9 de agosto 2017 - 5:00hs

Aunque aún inciertas, existen vías posibles, dentro y fuera del país, para tratar de terminar con la tragedia chavista que destroza a Venezuela. La opción preferible de una pacificación negociada, frenada una y otra vez por la dictadura que encabeza Nicolás Maduro, quedó definitivamente descartada con la instalación de la mal llamada Asamblea Constituyente, cuya conformación y medidas arbitrarias la asemejan más a los sóviets de la revolución bolchevique de 1917 que a un organismo encargado de debatir una nueva Constitución. Dentro del país persiste la presión de las diarias protestas populares, pese a la sangrienta represión gubernamental que ha dejado más de un centenar muertos. De mayor incidencia eventual son las primeras indicaciones de quiebre del respaldo militar que mantiene a Maduro en el poder.

El episodio más reciente fue el confuso enfrentamiento en el cuartel de Valencia, el principal del país. Maduro lo describió como un ataque terrorista de nueve civiles y un teniente desertor. Pero el video en el que se leyó una proclama rebelde mostró a un número mayor de hombres uniformados. Previamente 14 coroneles y otros oficiales habían sido juzgados por traición, debido a su oposición al extremismo chavista; altos mandos de las Fuerzas Armadas fueron removidos y un prominente militar bombardeó una instalación estatal desde un helicóptero . Si el descontento castrense se extiende, Maduro puede caer, aunque sobrevuela el costo ominoso de peores confrontaciones armadas.

Es complejo, por otra parte, el panorama externo. Las condenas del mundo democrático, incluyendo la suspensión como miembro del Mercosur, no han tenido efecto práctico. Se ha informado que Estados Unidos evalúa una posible sanción económica, que privaría a Venezuela de su principal fuente de divisas por venta de petróleo. Pero ese curso tiene varios inconvenientes. Agravaría las penurias en que vive el pueblo venezolano por la terrible escasez de alimentos, medicinas y otros elementos de primera necesidad. Repetiría el fiasco del embargo a Cuba, acentuado porque, a diferencia de la isla castrista, Venezuela tiene fronteras terrestres con Colombia y Brasil por donde mantener alguna forma de abastecimiento. Y el chavismo tiene por ahora vías de escape económico a través de Irán, Rusia y China. Esto último torna dudoso que Naciones Unidas aplique sanciones, ya que tanto China como Rusia pueden vetar cualquier resolución del Consejo de Seguridad.

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El negocio petrolero con Estados Unidos, por otra parte, no es fácil de desarticular. Venezuela le vende 770 mil barriles diarios, que le reportan al chavismo unos US$ 1.000 millones mensuales que le son vitales para financiar un régimen arruinado. Pero Estados Unidos también perdería con un embargo, porque le vende petróleo ligero a Venezuela para diluir su propio crudo pesado antes de exportarlo. Además un embargo le crearía a Donald Trump nuevos problemas con Rusia, que comparte con Pdvsa la propiedad de Citgo Petroleum Corporation, que refina y distribuye el petróleo venezolano en Estados Unidos. Sanciones de la ONU solo serían factibles si China y Rusia aceptaran no vetarlas. Entre tanto, la mejor esperanza es que se extienda el descontento y la resistencia en la estructura militar al punto de privar a Maduro de su único sustento para seguir aferrado al poder dictatorial.

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