Asimismo, los soportes programáticos, institucionales, así como los requerimientos de recursos humanos, gestión y financiamiento para su concreción, son diferentes. Cabe señalar que la mejora de la calidad de los tiempos pedagógicos constituye de por sí una meta a priorizar en los diferentes formatos de jornadas escolar asociado al desarrollo y a la adquisición de diversos tipos de aprendizaje, y con foco en las alfabetizaciones fundacionales – lengua materna, matemáticas y ciencia.
Un reciente y valioso informe del BID nos ilustra sobre las experiencias de jornada escolar extendida de carácter opcional. El documento “Experiencias de jornada escolar extendida y opcional” (junio del 2024), producido por cuatro especialistas - Graciela Cappelletti, Natalí Savransky, Mariano Alu y Tamara Vinacur, en el marco de la Serie Más tiempo para aprender #1, mapea 17 casos a nivel de América Latina y otras regiones del mundo (Cappelletti, Savransky, Alu & Vinacur, 2024).
Los casos son clasificados en cuatro tipos: (i) gestión estatal con foco en la inclusión de las poblaciones más vulnerables y en particular en la mejora del desempeño académico y la participación comunitaria; (ii) surgidas desde el estado se orientan a mejorar el desempeño académico, fortalecer a la comunidad y despertar el interés de las y los alumnos; (iii) originadas en el sector privado y en coordinación con el estado, el foco son las habilidades digitales; e (iv) iniciativa del estado en mapear la oferta existente en cada territorio a efectos de facilitar la elección de familias y centros educativos.
La diversidad anotada podría también entenderse como una clara intencionalidad de focalizar la extensión de la jornada escolar ya sea teniendo en cuenta los perfiles de población, las áreas de aprendizaje o los modos de prestación. Cabría preguntarse en qué medida la focalización como criterio e instrumento, se podría alejar de propósitos y objetivos universalmente definidos para el sistema educativo en su conjunto, y potencialmente contribuir a generar circuitos, enfoques y estrategias educativas segmentadas. Alternativamente a enfoques que pueden alimentar la separación, el universalismo de las políticas puede implicar la instrumentación de estrategias focalizadas sustentadas en igualdad de propósitos educativos y objetivos de aprendizaje para todas las alumnas y todos los alumnos por igual.
En segundo lugar, consideramos, como correlato del punto anterior, que las jornadas y los tiempos pedagógicos extendidos son instrumentos que pueden coadyuvar a mejorar las oportunidades, procesos y resultados de aprendizaje de las y los alumnos en su conjunto.
Con independencia de la modalidad, la extensión de jornadas y tiempos pedagógicos supone su encuadramiento en los propósitos que persigue la educación. La formación de seres libres y pensantes munidos de las referencias, conocimientos y competencias requeridos para poder pensar por sí mismos, y ejercer efectivamente la autonomía de pensamiento y de acción, constituye uno de los propósitos últimos e insoslayables de la educación.
Podría parecer que dicha aspiración es abstracta y poco conectada con las necesidades concretas que se constatan en los centros educativos y en las aulas, pero su razón de ser yace en que todo tiempo educativo tendría que alinearse con desarrollar la capacidad de pensamiento de las y los alumnos estimulada por las y los educadores. Esto tiene particular relevancia en un contexto mundial actual en que la libertad está permanente asediada y cuestionada en diversidad de regiones, países y contextos.
En tercer lugar, el propósito último de la educación tiene que ser la base para que las jornadas y los tiempos pedagógicos extendidos, ya sean de carácter obligatorio u optativo, constituyan una herramienta fundamental para formar a las y los alumnos en mentalidades, estrategias y prácticas que hagan al planeta y al mundo sostenibles. Vivimos inmersos en una creciente insostenibilidad en lo cultural, social, económico, político, afiliatorio, ambiental y relacionado al cambio climático que requiere que la educación en su integralidad y especificidad asuma el desafío de forjar un nuevo modus civilizatorio.
Resulta crecientemente relevante alinear las propuestas educativas a cimentar la sostenibilidad para las generaciones futuras en el marco de diálogos intergeneracionales sustentados en la empatía, la solidaridad y la cohesión. Tal impronta intergeneracional permea el Pacto para el Futuro que incluye un Pacto Digital Global y una Declaración sobre las Generaciones Futuras, aprobado por los estados miembros de Naciones Unidas en la Cumbre del Futuro recientemente celebrada (22 y 23 de septiembre de 2024; Naciones Unidas, 2024).
