5 de enero de 2019 5:02 hs

Cuando suene la campana de largada y se abra la gatera todo quedará atrás. Nadie se acordará del peón que se levanta a las 5.30 de la mañana. Mucho menos del entrenador y el jockey que a las 6.30 están en la pista entrenando.

Cuando los caballos empiecen a transcurrir los metros en pista unos pocos recordarán las historias de sacrificio del año. Esas que quedan atrapadas entre las paredes del stud. Las de aquellos que todos los días del año se levantarán a atender al caballo. Para ellos no hay invierno. No hay lluvia. Hay que sacar al animal, limpiar, prepararlo para varear, darle de comer.

Cuando las damas de sombrero y los hombres vestidos para la ocasión inicien ese momento de locura donde todos empujan a grito pelado, pocos sabrán que ese hombrecito que va arriba del caballo no tuvo Navidad ni Año Nuevo. Muchos menos días feriados. Para él, todos los días son iguales. Cuidarse, acostarse temprano, ir al baño turco para bajar de peso y arriesgar el físico ahí arriba a 60 kms. de velocidad, como el exitoso Walter Báez que desde los 24 años anda por la vida con un oído menos producto de una caída a cambio de $ 1.200 por carrera o una jugosa comisión si gana. Porque acá, todo se mide por victorias.

Maroñas convoca. El domingo es la fiesta máxima del turf. Se corre, pero más que correr, se vive el Gran Premio José Pedro Ramírez. Una fiesta ineludible para los burreros.

La televisión llevará la fiesta al país entero. Pero detrás de los focos hay innumerables historias, cuentos y vivencias que el común denominador de los uruguayos desconoce.

En un año Walter Báez, el hombre más exitoso del turf nacional, cumplirá 60 años en el mundo de los caballos. Como será la cosa que cuando entró por primera vez a la pista de Maroñas tuvo que conseguir una autorización del Consejo del Niño firmada por su madre.

Su familia se vino de su Carmelo natal a Maroñas. Se alojaron en una casa donde enfrente había un stud. La sangre le tiraba. Y empezó a concurrir todos los días. Allí le empezaron a enseñar a montar. “Venía de la escuela y me iba a subir al caballo. A agarrar las riendas, que no es fácil, porque un caballo criollo lo monta cualquiera, pero un pura sangre es complicado”, contó Báez a Referí.

Su infancia no fue sencilla. Transcurrió entre seis hermanos, sin padre y vendiendo pastillas en el tranvía y diarios en la calle para ayudar a su madre.

Hasta que definitivamente se metió en el stud. Peón primero, vareador después hasta alcanzar el sueño pibe: ¡jockey!

Jamás imaginó Báez que la historia le tendría reservado un lugar preferencial.

Ganó cuatro veces el Ramírez, tiene el récord de carreras ganadas en un año con 163. Y también como entrenador, con 90 competencias en un año. No hay otro en la historia.

Preparación del caballo

Para llegar a una competencia de estas características hay historias que se desconocen.

Aníbal San Martín acumula de estas historias desde los 16 años. Su carta de presentación dice que ganó el Ramírez con Imperrito y Fletcher. Pero acaso el logro más comentado en el ambiente es que fue el cuidador de Invasor, un caballo invencible que, producto de su venta, le permitió comprar un stud.

“Yo tengo los caballos acá y me tengo que hacer cargo de todo, que esté sano, la alimentación. A las 5.30 la gente del Stud ya está trabajando. Nosotros arrancamos en la cancha a las 6.30 hasta las 10.30 que es la hora que te dan cancha (la pista de Maroñas para entrenar)”, comenzó contando sobre la tarea diaria.

El día a día no es sencillo. El caballo requiere atención todos los día del año.

“De mañana se saca al caballo, se lo ata, se limpia. Y ahí se va a la cancha. Se varea, luego vuelve al stud. El peón, si es necesario, le da un buen baño. En este tiempo generalmente se lo baña siempre por el calor, pero en invierno hay que cuidarlo. Tiene que ir abrigado, no lo podés descuidar porque se te puede agarrar una pulmonía. Cuando vuelve se le tiende la cama y se le da de comer. Se lo deja hasta la tarde. A las 15.30 se abre otra vez, se le limpia, y se lo saca a caminar si está anotado para correr. En la tarde se le da un poco más de comer que en la mañana”.

