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Willy Gutiérrez, un caso único: campeón al básquetbol con Bohemios y al fútbol en la A, la B y la C

Desafiaba a Tato López en las prácticas, ganó la Liga Universitaria, dio la vuelta con El Tanque Sisley, Progreso, Defensor Sporting y Basáñez, llegó a la selección y se radicó en Estados Unidos para salvar la vida de su hija

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19 de septiembre de 2020 a las 05:00

La vida de William Gutiérrez cambió de un día para el otro. Hace 19 años se enteró que su hija mayor, Kareen, tenía un tumor cerebral. Su amigo Ney Castillo –actual presidente de Defensor Sporting y oncólogo de profesión–, lo conocía de su pasado en Bohemios y de Defensor Universitario con el que fue campeón de la Liga y campeón de campeones. Él fue quien comenzó a atender a Kareen.

“Ney hizo lo contrario a lo que se hace siempre y le practicó primero radioterapia y después quimioterapia. Eso ayudó a frenar un poco el avance del tumor. Pero era inoperable. Un día me habló y me dijo: ‘Mirá, yo te aconsejo que la lleves a Estados Unidos que es el único país en el que la podrían salvar’”, contó Gutiérrez a Referí. Y así se fue para el norte.

Claro que recibió más ayuda, como del Dr. Daniel Borbonet y al llegar a aquel país, al estado de Massachusetts, de parte de Víctor De los Santos –quien hoy trabaja como scouting en la Primera de Peñarol– que le ofreció su casa para que viviera durante un tiempo. Pero para llegar allá, Willy no tenía dinero. Alejandro Larrea, aquel excompañero suyo de Progreso campeón en 1989, al enterarse, le dijo de un día para el otro que lo pasaría a buscar por su casa. “¿A dónde vamos?”, le dije. Y me contestó: “A una agencia de viajes para comprar el pasaje a Estados Unidos”. Así pudo viajar.

William Gutiérrez defendiendo a Nacional en un clásico ante Peñarol; a su lado aparece un muy joven Paolo Montero

Primero se fue solo y luego viajó Kareen con ocho años, a quien le pudieron hacer la operación y hoy tiene 27. Así le cambió la vida a ella, a su padre Willy y a toda la familia.

Desde entonces, viven en aquel país, pero ahora se mudaron a la ciudad de Hollywood –nada que ver con la zona de Los Ángeles, la meca del cine–, sino en el estado de Florida. Allí vive, entre Miami y Fort Lauderdale.

El único campeón en básquetbol y fútbol

Willy Gutiérrez tiene un récord que es casi imposible de igualar. Fue campeón en básquetbol y en fútbol en Uruguay. Y varias veces. Una especie de talismán que tiene una historia para el libro Guinness de los récords.

En Estados Unidos trabajó en fábricas, y como le gusta la construcción y en la Florida se pudo desenvolver, aprendió todos los oficios. Coloca paredes de yeso, pinta, hace pisos, baños, electricidad. Tanto esto último como el yeso los estudió en la UTU en Uruguay y hoy trabaja por su cuenta.

Uno de los planteles de Bohemios con el que fue campeón federal

Allá en Mercedes, donde nació y eran 12 hermanos, aún vive su madre Élida, quien obviamente, fue fundamental no solo en su vida, sino en su carrera. Porque fue ella la que le dio permiso para viajar a Montevideo con 16 años, en contra de lo que había decidido el comisario de Egaña en Soriano, su padre.

Élida le dio el “sí” con la condición de que estudiara y así se anotó en la UTU. Vivía con su tía. “Entonces no podía entrenar en ningún club porque lo hacían de tarde, mi mismo horario. Mi viejo era bolso perdido y toda mi familia de Peñarol. Quería demostrarle a mi padre que podía jugar al fútbol. ‘Usted está loco m’hijo. Ni loco va a jugar al fútbol y menos en Nacional. Eso es para grandes’”, me dijo.

Así fue que comenzó a ir a Bohemios que quedaba a dos cuadras de su casa y podía ir por el horario, para ver las prácticas de los juveniles entre los que estaban Luis Pierri, el Tato López y varios más. De tanto ir, un día le dijeron si quería probarse y lo hizo.