En cuarto lugar, los propósitos de formar seres libres y pensantes, y de forjar sostenibilidad, tiene un soporte insoslayable en que las jornadas y los tiempos pedagógicos extendidos pueden constituir una herramienta potente para lograr mejoras significativas en calidad y equidad de los aprendizajes en las alfabetizaciones fundacionales – lengua materna, matemáticas y ciencia, que no entra necesariamente en contradicción con otros objetivos perseguidos a través de la jornada extendida. Dichas alfabetizaciones son la base para que las y los alumnos pueden ejercer la libertad de pensamiento, así como sean forjadores y guardianes de la sostenibilidad.
Por un lado, esto implicaría que un mayor tiempo educativo puede coadyuvar a entroncar el desarrollo de las alfabetizaciones fundacionales con generar espacios y oportunidades de aprendizaje que fortalezcan el conocimiento y las interacciones entre educadores y alumnos, su bienestar socioemocional, así como una formación intergeneracional democrática sustentada en una visión comprehensiva de los derechos humanos.
Por otro lado, un currículo rico y desafiante en diversidad de experiencias de aprendizaje – por ejemplo, en humanidades, STEAM (por su sigla en inglés Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemática) deportes y música – puede ser una vía potente de desarrollo de las alfabetizaciones fundacionales en la medida en que dichas experiencias conecten con la diversidad de aspiraciones y necesidades de las y los alumnos.
En quinto lugar, las propuestas sobre jornadas y los tiempos pedagógicos extendidos tienen que jerarquizar y ponderar de alguna forma los roles de la educación en múltiples planos complementarios de la política pública, a saber: (i) rol ciudadano con énfasis en forjar democracia e inclusión; (ii) rol social con foco en la justicia social y la igualdad de oportunidades; (iii) rol cultural orientado a fortalecer la convivencia y la apreciación de la diversidad y las diferencias; (iv) rol económico centrado en mejorar la calificación y competitividad de los recursos humanos; (v) rol comunitario vinculado a la localización de la educación en cada entorno; y (vi) rol de apoyo a la diversidad de constituciones familiares. Importa precisar cómo se entiende y plasma la combinación e integración de los roles de la educación en las jornadas y los tiempos pedagógicos extendidos, y su vinculación al desarrollo de los aprendizajes fundacionales, socioemocionales y ciudadanos.
En sexto lugar, se trata de problematizar el valor agregado del tiempo educativo a la luz de un enfoque cultural, antropológico y sociológico que hurgue en la diversidad de perfiles, aspiraciones y necesidades de las nuevas generaciones. No se debiera asumir que de por sí el tiempo educativo, que corre el riesgo potencial de ser en gran medida instruccional y formal, tiene un sentido positivo y de aceptación por las y los alumnos. De hecho, más tiempo, sustentado en formatos tradicionales de enseñanza y aprendizaje, puede no conectar, y más bien aburrir a las nuevas generaciones, y más que incluir, excluir.
Entendemos que la ampliación de los tiempos educativos es una formidable ventana de oportunidades para tejer alianzas entre espacios formales, no formales e informales de aprendizaje. Esto permitiría ampliar el abanico de experiencias educativas involucrando a las y los alumnos en su apropiación, y a la sociedad civil y las comunidades en su gestación y concreción. Como bien asevera el informe del BID, “el involucramiento de la comunidad puede también ofrecer oportunidades para aprender de las experiencias y conocimientos locales, integrándolos en el programa educativo”.
Asimismo, más tiempo implica también que las y los educadores puedan disponer de espacios para fortalecer los diálogos y los aprendizajes entre pares y con otros actores, así como para reflexionar, estudiar e innovar. El informe del BID hace hincapié precisamente en la conveniencia de “crear un entorno de apoyo donde los docentes y voluntarios compartan experiencias y reciban retroalimentación”.
En séptimo lugar, las jornadas y los tiempos pedagógicos extendidos puede implicar diversidad de modalidades que alternativamente a una educación fragmentada por niveles – esencialmente inicial, primaria/básica y media – podría implicar avanzar hacia una educación concebida por ciclos vitales – infancia, niñez, adolescencia y juventud-. Si efectivamente un mayor tiempo puede constituir una manera más comprensiva de entender a las y los alumnos como personas, y de apuntalar su desarrollo a través de diversidad de experiencia de aprendizaje. Nos parece que las modalidades que pueda asumir la ampliación del tiempo educativo pueden ser analizadas en función de su relevancia a la luz de contribuir a responder a las necesidades de las nuevas generaciones en sus ciclos vitales.