San Martín reveló que el animal se le da de comer “avena y maíz, alfalfa, pasto verde que hoy te lo traen y a algunos, al que necesite, se le puede dar alguna ración con vitaminas. Yo soy partidario de dar suero”.

Diego Battiste

Y aclara: “Acá pasamos el año Año Nuevo. Tiene que haber gente adentro para darle agua al animal, porque toma mucha agua, la comida, no se sacó a varear porque yo prefiero no sacarlos a la calle ese día. Pero aparte el primero de año, el que tiene anotados para el 6 de enero, tiene que varear. Tienen que salir a la cancha a entrenar. Entonces para el que está anotado para el Ramírez no hay feriado, no hay nada. Tiene que trabajar con el caballo".

El entrenamiento

Trabajar con un caballo para que llegue a ser considerado en un gran premio como el del domingo no es sencillo. Requiere tiempo, paciencia, mirar, escuchar y estar atento a todos los detalles.

El que da el visto bueno para que un caballo sea anotado en una carrera no es el cuidador, el entrenador ni el jockey. No. El que sabe es que el hombre de las gateras. El que abre las gateras.

“Hay que enseñarlos a los potrillos en la gatera. Enseñarlos a largar y la gente de la gatera cuando están prontos, ellos te dan el visto bueno. El caballo se anota cuando el de la gatera te dice está pronto”, comentó San Martín a Referí.

Claro que hay otros detalles llamativos y que hacen al asunto. Aunque al común denominador de la gente le resulte curioso, se debe acostumbrar al animal a recibir golpes de terrones de tierra en el cuerpo.

“Antes de debutar, al caballo tienen que enseñarlo a que le peguen los terrones, por eso se entrena con uno o dos adelante como si fuera en carrera porque el caballo cuando va a correr los terrones le pegan muy fuerte en la cabeza. Algunos caballos se asustan, entonces hay que enseñarles eso para que cuando vaya a correr no extrañe los golpes. En un entrenamiento puede tener dos caballos adelante, pero cuando uno tiene una carrera son 10 o 12 que le van tirando de todos lados”.

Sobre el tema Báez aportó. “Yo de pronto los hago correr con uno o dos medio cerca para lanzarlo por los palos y ver que puede pasar”.

La sacrificada vida de jockey

Cualquiera puede pensar que esos hombrecitos que van montados arriba del caballo son privilegiados que se suben al animal, lo toman de las riendas y disfrutan el vértigo de conducirlo a la meta.

Nada más alejado de la realidad. Su vida diaria es sacrificada. A modo de ejemplo, no se pueden exceder ni un gramo de peso, caso contrario no podrán montar y eso significa que no cobran. No tienen salario. Cobran $ 1.200 por carrera. Los que entran entre los cuatro primeros se llevan una comisión del premio.

Para Walter Báez, el jockey con más gloria del turf nacional, el peso siempre fue un dolor de cabeza.

“Yo siempre fui pesado, el tema del peso era cruel para mí. ¿Cómo daba el peso? Haciendo ejercicios, corría, comía poco y en el Hipódromo había un baño turco. Entonces en la mañana temprano, sobre todo en invierno, me metía en el baño turco. ¡Pah, si las habré pasado!”, contó entre risas.

Acotó que “el peso ideal es entre 50 y 52 kilos. Antes había caballos que llevaban 47 kilos. Hay que tener en cuenta que la montura pesa entre un kilo y un kilo doscientos, a eso se suma la ropa. Cuando yo corría la chaquetilla era de raso, era brava, con botones. Pesaba como medio kilo. Hoy son de licra, no pesan nada, una papa. Son como las de los ciclistas”.

Y enseguida entró en la dedicación que deben tener los jóvenes que se inician en la profesión.

