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17 de febrero 2026 - 5:00hs

La comisión nos dijo que la bronca tiraron
Porque muchos vecinos no ponen pa'l tablado
Cuando colegio hicieron me fueron a golpear
Dijeron que perdonen, nosotros nunca vamos
Y están todos acá

La retirada de Patos Cabreros de 1953 podría leerse como una crónica de aquellos carnavales que ya no existen. La letra de Eduardo “Tronillo” Gamero pinta una escena vecinal, barrial, de un tablado típico de la época: desde el esfuerzo de la colecta de la comisión organizadora para levantar el escenario hasta el largo noviazgo de una joven pareja y el deseo de tener un nuevo espectador el próximo febrero. Una atmósfera barrial y carnavalera. Una foto de otra época.

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La investigadora apuntó durante años los detalles y pormenores de los tablados de Montevideo en una serie de cuadernos que guardaba sin más intenciones que el registro casi obsesivo de la historia. “Siempre supe que no iba a publicar esa locura de listas, de ubicaciones y esquinas, que nadie en su sano juicio sería capaz de leer. Me pudo más la persistencia. Era necesario recuperar cada tablado con los detalles que lo hicieron único y que permiten recomponer imaginarios y huellas espaciales de una ciudad que está dejando de ser y que todavía vive en la memoria de aquellos viejos tablados”, recuerda.

Sin embargo, esos cuadernos terminaron siendo parte del material que dio lugar a su última investigación: Carnaval y Ciudad. Un proyecto que desarrolló en conjunto con Karina Acosta y Belén Pafundi que logró geolocalizar los escenarios carnavaleros a lo largo de 135 años, y que próximamente será una nueva adición a su amplia producción bibliográfica.

Un mapeo de todos los tablados que existieron en Montevideo desde 1890 hasta la actualidad. Alrededor de 9.000 registros que trazan una geografía festiva de Montevideo.

“Son mapas de identidad que le dan un sentido cultural y social distinto al territorio. Siento que hay una Montevideo mítica que de alguna manera todavía vive en la memoria de esos viejos tablados”.

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Además de los registros personales de Alfaro, consultaron fuertes oficiales y publicaciones de prensa aunque gracias la minuciosidad de los cuadernos manuscritos lograron recuperar un 30% de datos que no figuraban en otros registros. El segundo desafío fue comparar las calles de aquel Montevideo perdido con el trazado urbano que habitamos un siglo después.

Bajo la premisa de que pensar en el Carnaval también es una forma de pensar en la ciudad, Montevideo se convierte en una constelación de estrellas en el mapa. Unos miles de registros (entre tablados, teatros de barrios, clubes sociales, escenarios populares y escenarios comerciales) que organizaron carnaval a lo largo de 135 años. Los tablados que fueron –y los que perduran– como una forma de expresar el sentir de una comunidad.

Hacia 1930, señala la investigadora, había alrededor de 300 tablados en Montevideo. Actualmente en el Carnaval 2026 son 26 los tablados que sobreviven, entre escenarios populares y comerciales, además iniciativas itinerantes como Barrio a Barrio y Carnaval de a pie o iniciativas por fuera del concurso como Carnavalé y Más Carnaval.

La peripecia histórica de aquellos escenarios encierra muchas de las claves que permiten reconstruir uno de los relatos más abarcativos y reveladores de la fiesta. “Los viejos tablados callejeros, gratuitos, que se levantaban en las esquinas con todo un barrio atrás. Está el concurso, que viene de la parte oficial y de las autoridades, pero después toda la movida de los tablados es una iniciativa que corre pura y exclusivamente en base al entusiasmo y la participación colectiva de la gente. En la primera mitad del siglo XX existe una fuerza brutal que después, por diferentes factores, va decayendo”.

En 1890 el Tablado Saroldi sentó las bases de una manera fundamentalmente uruguaya de hacer carnaval. Ubicado en el barrio Cordón, en la intersección de 18 de Julio y Rivera, el Saroldi se construyó a instancias de la iniciativa de los vecinos. “En esa plazoleta que hay ahí, donde hay una estación de Ancap, estuvo el primer tablado vecinal”, señala Alfaro.

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Tablado de barrio: 300 escenarios al año y el pulso de la vecindad

Don René Le Clerk se encargaba de registrar cada ingreso y egreso en una planilla puntillosa. El farmacéutico del barrio era también el tesorero de uno de los tablados de la zona, el que se montaba en la esquina de Vitruvio y Comercio, que en ese febrero de 1937 tenía un nombre acorde a la influencia italiana del barrio: Cosí lo vedo. Un cuaderno, que hoy guarda el Museo del Carnaval, anotaba noche a noche todos los conjuntos que se presentaban, el premio que se les asignaba, y llevaba toda la contabilidad del tablado.

Aquellos tablados llevaban en sus nombres el pulso de su barrio o hacían referencias a eventos recientes. Nombres que también fueron rescatados de la memoria por esta investigación. Negocio en el Selva, Sinfonía inconclusa, Piedra libre, La alegría del barrio, Fantasía mejicana, A cada chancho le llega su San Martín, Entrá no más no te achiques, Llanto del Pierrot, Qué decís este año, El día que me quieras.