En octavo lugar, la necesidad que el perfil de los recursos humanos en modalidades de tiempos educativos extendidos pueda ser revisado a la luz de los propósitos educativos mencionados, y principalmente teniendo en cuenta la capacidad de entendimiento y de respuesta frente a la diversidad de perfiles de las y los alumnos. Ciertamente se requiere que además de fortalecer a las y los educadores en las competencias vinculadas a la animación, comprensión, versatilidad y flexibilidad, se incorporen nuevas figuras institucionales que hagan un ida y vuelta dinámico y constructivo en los centros educativos puertas adentro y afuera de los mismos.
En noveno lugar, las jornadas y los tiempos pedagógicos extendidos plantean desafíos al modus de gobernanza, gestión y financiamiento de los sistemas educativos. Entre otras cosas, esto implica fortalecer a los centros educativos en su capacidad de liderar, gestionar, evaluar y hacerse responsable de los tiempos educativos como manera de estrechar los lazos entre los para qué, qué, cómo, dónde y cuándo de educar y aprender. Esto supone ajustes normativos que puedan contribuir a plasmar un modus de gobernanza y de gestión más horizontal que confiera a los centros educativos mayores márgenes de decisión y acción.
Asimismo, la extensión de los tiempos educativos pueda tener mayor impacto si se estimula la libertad curricular y pedagógica de las comunidades educativas. La localización curricular y pedagógica de las propuestas educativas es clave para potenciar los impactos de tiempos educativos extendidos, y en tal sentido, resulta necesario fortalecer, tal cual asevera el Informe del BID, la “flexibilidad y adaptabilidad de los programas en horarios, contenidos y metodologías de enseñanza”.
Por otra parte, resulta insoslayable asumir el compromiso político y de política educativa que la expansión de las jornadas y de los tiempos pedagógicos requiere conjugar mayor cantidad de recursos destinados a la educación con su racionalización y foco en lo que se busca impactar. Resulta fundamental agudizar los enfoques y las acciones en mejorar las calificaciones y apoyar a los educadores, así como sus condiciones de trabajo y de permanencia en los centros educativos.
En décimo lugar, resulta necesario contar con un sistema potente de información que permita triangular evidencias y evaluar los procesos de ideación y gestión de las jornadas y los tiempos pedagógicos extendidos, así como sus impactos sociales y propiamente educativos. Se trata de descifrar la combinación de factores y procesos que pueden hacer del tiempo extendido una variable educativa potente a la luz de evidenciar sus efectos en mejorar la calidad y equidad de la educación, principalmente en relación a las alfabetizaciones fundacionales, socioemocionales y ciudadanas.
En síntesis, entendemos necesario analizar las estrategias orientadas a extender las jornadas y los tiempos pedagógicos en el marco de un enfoque sistémico sobre la educación y los sistemas educativos. Entre otros aspectos a considerar, sugerimos discutir sobre:
- la complementariedad y la diferenciación entre las estrategias orientadas a la extensión de la jornada sean de carácter obligatorias u optativas, de la ampliación del tiempo pedagógico, presencial y o híbrido, como un objetivo universal deseable;
- encuadrar toda estrategia de extensión del tiempo en los propósitos últimos perseguidos a través de la educación;
- aprovechar un mayor tiempo para formar en las y los alumnos en sostenibilidad;
- poner foco en las mejoras de la equidad y calidad en las alfabetizaciones fundacionales que, asimismo, se vinculen al bienestar socioemocional y a la formación ciudadana;
- ponderar los múltiples roles de la educación en la política pública en apuntalar las jornadas y los tiempos pedagógicos extendidos;
- problematizar el valor agregado del tiempo educativo extendido a partir de comprender las motivaciones y aspiraciones de las nuevas generaciones, así como fortalecer los espacios que estimulen la reflexión, los diálogos y los aprendizajes entre los educadores;
- potenciar el desarrollo de una educación más orientada hacia responder a las necesidades de los ciclos vitales de las y los alumnos;
- fortalecer las capacidades de entendimiento y de intervención de las y los educadores a la luz de la diversidad de perfiles de las y los alumnos;
- alinear los modus de gobernanza, gestión y financiamiento; y
- mapear sus impactos sociales y propiamente educativos desde la triangulación de evidencia.