16 de septiembre de 2013 21:53 hs

Al caer la tarde ayer Medina, un olimareño de 39 años dejó a su esposa, su suegra y cuatro hijos pequeños, junto con varias de sus pertenencias encima de un camión de la Intendencia de Treinta y Tres que los llevaría a uno de los tantos refugios improvisados para los más de 500 evacuados que se llevaban contados al cierre de esta edición.

Medina, vecino del barrio Nelsa Gómez, en la periferia de la ciudad más golpeada del país por el temporal, dijo que no podía acompañar a su familia “por el tema de los boteros”. Explicó que cuando crece el Olimar, el método usado de robo es trasladarse en barco y saquear el interior de las viviendas.

Tras cuatro días de lluvia, con un ciclón extratropical pronosticado y más agua por caer, Medina anunció a El Observador que dormirá con un rifle 16 milímetros en mano y prestará atención a dos cosas: el avance del río y a los ladrones.

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En la misma manzana vive William Rodríguez. El Olimar también llegó lentamente hasta su jardín, y por más que los pronósticos oficiales sean negativos, asegura que el río está retrocediendo y que por esto ni él ni su esposa y cuatro hijos dejarán el barrio.

En 2007 Nelsa Gómez, uno de los barrios más carenciados de Treinta y Tres “quedó tapado”, cuentan sus vecinos, y desde entonces vive el fantasma de aquella, la peor inundación que sufrió el departamento con cerca de 4.000 evacuados.

Luego de aquel temporal la intendencia planteó realizar una mudanza masiva pero muy pocos aceptaron. “El barrio es el barrio”, explicó Rodríguez. Agregó que no vale la pena irse después de haber trabajado tanto por lo que se tiene.

El director de Obras de la Intendencia, César Vesperoni explicó a El Observador que como fueron muy pocos los que aceptaron irse, nunca se llevó a cabo un plan integral de relocalización.

A unos 40 metros desde donde Vesperoni y Rodríguez conversaban, está la casa de Martín Cardozo, quien vive con su mujer, sus tres hijos y su madre. En la tarde del domingo advirtieron la magnitud de la crecida y pidieron ayuda para sacar todo lo que pudieron. “Quedaron la heladera y la cocina, y cosas que no pudimos sacar”, afirmó Cardozo. Aseguró que nunca nadie de la Intendencia les ofreció mudarse porque de ser así se habrían ido.

Más dramática fue la situación de Carlos Julio Oroná, un hombre de 50 años que vive frente a la playa del Olimar. El agua lo agarró durmiendo y cuando quiso acordar, le llegaba al pecho. Según relató, logró salvar su vida porque se subió a su chalana y remó en la oscuridad hasta lo de sus amigos, Jorge y Gladys, que le dieron ropa y abrigo. Sentado en la vereda de su hogar improvisado, tiritando, dijo que le han ofrecido mudarse varias veces, pero él se negó: “Este es mi río, y esta es mi ciudad”, afirmó. Y ahí, donde ahora sólo se ve el último tramo del poste de la electricidad, Oroná pretende volver ni bien baje el Olimar.

Antes de comenzar una reunión con el comité de emergencia de Treinta y Tres, el intendente departamental, Dardo Sánchez (Partido Nacional) afirmó a El Observador que volverá a poner sobre la mesa la mudanza de esta gente a zonas no inundables. Pero admitió que va a ser difícil que acepten porque Nelsa Gómez es un barrio que está muy estructurado, cuenta con saneamiento, electricidad, escuelas, y que viven unas 2.000 personas ahí.

Sánchez se mostró preocupado porque las perspectivas para hoy no eran las mejores. Aclaró que el río creció 8.15 metros por encima del nivel habitual no está retrocediendo y que preocupa el ciclón extratropical anunciado para hoy por los meteorólogos para el sur y este del país. En 2007, cuando fue la peor inundación de los últimos años el río superó los 10 metros.

Además, dijo que la situación es “de emergencia”, y subrayó “la emergencia vial”, por la cantidad de rutas y caminos cortados que sufrieron graves deterioros.

En la reunión, la Policía informó que pondría de ocho a diez patrulleros para vigilar y evitar los robos durante la noche. La directora de Salud departamental por su parte recomendó que no se atienda a los enfermos en el hogar sino que sean trasladados al hospital.

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