Willy tenía un pasado en Praga de Mercedes en el que había jugado al básquetbol. No era un neófito en la materia. Y aquella primera vez que lo recibió el técnico Omar Ayala, lo hizo con la camiseta de Praga.

William Gutiérrez cuando jugaba al básquetbol en Bohemios

“Yo no entendía cómo se me había dado todo tan fácil. Muchos años después me contaron cómo fue. El Chueco Navarro, que era dirigente, un día me dijo cuál era la historia verdadera: ‘Esperábamos a un muchacho que venía de Mercedes y dijimos ‘ta, es él’, y quedaste por ese muchacho que nunca vino’, me contó”, explicó.

Su ídolo era el Chino Belén, emblema de Atenas que era de sus pagos, y después, claro, el Tato.

Pero en sus pagos, también había jugado al baby fútbol en Senda y de adolescente, en La Lancha de la ciudad de Egaña, a donde se habían mudado con su padre, cuando lo nombraron comisario de allí. “Jugaba en Cuarta, Tercera y Primera, los tres partidos en el día. En Tercera era arquero y en Primera jugaba de ‘10’”, recordó Gutiérrez.

Fue dos veces a probarse en Nacional y no lo aceptaron. Ildo Maneiro era el técnico de la Tercera, quien al igual que él, es de Mercedes. “Me miró y me dijo: ‘Mirá, para jugar acá tenés que ser mejor que Pelé’. Fue un golpe durísimo. Me di vuelta y le dije a un señor: ‘Voy a volver por la puerta grande”. Y el tiempo le dio la razón.

La segunda vez fue cuando Gregorio Pérez dirigía la Tercera tricolor, pero tampoco lo aceptó y lo recomendó a Rausa de Maldonado. Jugó ese año y fue campeón y goleador.

William Gutiérrez con el plantel de Nacional en 1990

Entonces se cumplió aquel sueño. “Pude volver por la puerta grande. Haber ganado el Uruguayo con Progreso en 1989 me abrió las puertas. Saúl Rivero era el técnico, firmó con Nacional y me llevó. Fue un sueño cumplido, algo increíble. Estoy seguro de que mi viejo me vio desde allá arriba, porque lo sentí. Haber ido a Nacional fue todo muy de golpe. Sentí el impacto de un cuadro grande. Debuté en la despedida del Vasco Ostolaza que se iba a Cruz Azul, hice dos goles y me fracturé la muñeca y estuve parado como un mes. Yo era el '9' y Dely (Valdés) el '11'. Increíble”.

En aquel equipo estaban, entre otros, Venancio Ramos, el Pelado Peña, Héctor Morán, Yubert Lemos, Jorge Cardaccio, Tony Gómez, Daniel Revelez y Jorge Seré.

“Jugué el clásico de 1990, aquel que se armó lío. Fuimos cuatro de cada club fichados en la Justicia porque el juez entendió que fuimos los que más nos metimos y nos procesaron sin prisión por un mes. Estaba apartando y recibí un golpe en la espalda y me saltó la térmica. No quería salir a la calle y cuando lo hice, la gente me felicitaba: ‘Bien, por fin se pelearon’, me decían".

En Estados Unidos se juntaron viejas glorias de Nacional; junto con William Gutiérrez y su hija Kareen, aparecen Juan Carlos Blanco, Arsenio Luzardo, Rodolfo Rodríguez y Hugo De León

Pocos meses después, Nacional decidió contratar a Wilmar Cabrera y a la China Báez que jugaban en su puesto y se fue a Defensor Sporting a pedido de Raúl Möller.

Antes de todas estas luces que comenzaron a encenderse en su carrera, el primer club de fútbol que lo cobijó en la capital fue El Tanque Sisley.

“Me levantaba a las 6, trabajaba en UTE en Instrucciones y Aparicio Saravia, me tomaba un ómnibus al Paso de la Arena, entrenaba con El Tanque, de ahí me iba a Bohemios y ahí me esperaba el Tato López para jugar mano a mano en la práctica. No sé cómo aguantaba ese trajín de jugar y entrenar los dos deportes al mismo tiempo”, dice.

