribución vital en los esfuerzos de Unasev por evitar las diarias muertes de conductores, pasajeros y peatones.