4 de julio de 2012 10:21 hs

No hace falta comulgar con Carlos Marx para aceptar que la economía influye de modo poderoso sobre la política. Lo que acabamos de ver en la Cumbre de Mendoza ratifica esta vieja noción. Es muy difícil entender la severa sanción a Paraguay sin tomar nota de la precipitada inclusión en el bloque regional de Venezuela. Una decisión está directamente ligada con la otra. Los gobiernos del Mercosur condenaron la destitución de Fernando Lugo esencialmente para concretar, de una buena vez, un objetivo que anhelaban desde hacía seis años: el ingreso de Venezuela. Así de simple. Mientras hablaban de democracia e instituciones pensaban en la integración comercial entre nuestras naciones. Repasemos algunos antecedentes antes de explorar las consecuencias de este paso.

Los presidentes de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay venían buscando concretar el ingreso de Venezuela al bloque regional desde la firma del Protocolo de Adhesión en junio de 2006. Este acuerdo encontró reacciones diferentes en los distintos países. El expresidente Lula da Silva debió esperar casi tres años hasta obtener el apoyo de su Parlamento. Las principales críticas de los partidos de oposición tenían que ver con la cuestión, precisamente, de la "cláusula democrática". En Uruguay, en cambio, mayoría absoluta del partido de gobierno mediante, el Parlamento votó el ingreso de Venezuela en tiempo récord. El Frente Amplio (FA), probablemente para minimizar el costo político de esta decisión, apresuró el trámite e impidió el debate. En Argentina, el Protocolo de Adhesión se convalidó en diciembre de 2006. Pero la negativa sistemática del Parlamento paraguayo mantuvo bloqueado este objetivo durante todos estos años.

Todos los gobiernos mencionados, en el acierto o en el error, piensan, desde hace años, que sus respectivas economías se beneficiarán de la incorporación de Venezuela al Mercosur. Aquí también existen diferencias importantes entre ellos. Brasil es el que menos dudas tiene. Su balanza comercial con Venezuela es favorable y tiene expectativas razonables de seguir aumentando sus exportaciones de productos industrializados hacia ese país. Uruguay, en cambio, tiene déficit comercial. A partir de ahora, aspira a equilibrar importaciones y exportaciones. Los industriales argentinos, por su parte, manifestaron durante el trámite parlamentario del Protocolo dudas sobre el impacto de esta decisión. De todos modos, desde Brasilia a Buenos Aires, pasando por Montevideo, los gobernantes especulan con que el ingreso de Venezuela incrementará el comercio regional ayudando a minimizar posibles impactos negativos de la situación económica internacional (crisis europea y eventual disminución de la demanda china).

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Sin embargo, es probable que el camino recorrido la semana pasada para concretar el objetivo anhelado termine conspirando contra el fortalecimiento institucional del proyecto de integración. En primer lugar porque, para incluir a Venezuela, se humilló a Paraguay. Es muy difícil que esta nueva herida se cierre rápido. No puede descartarse que, después de las elecciones nacionales, Paraguay no quiera seguir formando parte del pacto regional. En segundo lugar, porque invocando el respeto a las instituciones democráticas en ese país, los demás gobiernos ignoraron una norma básica del Mercosur según el pacto inicial que para el ingreso de nuevos miembros es necesario el acuerdo expreso de todos y cada uno de los fundadores. En tercer lugar, porque la incorporación de Venezuela agrega un actor tan poderoso económicamente como imprevisible políticamente. Si hacer respetar las normas mercosurianas ya es difícil en el actual esquema, puede llegar a ser bastante más complicado en el nuevo escenario.

Uruguay, en este proceso, como en los tiempos de la Triple Alianza, en lugar de apoyar al país chico se plegó a la posición de los dos grandes. Es evidente que el gobierno considera que la mejor forma de defender el interés nacional es cooperando todo lo posible con Argentina y Brasil para, cada tanto, obtener alguna concesión. De hecho, el presidente Mujica no se vino de Mendoza con las manos vacías: bloqueó el intento de aumentar el Arancel Externo Común y consiguió autorización para hacer acuerdos bilaterales con países de la región. Por supuesto, la estrategia del apoyo sistemático a nuestros dos grandes vecinos no es el único camino posible para nuestro país. Uruguay podría optar, como han venido reclamando los partidos de oposición desde hace una década, por abandonar el Mercosur y construir una inserción internacional "a la chilena". Sin embargo, como muestra la experiencia del fracaso del intento de TLC con EEUU durante el gobierno de Tabaré Vázquez, recorrer el camino del libre comercio desde la tradición de izquierda es extraordinariamente difícil.

Para bien o para mal, recorriendo un camino errático y contradictorio, la integración regional acaba de dar un nuevo paso. Como manda su historia, la izquierda en la región apuesta a la integración. Fiel a su tradición, volvió a mostrar que es capaz de hacer buenos discursos sobre el respeto a las instituciones y, al mismo tiempo, en los hechos, soslayarlas y/o debilitarlas.

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