William Gutiérrez con el equipo de Sporting de Barranquilla, equipo que tuvo un fugaz pasaje por el fútbol colombiano

Entonces fue campeón de la C con El Tanque Sisley en 1987 y también comenzaron los títulos con Bohemios. Cuando ascendieron a la B, se tuvo que decidir por el fútbol o el básquetbol y lo hizo por el fútbol porque el profesor Gonzalo Barreiro se lo recomendó. Enseguida le salió un pase a Sporting de Barranquilla, un club que estuvo durante pocos años en Colombia.

Hasta allí, con los albimarrones en el básquetbol, había sido campeón en juveniles, reserva y mayores. Con estos ganó el Federal tres veces: 1981, 1983 y 1984, y dos Liguillas.

Gutiérrez cree que más allá de lo que podía aportar a un equipo en el que no era titular porque estaba lleno de fenómenos, hubo un hecho que lo ayudó.

“Yo mido 1,79 y creo que impresioné a todos en el club hundiéndola con mi altura y en una época en la que era una novedad en el Uruguay. Un día estaba (el técnico Víctor) Berardi y vino Ramiro De León. Berardi me dijo: ‘Vení Willy, mostrale cómo la hundís’ y Ramiro no lo podía creer que yo la hundiera con dos manos”.

Fue la mejor época de Bohemios en toda su historia y Willy tomó parte de ella. Incluso se quedó a vivir –literalmente– en el club durante ocho años, hasta que lo cobijó la familia Olivera a quien le agradece mucho todo lo que lo ayudó. “El Tato era el pulmón del equipo, se manejaba todo en base a él, fue una época dorada. Un 70% era el Tato”, comenta. Y añade: “Yo era el sparring del Tato, él quería jugar mano a mano conmigo por cómo lo marcaba. ‘Me exijo al máximo contigo’, me decía. Le hacía tapones, le gané varios partidos y no me hablaba hasta dos o tres días después de la calentura”.

También dice que “Berardi me apreciaba mucho. En un Sudamericano en Bolivia, jugamos en la altura contra Sirio de Brasil. Armó el equipo y dijo: ‘juegan Pierri, Tato, Larry Petty, Julio Pereyra y va a entrar Willy de armador’. Pensé que era una joda y ni me cambié, y pasó el Tato y me dijo: ‘Dale, cambiate que jugás’. ¡Y era verdad! A los pocos minutos, metí un doble, le di una gran asistencia al Tato, y enseguida tuve que salir porque me quedé sin aire. Terminé en una camilla con oxígeno. No me entraba el aire”.

Gutiérrez se destacaba por su salto y también por su marca. Así, una vez Berardi lo mandó a marcar al notable goleador Wilfredo “Fefo” Ruiz.

“Marqué al Fefo contra Neptuno en cancha de Platense y solo hizo 7 puntos en el primer tiempo. Fue histórico. Berardi me tenía mucha fe. Como lo marcaba al Tato en las prácticas me decía: ‘Tenés que marcar al Fefo y lo tenés que anular. Cuando se levante a tirar, tocale la cintura. Pero hacete el boludo’”. Y el Fefo estaba malo como una araña. Después me cargué de faltas y tuve que salir”, recuerda.

No se le fue más de la memoria lo que fue salir campeón uruguayo con Progreso en 1989 en el Parque Palermo: “Fue algo impresionante porque no era un club para pelear un campeonato por el tema económico y su infraestructura, pero se armó un equipo tan bien mentalizado que arrasamos. Si hubiese sido a dos ruedas (se jugó solo a una), estoy seguro que igual éramos campeones”.

Al salir del Palermo aquella tarde como campeones para ir hasta la sede, se cruzaron con una caravana de Tabaré Vázquez –quien además de ser presidente del club, se postulaba para la intendencia de Montevideo–. “Nunca vi nada igual. Se juntó el Frente, La Teja y Progreso. Fue uno de los mejores momentos de mi carrera”.

William Gutiérrez con Progreso campeón uruguayo 1989

En 1991, logró otra vez el título uruguayo y también de la Liguilla, pero en esa ocasión, con Defensor Sporting. Si bien lo había llevado Möller, fueron campeones con Juan Ahuntchain.

