Militantes de izquierda que se deprimen ante un posteo malintencionado en twitter, mientras la derecha que recorre el mundo, y a la que hay que combatir con políticas de género, se encarna en Uruguay en una oposición desestabilizadora cuyas críticas es necesario “metabolizar” para defender al gobierno de Yamandú Orsi.
Este es el estado de situación que trasuntan las treinta y nueve páginas aprobadas el sábado 8 por el Plenario del Frente Amplio; treinta y nueve páginas que son un compendio que, en parte, explica la desorientación de una fuerza política preocupada por la falta de popularidad de la administración de Orsi, pero que se ocupa en asuntos que poco le importan a la mayoría de la gente, y practica una autocrítica arropada en un lenguaje no apto para personas sin domicilio en los Comité de Base.
A las cansadas, el documento elaborado por todos los sectores del Frente -y que marcará el rumbo hacia el Congreso de octubre en que se reelegirá a Fernando Pereira como presidente de esa fuerza- reconoce “los problemas de gestión política, falta de coordinación y comunicación en el gobierno”, pero en lugar de proponer soluciones se abisma en buscar culpables fuera del oficialismo y en gastar páginas con una mirada a los problemas del mundo que les son del todo ajenas al uruguayo promedio.
En línea con la reacción de la última encuesta de Opción, que ratifica la baja popularidad del gobierno de Orsi y que en este último sondeo llega al 19%. “Debe tener alguna falla”, estimó el presidente del FA, negándose a admitir lo que ya habían alertado todos los sondeos anteriores de todas las empresas encuestadoras.
Volviendo al documento del Plenario, cuando mira hacia adentro, es decir hacia la propia base de la izquierda, lo que ven los dirigentes resulta inquietante en una fuerza política que supo enfrentar con valentía las épocas más difíciles del país y emerger de pie.
En el FA dicen haber detectado una camada de militantes cuya fragilidad es preocupante. Es así que tras aludir a una “ofensiva ideológica” que “modela un humor social adverso a las transformaciones impulsadas” por el gobierno, advierten: “La velocidad de las redes sociales, la lógica del inmediatismo y la permanente producción de desinformación amplifican estos mecanismos incidiendo incluso sobre el estado de ánimo de nuestras y nuestros militantes, adherentes y votantes, con el objetivo de debilitar la confianza en el gobierno”.
Es decir, la desconfianza en el gobierno y la desmoralización de las bases no surgen tanto por políticas erróneas, sino debido a esos videos y críticas filosas que andan dando vuelta por la red.
Los que buscan desmoralizar a los militantes son, dicen, los integrantes de una oposición de derecha que el Frente Amplio considera “cada vez más desestabilizadora” y que “procura instalar de forma permanente un clima de temor, incertidumbre y desconfianza en la sociedad”.
Como si la incertidumbre y el miedo se instalaran tras una declaración de Pedro Bordaberry o Sebastián Da Silva y no por la falta de dinero o por las balas de la delincuencia.
Porque por más dura que se presente la oposición, y muchas veces se expresa con una dureza incomprensible, calificarla de desestabilizadora y temer por ese presunto temblor, muestra un gobierno frágil que no está preparado para enfrentar la verborrea de los adversarios.
Además, el mensaje del expresidente Luis Lacalle Pou durante el acto por los 190 años del Partido Nacional puso el énfasis en evitar generar heridas al adversario y evitar enfrentamientos. Y habló el líder de los blancos, no uno de los soldados de su tropa.
El nicho
Por otra parte, como si no tuviera problemas surtidos que atender dentro de fronteras, la dirigencia del FA pone los ojos fuera del territorio para advertir acerca del “avance de la derecha regional y de líderes carismáticos que han logrado captar a parte del sujeto histórico de las izquierdas y los progresismos”.
Es más, sin reparar que las conclusiones del documento son de dificultosa digestión para las masas, el FA advierte que en el mundo han florecido “fenómenos de izquierda y progresistas que no han sido capaces de salir de propuestas de nicho y han difuminado la necesidad de lograr transformaciones concretas que mejoren la calidad de vida de la gente”.
¿Qué hacer ante tamaño desafío? ¿Cómo se sale del nicho para encantar multitudes? Según el Plenario del FA, haciendo lo que piden los uruguayos desde el Cerro a Bella Unión, es decir, “incorporar a la disputa cultural del Frente Amplio la defensa de la igualdad de género como parte inseparable de la defensa de la democracia”.
Asimismo, el Plenario de la izquierda reconoce la “enorme carencia anímica que aqueja” a los militantes de base debido a los problemas no resueltos por el gobierno, pero hace un llamado a “metabolizar las críticas para volver a entusiasmar”. A esa altura, uno debe echar mano a la inteligencia artificial para comprender que esa interacción entre el metabolismo y los cuestionamientos significa “procesar los comentarios negativos de forma útil”.
En fin, tantas páginas de diagnósticos extraviados, de advertencias sobre la derecha desestabilizadora y de muestras de horror ante el embate de las redes sociales para terminar reconociendo lo obvio. “Estamos mal”, dijo el exsenador Rafael Michelini durante el debate en la Huella de Seregni. Y tiene razón.