“Mire, para esto, hay que ser profesional. Si quiere llegar mire a su familia, a sus hijos y decida. Yo cuando viene un chiquito acá le digo haga esto, que es trabajar, escuchar y si me tiene que preguntar algo, pregunte". El entrenador San Martín puso el ejemplo de Julio Jorge, al que consideraba un jockey brillante.

“Julio Jorge fue un gran jockey pero no se podía con la vida de él. Su final fue corriendo Raid en Melo. Rodó y lo mató el caballo. El Negro era tremendo. En los stud todos los viernes hay asado. Un día estaba el Negro y me dice me voy porque mañana tengo que correr. Le digo, pero quedate, te hago una pulpita. Pero se fue. Nosotros nos quedamos, comimos el asado y nos quedamos jugando al truco. A eso de las dos de la mañana me voy y pasó por la puerta de un boliche, miro, y lo veo al Negro jugando al pool y alrededor de la mesa minado de botellas de cerveza”.

¿Quiénes corren?

El Ramírez no es un gran premio que corre cualquier caballo. A lo largo de la temporada se hace una clasificación de puntos y aquellos con mejores puntajes son los autorizados a inscribirse.

Los caballos no corren todos los domingos. “Salvo aquellos que de pronto quieren sacar un caballo de perdedor y lo anotan dos o tres domingos seguidos”, acotó San Martín.

El cuidador acota que un caballo sufre mucho estrés en competencia. “Hay caballos que pierden hasta 10 o 15 kilos en una carrera. Hay que hacerles análisis después, y ver si come bien. Para mi la base fundamental es si el caballo come bien”.

Pagar para correr

Además de sumar los puntos en las principales carreras para poder quedar habilitado a correr el Gran Premio Ramírez, se debe pagar una inscripción. No vaya a pensar que el caballo que corre el domingo lo hace gratis. De ninguna manera.

Báez reveló que el costo para anotar al animal es de $ 26 mil. Está claro que si el caballo gana todos tiran cohetes por el premio, pero si no ingresa entre los premiados, la inversión se va al tacho.

¡A la cancha!

Y llega el gran día. Maroñas de fiesta. Whisky importado, damas elegantemente vestidas, las luces de la televisión. Y como dice el refrán, en la cancha se ven los pingos.

¿Cómo se gana un Ramírez? No vayan a pensar que se abren las gateras y hay que salir disparado. Hay técnicas de carrera y, como en el fútbol o el básquetbol, tácticas.

“Claro, hay que estudiar al caballo”, empieza diciendo el súper premiado Báez.

“Hay caballos a los que les gusta correr solos adelante, entonces si hay otro que le gusta correr adelante, hay pelea. Y si hay pelea se favorece el que viene atrás. Esas cosas se hablan entre el entrenador y el jockey y se prepara al caballo para eso. Se le enseña corriendo con caballos que corran más pausado”.

Báez acotó: “Yo aprendí mirando, escuchando, preguntando. Hoy hay escuelas de aprendices. Yo nací y me formé adentro de un stud. Uno va mirando. Como en el fútbol, cuando hay un jugador que le pega bien a la pelota uno se tiene que arrimar y preguntar. Hasta el día de hoy lo hago porque no me considero nadie. Tengo 71 años y no me la creo, soy perfil bajo y quiero seguir aprendido”.

Diego Battiste

En toda esta historia hay mucho de entendimiento entre el animal y el jockey. Porque, como dice San Martín, en el stud el caballo convive con el peón pero a la pista va con el jockey. “Hay dolores del animal solo el hombre que va ahí arriba los nota”.

Y aportó detalles increíbles: “En cierto trecho del recorrido uno le pide al jockey dale un chirlo al caballo para que se despierte un poco pero no darle una paliza. A Imperrito (ganador del Ramírez) no le gustaba el trabajo. Pero al revés de lo que piensan, era generoso en los trabajos y llegaba la carrera y se quedaba. Entonces lo vareábamos suave para que llegara bien al cierre”.

Un caballo, según Báez, puede alcanzar una velocidad de 60 kilómetros.

