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Wes Anderson, un autor que crea un universo propio en cada película

La nueva producción del cineasta estadounidense, Isla de perros, es una prueba de la vigencia y originalidad de su marca personal

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04 de junio de 2018 a las 05:00

En el cine los conceptos se bastardean todos los días. El "cine independiente", por ejemplo, la mayoría de las veces no es tan independiente o, al menos, no es lo que el concepto implicaba al principio. El cine de "autor", relacionado de manera frecuente con el llamado cine independiente, también ha caído en el pecado de ser un rótulo generalmente sin sustancia. No todo lo "de autor" es, efectivamente, de autor. Sin embargo, hay un puñado de cineastas que sigue enarbolando esta bandera con justicia. Ellos, idealistas en una industria que fagocita las ideas originales y las mastica, encontraron una forma personal de contar historias y lograron replicarla en el resto de su obra. Algunos consiguieron alcanzar modelos tan exitosos e influyentes que otros cineastas más jóvenes y menos originales decidieron imitarlos y tomarles la posta. En ese grupo selecto se pueden encontrar nombres como Paul Thomas Anderson, Jim Jarmusch, Werner Herzog, los hermanos Coen o Hayao Miyazaki. Y, entre ellos, también está Wes Anderson.

Anderson, referente indiscutible de la estética naif y deidad del hipsterismo cinematográfico, acaba de estrenar en Uruguay Isla de perros, su realización más reciente. La producción lo reconecta con el stop-motion, una técnica de animación artesanal con la que ya había trabajado en 2009 en Fantastic Mr. Fox.

Para formar parte del grupo de "los autores", Anderson tuvo que encarar un estilo determinado para sus películas. Como es evidente, las particularidades que hoy definen a su cine se fueron gestando a medida que él iba encontrando las señas dentro de las cuales se sentía más cómodo. Es por eso que, estéticamente, hay un abismo de diferencia entre su primera película –Bottle Rocket (1996) – y la anterior a Isla de perros El gran hotel Budapest (2014) –.

Hoy, las películas de Anderson son extremadamente reconocibles. En ellas, el cineasta tejano explota la toma abierta, los zooms fugaces y violentos, la cámara estática y los contrastes bien diferenciados. Sus planos son en su mayoría simétricos, ideales para una clase de composición fotográfica y los planos cenitales (tomado desde arriba) en textos, cartas, notas y carteles son frecuentes.

Estas pautas están seguidas tan al pie de la letra y son tan exitosas a la hora de crear universos, que su artificialidad estética encontró un lugar en el mundo real gracias a un aliado impensado algunos años atrás: Instagram. En la red social más estética de todas se pueden encontrar varias cuentas que rinden homenaje al director; entre ellas Accidentally Wes Anderson, que repasa distintos lugares del mundo que podrían haber salido de su mente.

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_________________________ Hotel Adlon | Berlin, Germany | c. 1907 • • The Hotel Adlon is a luxury hotel in Berlin, Germany, located on the main boulevard in the central Mitte district, at the corner with Pariser Platz, directly opposite the Brandenburg Gate • • In 1905 Lorenz Adlon, a successful wine merchant and restaurateur originally, purchased two properties on Unter den Linden. He convinced Kaiser Wilhelm II - the last German Emperor and King of Prussia - that Berlin needed a luxury hotel at the level of those in Paris, London and the other European capitals, and so the Kaiser personally cleared the way for the purchase of Palais Redern which sat at Adlon's chosen location • • Designed by Carl Gause and Robert Leibnitz, the hotel was built at a cost of 20 Million Gold Marks, 2 Million of which were the majority of Adlon's personal fortune. It was the most modern in Germany, boasting hot & cold running water, on-site laundry, even a Japanese-themed elephant fountain • • The Adlon opened on October 23, 1907 with the Kaiser and many other notables in attendance and it quickly became the social center of Berlin. Notable early guests included the likes of Thomas Edison, Henry Ford, and many high ranking politicians • • The hotel remained one of the most famous hotels in Eruope during the “Golden Twenties” and continued normal operations throughout World War II, even constructing a luxurious bomb shelter for its guests • • Having avoided the bombs that leveled the city, the hotel survived the war without any major damage. However on May 2, 1945 a fire started in the hotel’s wine cellar - legend has it by drunken Red Army soldiers - which left the building in ruins • • The building was demolished in 1984, and a new hotel inspired by the original design was built between 1995 - 1997 • • While the original Hotel Adlon was famously located at Number One Unter Den Linden, as a result of the avenue being renumbered, though located at exactly the same site, is now at Unter den Linden 77 • • Know more? Please comment below! • • : @bikinaberlina • ✍️: @wikipedia • #AccidentallyWesAnderson #WesAnderson #VscoArchitecture #Vsco #Germany #SymmetricalMonsters

