“Yo no me considero marxista desde el punto de vista filosófico pero sí en el estudio de la historia considero que es una buena herramienta y me permitió entender mucho” dijo durante una entrevista con el periodista Alejandro Fantino el candidato frenteamplista Yamandú Orsi.
Este reconocimiento, más allá que no sea una sorpresa, sí explica la magnitud del problema que podría representar el retorno al gobierno de esa forma de “entender” el mundo.
Es que, sencillamente, la forma de interpretar la historia a la que adhiere Orsi, es comprobadamente equivocada. Orsi entiende el mundo igual que lo hace Oscar Andrade.
Aun siendo profesor de historia, Orsi considera “buena herramienta” una visión de la historia que la propia historia mostró fallida, inconsistente e injusta.
Veamos las comprobadas falencias de esa forma de interpretar la historia. El marxismo le da una centralidad a la lucha de clases que supone entre otras cosas, un reduccionismo y simplificación de los procesos históricos donde se minimiza la capacidad de los individuos para influir en el proceso social y a su vez, subestima el papel de los factores no económicos. Las ideas, la cultura, el hombre, no sería otra cosa que un “peón” de fuerzas colectivas que lo opacan y dominan.
Además, las categorías oprimido/opresor en que se basa el marxismo están claramente alejadas de la realidad y hay allí también, un desconocimiento de los sectores intermedios, de la clase media, y por tanto nada más y nada menos que de la movilidad social asociada a esos sectores que no son ni “proletariado” ni “burguesía”, las categorías fundamentales del marxismo. Ese enfoque binario supone una visión renga y anacrónica de la historia, desconoce que la sociedad progresa en base al esfuerzo individual -que impacta en lo colectivo- y que la historia no es una flecha que inexorablemente va viajando a través del tiempo hasta dar en el blanco generando una sociedad comunista.
El determinismo que supone la interpretación histórica del marxismo, donde todo “el avance” se dirige hacia la sociedad “comunista” hace que quien maneje esas coordenadas de pensamiento se predisponga a ello y no acepte otras variaciones que supongan “un desvío” de ese “irreversible” camino.
Por tanto Orsi está muy equivocado en su manera de entender el mundo y el mundo que el entiende no es el que lleva al progreso.
Pero más aún, su manera equivocada de ver el mundo es sobre todas las cosas, injusta. Es injusta porque no corre detrás del desarrollo de las libertades, sino que las mismas son “sacrificables” en subordinación a la tan mentada lucha de clases y a la reorganización económica que busca un igualitarismo colectivista.
El marxismo además aniquila el pluralismo y no fomenta la amplitud de concepciones porque necesariamente tiene que restringir las opciones para poder confluir en una sociedad uniforme.
Lo grave del asunto es que esa manera de “entender” el mundo afecta la gestión del día a día de quien la tiene. Por eso todas estas cuestiones están lejos de ser solo una digresión teórica.
La suba de impuestos que promueve el Frente Amplio y su candidato abreva de esa manera de entender el mundo.
El desestimulo a la clase media y a los sectores profesionales y productivos abreva de allí.
La desconfianza en la iniciativa privada y el no fomento de los valores de competencia y del esfuerzo, tienen allí su fuente.
Incluso, cuando pedían la cuarentena obligatoria respondían a esos impulsos de su marxismo identitario. Es que el impulso colectivista los lleva a desconocer al individuo y al bien común.
Según Jacques Maritain el bien común es “la conveniente vida humana de la multitud”, afirmando que se trata de que cada uno pueda vivir plenamente al igual que lo haga la comunidad. Esto afirma tanto a la persona como a su comunidad, sin excluir ni privilegiar a ninguno, o sea que es el conjunto de condiciones sociales que permiten y favorecen el desarrollo integral de todos los miembros de la comunidad. En esa visión, el bien común no es simplemente la suma de los bienes individuales, sino una cualidad propia de la sociedad que incluye tanto bienes de orden material como espirituales. El colectivismo marxista es distinto, porque subordina al sujeto a la comunidad. Esa es la manera con la cual interpreta el mundo Yamandú Orsi, la misma forma que lo entienden los integrantes de la 1001.
En Uruguay no hay marxistas practicantes pero con los de papel ya es bastante. Y cuando quieren pasar del papel a la acción, se pone peor.