Jugó la Libertadores y le iban ganando 1-0 a River argentino en el Monumental con un gol suyo desde fuera del área. Faltando 10 minutos, los locales les hicieron dos goles y los eliminaron.

Su buen desempeño hizo que Luis Cubilla, se fijara en él para llevarlo a la selección uruguaya.

William Gutiérrez con Defensor Sporting 1991; otro título uruguayo en el fútbol

“Otro de mis sueños. Cuando estaba en el básquetbol me iba a Kibón y me llevaba una pelota de fútbol. ‘Hasta la selección no paro’, le decía a mis amigos de Bohemios que me acompañaban. ‘Estás loco, Canario’, me decían”.

“Fue increíble, porque si bien uno sueña, estaban los monstruos. Cubilla quería trabajar con los jugadores nacionales y después con los de afuera. Había problemas entre él y Casal. Una mañana, Nelson Telias, dirigente de El Tanque al que había conocido, me dijo que había leído el diario que me habían citado a la selección. ‘Estás jodiendo’, le contesté y cuando lo vi en el diario, saltaba de alegría”, cuenta.

Gutiérrez dice: “Cubilla fue un ídolo para mí, un fenómeno y que me haya elegido fue algo muy bueno. Me llenaba de orgullo todo eso. Los sueños a veces se hacen realidad. Un pueblerino que vino con mil ilusiones, que veía las cosas cada vez más lejos y sin embargo, siempre se acercaban”.

William Gutiérrez con la camiseta de la selección uruguaya

Así fue a la Copa América –solo con futbolistas locales– y quedaron eliminados de los cuartos de final por un gol, ya que Brasil anotó en la hora y clasificó. “Me encantaba la idea de Cubilla. Eso lo llevo en el corazón”.

Años después, el mismo Willy que había sido campeón de la Liga Universitaria, de la C, de la A en fútbol, y del Federal con Bohemios en básquetbol, también fue campeón de la B en 1993.

“Me contrataron en Basáñez y empezamos el torneo con 12 puntos menos por unos incidentes complicados que había habido el año anterior. El técnico era Miguel Puppo y yo jugaba arriba con Luis Romero y Juan González. Hicimos una campaña tremenda y remontamos esos 12 puntos para lograr el título”, indicó Gutiérrez.

Un gol que recuerda con cariño es uno que le convirtió con Defensor a Peñarol cuando llegó de una gira con Menotti “y venía con todos los aires. Marcelo Tejera metió el centro, Blanco la quiso sacar para afuera del área, la paré, giré en una pierna y de media vuelta, la clavé en el ángulo. Les ganamos 2-1. Después del partido Menotti dijo que habían perdido con un gol de un muchacho que quiso levantar un centro y la metió en el ángulo. Eso me cayó mal”.

Su presente en Estados Unidos no está exclusivamente en la construcción de casas. También es ayudante técnico de un club de la United Premier Soccer League (UPSL) formado por su amigo Pablo Rodríguez llamado Adrestia FC.

Adrestia FC, el club de Estados Unidos en el que trabaja actualmente William Gutiérrez

“Extraño el deporte y por eso estoy contento acá ahora con el fútbol que es mi pasión. Quiero hacer el curso de técnico y hacer algo para poder trabajar en Uruguay y pegar la vuelta algún día. Tuve la bendición de salir campeón en casi todos los equipos que jugué y creo que tengo condiciones para poder estar al frente de un equipo”, expresó.

Y añadió: “Aunque mi gran sueño es ser representante de jugadores porque tuve la suerte y mala suerte a la vez que me representara (Francisco) Casal y fui de los pocos futbolistas que Paco no colocó en el exterior. Estando en Defensor vino un equipo de España que me ofreció US$ 500.000 y Paco me dijo que no me fuera, que me iba a vencer por US$ 1 millón, pero nunca se hizo”.

William Gutiérrez está en la historia del deporte, no solo uruguayo, sino mundial. Fue campeón en todas las divisionales del fútbol, también de la Liga Universitaria, defendió a la selección uruguaya en una Copa América, y en básquetbol consiguió tres títulos federales y dos Liguillas con Bohemios. Entre los dobles y los goles, fue campeón a todo. 

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