Escenarios que se inauguraban con grandes despliegues artísticos y escenográficos. Un concurso que se creó a fines de los 20 y perdura hasta los 70, premiaba anualmente a los doce mejores tablados de la ciudad y cada primer puesto era el orgullo de un barrio entero. Un fenómeno que, según la investigadora, encuentra un momento realmente deslumbrante entre los años 40 y 50.

“Las fotos que yo veo a nivel de prensa de esos tablados son cosas que no puedo creer, hechas por la gente y además en general en zonas con bastantes limitaciones económicas. Es todo a pulmón con el aporte del albañil del barrio, del pintor, del carpintero. Todo eso basado en saberes artesanales”.

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Por aquellos años, además del Concurso Oficial de agrupaciones cada tablado tenía su concurso donde se daban premios modestos. Pero los conjuntos no cobraban un cachet. “Era una economía del tablado que estaba al alcance de la gente, que a través de colectas y pidiendo colaboraciones a los negocios de la zona juntaba el dinero con el cual el tablado era viable. No era un negocio, ahí nadie tenía ganancias, apenas cerrabas en la plata pero lo podías mantener”, señala Alfaro.

En los años 50 las cosas fueron cambiando. El nacimiento de Daecpu (Directores Asociados de Espectáculos Carnavalescos Populares del Uruguay) como una asociación de carnavaleros en 1952 fue clave en ese sentido. “Nació bajo la consigna de que los conjuntos quieren cobrar cuando bajan del tablado, tener un contrato, tener un pago por la función. Nada de premios, que a veces se daban y que a veces no se daban, y con los que también se cometían abusos, porque había tablados que prometían premios y después cuando se iban a cobrar no estaban”, explica Alfaro.

Ese cambio económico en la proyección de los tablados comenzó a asfixiar la economía de los escenarios barriales. “Se tuvo que empezar a pensar en otras posibilidades económicas que el tablado no tiene. Ahí empezó a mermar notoriamente la cantidad de tablados callejeros y a aumentar paralelamente otro tipo de tablados. Se le siguen llamando tablados, pero en última instancia son escenarios construidos en lugares cerrados donde el acceso está circunscripto al pago en una entrada”.

Esa privatización, señala la historiadora, también fue de la mano de la profundización en la profesionalización que siempre existió a nivel del carnaval. “Los conjuntos cobraban cada vez más porque también sus figuras tenían otras pretensiones económicas, y era inevitable que se generara una forma de circulación cultural donde la rentabilidad y la comercialización tuviera un rol preponderante y terminara con aquellas cosas propias de otra época”, señala la investigadora.

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A una situación apretada en lo económico, se le sumaría entonces la presión social y política. La década del 70 y la instalación del régimen dictatorial le dieron otro golpe a los tablados. “En el período de la dictadura no es que los hayan prohibido, pero los militares tampoco estaban en la onda de promover ese tipo de cosas. No les interesaba estimularlo porque no sintonizaba con su proyecto. Ese es un periodo en el cual prácticamente los tablados callejeros dejan de existir. Luego de la restauración democrática se intentó recuperar el tablado, incluso se hizo un concurso de escenografías, pero duró dos años. Ya las formas de consumo cultural iban por otro lado”.

La televisión, señala Alfaro, introdujo un cambio fundamental a la hora de consumir Carnaval. Un cambio que se profundiza en los últimos años. Actualmente la influencia de las redes sociales en la dinámica del carnaval introdujo una nueva innovación tecnológica que puede competir o intrometerse en el desarrollo de la fiesta. “El Carnaval se adapta porque si no se muere. Son cosas contra las cuales no podés ir. Si vos no buscás la manera de estar en esta otra modalidad, fuiste. Por lo menos encontrás la manera de sobrevivir en condiciones diferentes”, dice Alfaro.

Uno dice que hoy hay muy pocos tablados, que es real, pero en el Velódromo caben 5.000 personas y esos son 50 tablados de antes. Todos eran tabladitos a los cuales iba el barrio y que de repente en una noche habían 100 personas en cada uno. Sería divino pero muy utópico pensar que eso hoy pudiera ser viable”.

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Un mapa actual

Montevideo ahora tiene menos puntos en el mapa. La veintena de escenarios que funciona este año está diferenciada entre siete tablados privados en funcionamiento y 19 escenarios populares.

¿Cuál es la relevancia del tablado contemporáneo? “Arriba del escenario de los tablados pasa mucho más de lo que pensamos cuando decimos Carnaval, concurso y 40 espectáculos. Y abajo del escenario también. El tablado es un poco el corazón de la fiesta donde se encuentran todas las personas que lo viven: el público con el artista o la artista”, dice Chiara Miranda Turnes, magíster en Ciencias Humanas, investigadora y coordinadora de la Cátedra Unesco en Carnaval y Patrimonio.

