Asimismo, no se trata de solo comprender el cerebro humano desde una mirada quizás predominante o hegemónica de la neurociencia, que puede hermanarse con la psicología cognitiva, sino de generar diálogos entre múltiples enfoques de las humanidades, las ciencias y la ética, para profundizar en las implicancias que tiene saber más sobre cómo pensamos y nos comportamos ante diversidad de situaciones. En buena medida se trata de conectar nuestras maneras milenarias, idealizadas y aspiracionales de entender a los humanos, que remiten, entre otras cuestiones fundamentales, a posturas filosóficas más o menos espiritualistas, racionalistas, empiristas y existencialistas, y lo que conocemos crecientemente sobre cómo procesamos y tomamos decisiones en la vida diaria. De hecho el auge de la neurociencia nos ha abierto a discutir, matizar y fortalecer visiones, estrategias y prácticas sobre quiénes somos y cómo nos comportamos que nos remiten, como primeros antecedentes, a la filosofía griega.
Un primer aspecto alude a dos visiones distintas que Houdé denomina la paradoja Kahneman – Piaget acerca de como las personas procesan y toman decisiones, y que tienen como denominador común, precisar cuánto nos acercamos o bien distanciamos de decisiones que puedan entenderse como racionales.
Por un lado, el referente mundial en economía del comportamiento y ganador del Premio Nobel de Economía en el año 2002, Daniel Kahneman, argumentó, en el libro “Pensar rápido, pensar despacio” (original en inglés, Thinking, Fast and Slow, 2011), que las personas pueden tomar sus decisiones o bien rápida e intuitivamente, apelando a los automatismos cognitivos inconscientes – esencialmente atajos que usa el cerebro y que incide en como procesamos la información – sistema 1; o alternativamente, tomar decisiones menos rápidas, más pensadas y más lógico-racionales – sistema 2. Una de las mayores preocupaciones de Kahneman, anotadas por Houdé, yace en que el sistema 2 predomina en nuestra decisiones, lo cual desnudaría lo irracional o ilógico de nuestros comportamientos y develaría un panorama sombrío de la vida en sociedad.
Por otro lado, el psicólogo suizo Jean Piaget, referente mundial en los temas atinentes al desarrollo de la niñez, enfatiza la progresión en el desarrollo de la inteligencia por ciclos etarios. Primeramente, Piaget analiza la inteligencia del bebé (hasta los dos años) que se desarrolla a partir de los sentidos y las acciones. Posteriormente, en las edades de 6 a 7 años, los niños y las niñas aprenden “que algunas cosas que han sido cambiadas pueden volver a su estado original” – por ejemplo, “el agua puede ser congelada y luego volver a su estado líquido, Paris, Ricardo, Raymond, & Johnson, 2021). Este estadio de desarrollo de la niñez se conoce como reversibilidad operatoria. Asimismo, el último estadio de la inteligencia (de 12 a 16 años), el adolescente desarrolla, según asevera Houdé, la capacidad de razonar sobre las proposiciones lógicas, las ideas y las hipótesis, y en efecto, el cerebro se vuelve capaz de abstraerse. El desarrollo del infante va desde los sentidos a la razón, y desde lo concreto a lo abstracto.
Un segundo aspecto refiere a la propuesta que realiza Houdé frente a la paradoja Kahneman – Piaget alternativa a la idea de una evolución lineal en el desarrollo del infante así como de entender el comportamiento humano sólo en términos de racionalidad e irracionalidad. Houdé parte de entender a la persona en su integralidad y singularidad, considerando su voluntad, sus emociones y sentimientos, y apoyado esencialmente por la integración de los conocimientos de la biología, la fisiología, la filosofía, la psicología y las neurociencias.
Houdé cuestiona la progresión del infante a través de estadios claramente delimitados ya que se ha demostrado que los bebes son más lógicos, conscientes y racionales que lo que se imagina. Por ejemplo, las investigadoras en psicología cognitiva, Elisabeth Spelke y Renée Baillargeon, han contribuido a identificar competencias cognitivas precoces en los bebés en relación a la cognición física, y asimismo, la también investigadora Karen Wynn lo ha hecho en relación a la cognición matemática.
La propuesta de Houdé consiste esencialmente en que además de los sistemas 1 (pensamiento automático e intuitivo) y 2 (pensamiento reflexivo y lógico-matemático) que planteaba Kahneman, existe un sistema 3 que implica movilizar la voluntad y la capacidad de las personas de inhibir el pensamiento automático e intuitivo. En efecto, la capacidad de inhibición de las personas, que frecuentemente se localiza en el hemisferio derecho del cerebro, depende de la maduración y el buen funcionamiento de las neuronas de la corteza prefrontal que ha sido documentado a través del análisis de las imágenes cerebrales tanto en infantes como en adultos.
Houdé se refiere a conflictos cognitivos entre asambleas de neuronas que se localizan en la corteza prefrontal y se vinculan con la ejecución de funciones ejecutivas tales como la motivación, la memoria, la atención y la inteligencia. Dicho conflictos tienen que ver en torno a si las asambleas de neuronas nos inclinan más a tomar decisiones basadas en respuestas intuitivas, rápidas, verosímiles e incompletas (sistema 1) o bien nos inclinamos por respuestas menos rápidas, y más reflexivas, analíticas y certeras (sistema 2).
