25 de mayo 2024 - 5:00hs

Para Paula Scorza el informativo no era un objetivo profesional. No es que conducir un noticiero fuera el gran sueño de su vida ni nada de eso. Pero pasó. Después de toda una carrera que, salvo experiencias puntuales, se había desarrollado principalmente en medios escritos, la periodista pasó a la radio, primero, y a la televisión, después.

Ella quería, al canal le interesó, hizo una prueba, y desde hace algunos domingos ahí está Scorza, acompañando a Mariano López. O sea que ahora es también informativista. “Todavía es un poco desafiante, es raro, es distinto, pero está buenísimo”, dice en entrevista con El Observador, medio que, cabe aclarar, fue su hogar profesional durante 13 años.

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“No era el lugar en el que yo me imaginaba, ni siquiera la televisión era un lugar en el que yo me imaginaba trabajando”, reflexiona Scorza, que además también es conductora de Paren todo en El Espectador. “Pero estar ahí, ver que no era nada tan grave como parece de afuera, al revés, ver que era un lugar en el que uno puede hacer un montón de cosas que están buenas, y además conocer a un montón de gente que trabaja en el noticiero, me dieron esas ganas más fuertes de probar. Ya había trabajado para Telemundo en la cobertura de la campaña de la LUC, que estuvo súper intensa y me había gustado un montón. Me gustó el formato de trabajo, hacer un móvil, cosas así, que nunca lo había hecho, y eso también fue clave para despertar ese interés”.

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Entraste al canal hace cuatro años y ahora sos conductora de uno de los noticieros. ¿Te imaginabas que pudiera pasar eso?

No, para nada. Yo sentía que el diario era el lugar en el que iba a estar siempre. No porque no me gustara la tele, ni la radio, ni los otros formatos de medios, sino porque uno se acostumbra a las formas de trabajar, al lugar en el que trabajás. Y la verdad es que lo que yo nunca me imaginaba era que alguien un día me iba a decir “vení a trabajar a la televisión". Y cuando pasó estuvo buenísimo. Hay gente que tiene prejuicios con la televisión. Yo no los tenía, lo que no sabía era si lo iba a poder hacer bien. Ahí sí tenía algunas dudas. Pero después, con el trabajo de todos los días, eso se fue. La verdad es que el trabajo en Desayunos a mí me encanta, porque me permite hacer lo que más me gusta en el periodismo, que es hacer entrevistas y preguntar, y estar en los temas de actualidad, me hace muy feliz. Y en el noticiero pasa un poco lo mismo, porque estás muy en contacto con la actualidad, con lo que pasa todos los días, que es algo que a mí particularmente me interesa mucho.

¿Cómo te llevás con la adrenalina del vivo que tiene el noticiero, el poco margen de error que hay?

Está eso de que sentís que no te podés equivocar. Que tampoco es tan así, te podés equivocar y no pasa nada, pero tenés esa presión —o yo por lo menos capaz la tengo porque es el principio—. Pero la verdad es que en estas cosas que parecen de afuera tan formales y tan estructuradas, si hay algún error se humaniza un poco a la persona que está ahí parada dándote una noticia. No pasa nada, todos nos equivocamos.

Y hoy capaz se tolera un error en un informativo, que haya más soltura, más naturalidad.

Me da la sensación de que las personas que ves en televisión están mucho más humanizadas. Del periodista se esperaba que fuera una persona seria, que no opinara nunca de nada, era un mero transmisor de información y nada más. Me parece que eso cambió y me alegra mucho que tengamos más libertad en un montón de cosas, en la forma en la que nos comunicamos, las cosas que decimos e incluso las opiniones que, si corresponde, damos.

Poder reírse o ser menos solemne que antes.

Obviamente que hay algunos temas o situaciones que requieren de una sensibilidad o que no permite reírse, pero hay cosas de las que sí podemos y que son cosas que en otros momentos no se te cruzaba por la cabeza hacerlo, como de algo que pasa en una sesión en el Parlamento. Ahora como periodista te podés reír de cosas que pasan en la política y no pasa nada, e incluso reírte con los propios actores o hacer comentarios que no sean tan acartonados.

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Y ahora que estás adentro, ¿cómo ves a los informativos como productos periodísticos y televisivos?

Yo creo que los informativos siempre han sido, son y van a seguir siendo necesarios. Es verdad que hay mucha menos gente que mira televisión o que elige otras plataformas para informarse, pero me parece que el rol del informativo es como el rol del diario, pueden cambiar los formatos, pero es indispensable. Yo entiendo a los que dicen “no miro tele o leo diarios porque en Twitter está todo”. Bueno, sí, en Twitter está todo, pero muchas veces está distorsionado o en pedacitos. Creo que los informativos ayudan a entender un montón de cosas de la realidad en la que vivimos, cosas que nos pasan a todos, por qué se votan determinadas leyes, por qué se toman determinadas decisiones. Y ahí me parece que el rol de los informativos y de los programas periodísticos es indispensable. No me imagino un mundo sin eso.

¿Cómo ves el panorama para este año electoral?