“Da 54 segundos en 1.000 metros, así que saque la cuenta. Después hay otras distancias, la del Ramírez es distinta entonces ahí se ve la habilidad del jockey para administrar las fuerzas del animal”.

Los peligros arriba del animal, en plena carrera, con otros de su especie buscando la meta, están a la orden del día. ¡Qué le van a contar a Báez que corrió más de 30 años sin escuchar de un oído!

“Una vez una rodada me costó 8 meses de recuperación y perdí el oído izquierdo. Tenía 24 años. Pensé que no me daban más la ficha médica. ¿Cómo hacía? Le leía los labios a la doctora. Vio que el 70% de las veces le dicen el número 18. Ya lo tenía estudiado (risas). Y así corrí como 30 años y pico. Un poco de ventaja daba. Después en otra caída me quebré las costillas, dos veces las piernas, peroné, el tobillo, el codo".

La gloria

La bolsa para el ganador del Ramírez, según reveló Báez, es de $ 4 millones de los cuales al ganador le quedan tres.

Es que se deben descontar las comisiones de todos aquellos que trabajaron con el animal. Si gana, cobran todos: el jockey, el cuidador, el peón, el sereno. “El jockey gana el 10%, el cuidador el 11%, el peón el 2,5%, el sereno el 2%”, revelaron.

Báez reveló que “hoy el jockey que gana una carrera común gana $ 20 mil y de ahí para arriba. Mi primera casa la pague $ 9 mil y por mi primer Ramírez cobre $ 1.500 de comisión. Hoy el que gana un Ramírez  se lleva como US$ 10 mil y algún regalo que le haga el propietario”.

Cuando las luces se apagan

El domingo de noche las luces del Hipódromo se apagan. El Palco quedará vacío. La semana comenzará otra vez el lunes a las 5.30 de la mañana. El jockey gozará de su día de gloria. Y, como en toda situación de vida, aparecerán los amigos de la gloria. Báez, el más ganador de la historia, la vivió y les sugiere a las nuevas generaciones.

“Se le van a arrimar para pedirle plata. A mí me pasó. Y se lo digo a todos los pibes que vienen acá a empezar en esto. Yo lo primero que hice cuando nacieron mis hijos fue mudarme. Compré un ranchito y me desviví por mis hijos. Los pude mandar a Colegio privado, cosa que yo no pude hacer porque fui hasta quinto año de escuela. Por eso les digo siempre a los pibes que vienen: acá miren, escuchen y si tienen dudas pregunten. ¿Las juntas, las amistades? Que sean su mamá, su papá, porque lo van a invitar a todos lados. No vaya. Invente cualquier excusa, pero no vaya. Porque usted se tiene que levantar todos los días a las 5.30 de la mañana a entrenar”.

 

El programa de Maroñas para el 6 de enero

Hora 12.40: Premio Jockey Club Brasilero

Hora 13.05: Premio Club Hípico de Santiago

Hora 13.30: Premio Hipódromo La Plata

Hora 13.55: Premio Jockey Club de Perú

Hora 14.20: Premio Jockey Club de Sao Paulo

Hora 14.45: Premio Escuela de Jockeys y Vareadores

Hora 15.10: Premio OSAF

Hora 15.35: Gran Premio Maroñas

Hora 16.05: Premio Hipódromo Argentino de Palermo

Hora 16.30: Premio 125 años de la Sociedad Criolla Dr. Elías Regules

Hora 16.55: Premio Jockey Club Argentino

Hora 17.20: Gran Premio Pedro Piñeyrúa

Hora 17.50: Premio Hipódromo de las Américas

Hora 18.20: Premio Hipódromo de Chile

Hora 18.50: Premio Hipódromo Presidente Remón

Hora 19.20: Premio Jockey Club de Río Grande do Sul

Hora 19.45: Premio Sistema Integrado Nacional de Turf

Hora 20.30: Gran Premio José Pedro Ramírez

Hora 21.20: Premio Sofitel Montevideo Casino Carrasco

Hora 21.45: Gran Premio Ciudad de Montevideo

Hora 22.15: Premio Valparaiso Sporting Club

 

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