Asimismo, Houdé nos llama la atención sobre los impactos de estos conflictos cognitivos en relación al aprendizajes de las alfabetizaciones fundamentales – por ejemplo, en aprender a leer y escribir como contar – así como en la capacidad de pensar y el respeto hacia otras personas. El conocer en profundidad estos conflictos cognitivos y de cómo abordarlos, resulta un tema crucial en los contextos actuales en que las personas están permanentemente estimuladas y tentadas por el inmediatismo de responder, y que en muchos casos, se transforman en reproductores de falsedades de diverso orden.
Por otra parte, Houdé argumenta que el fortalecimiento del efecto inhibidor de respuestas intuitivas y rápidas implica entender el rol del cuerpo, de las emociones y de los sentimientos en cada persona, y cómo se entremezclan en cada una de las decisiones que tomamos. Bajo esta línea argumental, uno de los referentes mundiales en neurociencias, Antonio Damasio (2023), argumenta que el universo de los afectos, esto es, la experiencia de los sentimientos que fluyen de las pulsiones, las motivaciones, los ajustes homeostáticos y las emociones, es una fuente y un instrumento del desarrollo de la inteligencia, la creatividad y la autonomía. Esto implica entender a los sentimientos como experiencias mentales que surgen de cómo el cerebro interpreta las emociones y que son estados físicos que emanan de las respuestas del cuerpo a estímulos externos. Claramente se ve las interconexiones entre el cerebro, la mente y el cuerpo mediado por los sentimientos. En tal sentido, Damasio asevera que no hay oposición entre sentimiento y razón ya que los humanos somos creaturas sensibles dotadas de pensamiento y creaturas pensantes dotadas de sentimiento.
Un tercer aspecto, que abre una perspectiva promisoria, radica en que según Houdé resulta posible fortalecer y diríamos educar a las personas para que desarrollen sus capacidades inhibitoriaes que son el meollo de la inteligencia humana. En efecto, la inteligencia tiene que ver con la capacidad del control ejecutivo de la corteza prefrontal que como mencionamos anteriormente, refiere por ejemplo a la motivación y a la atención. Las emociones y los sentimientos puedan activar el pensamiento reflexivo y ayudarnos a superar los sesgos cognitivos que nos lleva, por ejemplo, a privilegiar la información alineada a nuestras opiniones – conocido como sesgo de confirmación -, o a quedarnos en la zona de confort de nuestras creencias (Trécourt, 2023).
Houdé comparte la convicción que los centros educativos y la formación de educadores tienen un rol clave que cumplir en entender como los alumnos aprenden y en apoyarlos asumiendo que el desarrollo de la inteligencia se da en los entrecruzamientos de diferentes formar de pensar mediados por el todo indivisible que es cada persona.
Houdé se imagina a los educadores estimulando el desarrollo de emociones positivas en sus alumnos bajo el entendido que cualquier tipo de aprendizaje se ancla en los sentimientos, las emociones y la biología. Esto último tiene que ver, entre otros aspectos fundamentales, con las experiencias de niñas y niños en las escuelas, y en cómo las mismas afectan el proceso de regulación y de preservación del equilibrio biológico interno del organismo que se conoce como homeostasis. De acuerdo a Damasio, mencionado por Houdé, la homeostasia refiere al mantenimiento del equilibrio biológico a todo nivel incluyendo la conciencia y la cognición.
Inclusive Houdé comparte evidencia de una investigación neurocientífica realizada durante un semestre en una clase de biología de un liceo que implicó registrar la actividad cerebral de todos los alumnos a través de electroencefalogramas portátiles (EEG) que miden la actividad eléctrica en el cerebro. Los resultados del estudio muestran que conforme los alumnos aprecian más el curso y la pedagogía usada por el educador, en mayor medida las actividades cerebrales de los alumnos están sincronizadas. Asimismo, el estudio devela que otros dos factores – estar cercano a un amigo o alumno o alumna que conoce y la importancia dada a actividades en grupo – están asociados a una mayor sincronización de las actividades cerebrales. Más allá de las limitaciones del hallazgo del estudio, interesa hurgar en como la pertinencia, inclusividad y calidad de las propuestas pedagógicas puede llevar a que los alumnos se conecten entre sí así como potencien sus aprendizajes, individual y colectivamente, y se comprometan activamente con el desarrollo y la concreción de los mismos.
Ciertamente se abre un campo promisorio de experimentación y de análisis sobre las maneras mas efectivas de apuntalar los aprendizajes atendiendo a que cada cerebro es un mosaico único de características (Joel, 2015). Las personas a toda edad tienen un potencial de aprendizaje a descubrir y fortalecer, que es el correlato de que cada uno es un ser especial que aprende de manera singular en interacción con sus pares, docentes, familias y otras personas/instituciones relevantes.
Quizás tengamos que avanzar en renovados marcos de entendimiento y de intervención sobre la educación combinando saberes complementarios para efectivamente entender mejor al alumno y sus procesos de aprendizaje bajo el entendido que lo que finalmente impacta más y mejor en los aprendizajes es la empatía y la simbiosis entre los educadores y los alumnos sostenido por un sistema educativo garante y facilitador de oportunidades educativas personalizadas.