A mí el año electoral en general me gusta pila, lo disfruto mucho, me gusta la competencia electoral, las campañas, me gustan tanto como a veces me quejo del bombardeo. La aparición de las redes contamina de alguna forma, tenés que chequear todo mucho más, que no me molesta, pero a veces te complica el trabajo, te hace perder un tiempo. Lo que sí tienen las redes que me parece positivo es que también democratiza mucho el debate, todos podemos opinar de todo. Hay gente que lo usa bien, hay gente que lo usa espantoso, pero no me quejo de que existan las redes. Creo que hay que andar con cuidado y eso para las personas que tenemos la responsabilidad de informar es estar con cuatro ojos, porque también esta cosa de que todo tiene que ser ya y eso te puede llevar a confundirte y tomar una expresión de alguien y darla, y capaz que no se estaba refiriendo a lo que vos pensaste que se estaba refiriendo; el vídeo de 30 segundos no son 30 segundos, seguramente su contexto es importante. A veces las redes te hacen perderte un poco y opinar en base a algo de 30 segundos sin saber qué venía antes y qué venía después. Eso es un error que tenemos que tratar de no cometer.

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Has contado que tu arranque en los medios fue casi de casualidad. ¿Ahora te pasa de volver a ese momento y pensar “¿quién lo hubiera imaginado?”

Todo el tiempo. Yo estudiaba Derecho y lo de periodismo fue una cosa para ver qué onda, no sabía muy bien qué hacer de mi vida, no sabía bien qué me gustaba, estaba probando y entonces cuando terminé de estudiar periodismo y fui a trabajar a Peñarol Verdad, porque era una cosa que me gustaba mucho, fui a ver qué pasaba sin pensar jamás que eso iba a derivar en después poder trabajar en otras cosas que fui descubriendo. Por ejemplo, la política siempre me gustó, el consumo de noticias siempre me gustó, pero capaz que no pensaba que me iba a dedicar a eso, y una cosa fue llevando la otra. Por eso ahora a veces miro para atrás y me sorprende un poco. Pasaron como veintipico de años y el camino estuvo buenísimo, porque vas aprendiendo qué te gusta más, vas encontrando tu lugar, que lleva un montón de tiempo y es algo que nunca termina. Pero estar en un lugar profesional en el que te sentís cómodo me parece que es una suerte. Me siento muy afortunada en ese sentido.

Ahora que ya pasaron algunos años, ¿extrañás la dinámica de diario o ya había un desgaste? ¿Era el momento de manejar otros tiempos?

La dinámica de diario es muy desgastante. Creo que también la dinámica del diario es muy necesaria para aprender un montón de cosas de cómo trabajar en periodismo. No digo que sea excluyente, que el que no trabaja en un diario no puede ser periodista, en todas las redacciones se aprende. Pero cuando vos trabajas en un diario te especializas en temas, cubrís determinadas áreas, entonces eso te permite tener mucho más conocimiento de las cosas, de los temas de los que vas a escribir, te permite tener más tiempo o quizás en una época un poco más lejana donde la inmediatez no era tan importante como ahora te permitía tener tiempo para trabajar las noticias, hablar con un montón de personas y eso te da mucha calle, además de estar todo el tiempo yendo a los lugares. A mí que me gusta mucho el Parlamento, ir todo el tiempo me hacía aprender mucho de cómo se relacionaban los políticos entre sí, de cómo se planteaban las discusiones, de cómo llegaba un proyecto y transcurría hasta hacerse ley. Te ayuda mucho a generar experiencia y a saber cómo trabajar. Pero es verdad que es muy desgastante, entonces en el momento en el que yo dejé El Observador, después de 13 años, tenía como esa doble sensación de, por un lado, necesitaba bajar un cambio de esa modalidad de trabajo que sabes cuándo empieza y nunca cuando termina, y por otro lado de extrañar también cosas del día a día. Pero por otro lado también el trabajo en la tele, como sigue siendo trabajo periodístico, sigue siendo todo el día. Sólo que el formato del diario es un poco más exigente en horas.

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Después de toda una vida en prensa, llegás primero a la radio y después a la tele mucho más adelante, salvo algunas experiencias previas. ¿En qué momento sentís que llegaste a esos medios?

Me parece que llegó en el momento en el que yo periodísticamente me sentía como más sólida. Me parece que eso estuvo bueno. Si hubiera sido al revés, no sé, quién sabe. A mí me gusta que haya sido así.

¿Cómo te llevaste con el lógico salto de exposición que implica pasar de un medio a otro?

La verdad es que sí hay una cosa con la que no me llevo bien pero convivo, y es con eso de que mucha gente siente que tiene derecho a insultar, a decirte cualquier cosa sin ningún tipo de filtro, a lo que lleva un tiempo acostumbrarse, que cuando trabajás en un medio en el que estás más oculto no pasa, o pasa menos. Pero con la exposición de estar en ese lugar y que la gente te conozca más, no hubo problemas. Viste que Uruguay en ese sentido es muy tranqui.

Más allá del chiste que hizo en Twitter, ¿cómo fue la reacción de tu pareja, Alejandro Amaral, cuando pasaron a hacer competencia directa entre Telemundo y Santo y Seña, donde él trabaja?

Fuimos mucho más competencia cuando él trabajaba en Últimas Noticias y yo en El Observador y los dos cubríamos política, los mismos temas, en un tiempo en el que las primicias se guardaban para el día siguiente. Ahora es una gracia, un chiste. Compartimos esa media hora al aire en dos programas que son totalmente distintos, así que todo bien, tenemos muy aceitada la competencia.

Temas:

Paula Scorza Telemundo Canal 12 Desayunos informales

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