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Pero un autor completo también se fija en la sustancia que unirá personajes, trama y guion. En sus historias –generalmente escritas en conjunto con colaboradores recurrentes como Roman Coppola, Jason Schwartzman y Owen Wilson– Anderson presenta un amplio abanico de personajes coloridos y únicos pero pesimistas, apáticos y miserables. Sus obsesiones son la familia, las crisis que nacen en su seno, el amor, sus capas y las turbulencias que agitan sus aguas.

 

Para ayudarlo en estas disecciones hogareñas del alma humana tiene una lista de actores y actrices que siempre –siempre– están dispuestos a darle una mano con interpretaciones destacadas. En el tope de la lista está Bill Murray, presente en ocho de sus nueve producciones, y lo siguen Anjelica Huston, los hermanos Owen y Luke Wilson, Bob Balaban, Schwartzman, Edward Norton, entre otros menos recurrentes.

Isla de perros

 

 

Perros y Amos

 

Está muy claro que Wes Anderson, a pesar de ser un gran innovador, no descubrió la pólvora y su cine tiene muchas influencias externas. Sin ir más lejos, en Isla de perros, que sucede en un Japón futurista, el cineasta despliega su amor por el cine de Akira Kurosawa y las influencias orientales. Hay música típica, gastronomía autóctona y lenguas que hablan japonés sin traducción.

En su última película, el director presenta la historia de un país azotado por dos plagas, una natural –la gripe del perro, que mata a los humanos– y otra política –un gobierno pseudodictatorial que suprime libertades–. En ese paisaje surge Atari, un niño piloto que decide viajar hasta la Isla de la basura –donde su tío, el gobernador, desterró a todos los perros como medida sanitaria– a buscar a Spots, su viejo compañero canino. En la isla se encuentra con un ecléctico grupo de perros que, para bien o mal, lo ayudarán en su empresa.

 

Isla de perros transmite perfección. El detalle está presente en cada aspecto del filme, desde sus cuidados escenarios hasta las personalidades de cada perro. Anderson, que se las ingenió para retratar a (casi) todos los tipos de amor que existen, suma ahora el cariño, la dedicación y la correspondencia que existe entre un perro y su fiel amo. ¿O es al revés?

 

En el camino hay todo tipo de críticas que pueden hacer de Isla de Perros la producción más política y con más conciencia social del cineasta hasta la fecha, con un discurso que atraviesa nuestra época de forma transversal y que habla de la manipulación de los medios, de la educación y de las ideas. Pero más allá de sus postulados, Isla de perros posee una belleza que trasciende a las imágenes y que mantiene a su creador vigente y original.

La animación vuelve a ser un ámbito en el que se mueve cómodo y donde demuestra que su estilo puede mutar hacia sitios más oscuros sin perder el toque que lo convierte en un autor. Porque sí, por sus influencias y la huella –todavía temprana– que ha dejado en el cine reciente, Wes Anderson es un autor. Y no el sentido bastardeado de la palabra.

Isla de perros es la prueba.

Señas particulares para reconocer una película de Wes Anderson

La estética

Sus planos están siempre pensados para explotar la simetría o, al menos, para que sigan un claro orden estético. También utiliza numerosos planos cenitales sobre textos o carteles, zooms violentos y los colores de sus películas son o estridentes o pasteles, siempre con el toque de contraste adecuado.

Wes Anderson

 
 

Sus historias

Familias disfuncionales, personajes que han perdido o que buscan el amor sin éxito, la mediocridad y el fracaso emocional como moneda corriente. De todos esos elementos se nutre Anderson en sus historias. Y de Bill Murray, que siempre está.

Wes Anderson

 
 

La música

Es una constante en su cine: bandas sonoras de las décadas de 1960 o 1970, que muchas veces son remixadas en otros géneros. Por su filmografía han pasado los Beatles, los Rolling Stones, The Velvet Underground, The Kinks, The Beach Boys y David Bowie, entre otros.

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