La investigadora se propuso continuar con el análisis de los escenarios en los que se desarrolla el carnaval con una mirada del presente. En 2023 realizó un mapeo de la fiesta con una sistematización de las ubicaciones y las noches de carnaval de cada tablado además de una categorización de la forma de funcionamiento de los escenarios carnavalescos. ¿Están asociados o no al circuito del concurso oficial? ¿Dependen o no de la voluntad de vecinas y vecinos? ¿La entrada es paga o es gratuita?

Un relevamiento que ha seguido de cerca también en los años siguientes, arroja como primera conclusión que no ha habido grandes cambios entre 2023 y este carnaval de 2026 en lo que refiere las ubicaciones de los escenarios y la cantidad de noches en las que los barrios pueden ir al tablado.

“La foto no cambia demasiado. A veces aparece un tablado, cierra un tablado, pero no suele cambiar mucho ni la cantidad de tablados comerciales y populares, por ejemplo, por lo menos en lo que es el circuito del Concurso Oficial. Tampoco las noches de tablado, porque los populares abren los fines de semana y los comerciales algunos toda las semana y otros un poquito menos. Lo que sí está pasando ahora, que me parece interesante y me gusta mucho, es este fenómeno de los festivales en los tablados comerciales antes de que empiece el carnaval”.

Los resultados de la investigación confirmaron algunas sospechas sobre el funcionamiento de la fiesta en los barrios. El mapeo de la actualidad confirma que los tablados comerciales se concentran en la zona costera de Montevideo, que es a su vez el área de mayor poder adquisitivo, y los tablados populares de la Red de Escenarios Populares, los escenarios móviles y los tablados de los circuitos autogestionados, como Carnavalé y Más Carnaval, están descentralizados.

Esa foto lleva una conclusión clara: “Hay un montón de barrios, específicamente en las partes de Montevideo que no son las de mayor poder adquisitivo, que sólo tienen carnaval por iniciativa de personas que militan voluntariamente para que eso suceda”.

“En los escenarios populares de la Red de Escenarios Populares cada puesto de trabajo involucrado durante el carnaval es voluntario. Desde la persona que se pasa todo el domingo en la sede de Daecpu para agendar la programación de la semana, la persona que te vende la entrada, la que te corta la entrada en la puerta, la que te vende el ticket para comprar la cantina, la que prepara la comida. Todos los roles son voluntarios. Entonces, si bien hay un apoyo estatal fuerte para el pago de los conjuntos que hace que esto sea posible, ninguno de los tablados existiría si no fuera por el trabajo voluntario y militante de decenas de personas. Y en los circuitos autogestionados, más aún”.

“Si no fuera por el trabajo voluntario de los vecinos de los barrios, el Carnaval de Montevideo no llegaría a todos”, señala Miranda. “No es una sorpresa, pero para mí poder constatarlo es fuerte: la mayor parte de la población de Montevideo tiene acceso a ver un espectáculo de carnaval en vivo porque hay personas que voluntariamente dicen ‘esto es importante, queremos que suceda, vamos a dejar muchas horas de trabajo gratuito para eso’”, señala Miranda.

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Además, puntualiza que esas comisiones vecinas y vecinos están mayoritariamente sostenidas por mujeres y personas mayores.

"Obvio que hay un montón de varones participando porque son comisiones muy grandes, pero el trabajo de sostener la identidad son fundamentales las mujeres. Y también hay un tema etario que me parece interesante, hay mucha gente mayor, quizás personas jubiladas. Es interesante como para pensar un poco qué estamos haciendo con ellas en nuestra sociedad. ¿Cómo pensamos a una persona después de que se jubila? ¿Cuál es ese imaginario?", señala la investigadora haciendo un cruce generacional y de género.

Desde el punto de vista de los artistas, enfatiza, el tablado es el escenario donde tienen la posibilidad de mostrar su espectáculo y probarlo con la gente. Eso es, a fin de cuentas, lo que lleva a madurar los espectáculos en carnaval. "Es una fuente de trabajo, cada tablado se paga, entonces si todo el carnaval logra sostener que haya más tablados en los barrios, también son más oportunidades de presentar el espectáculo y de recibir un pago por presentarlo", recuerda.

El trabajo en los tablados también puede tener su repercusión en los espectáculos, ¿Cómo se piensa un espectáculo que rinda a nivel de concurso, pero a la vez no pierda su esencial en los tablados?

“Ahí los conjuntos son muy creativos y buscan muchos recursos para poder hacer esa propuesta. Pero hay distancias entre los distintos tipos de escenarios”, apunta la investigadora.

Miranda señala en este sentido una tensión entre el espectáculo planificado para el Teatro de Verano y su adaptación para los diversos tablados en los barrios. “Hay una distancia enorme puntualmente en géneros donde los momentos de emoción o de humor tienen mucho que ver con una cierta ambientación, con una coreografía, con la posibilidad de ejecutar ciertas canciones de cierta forma y la iluminación y la propuesta visual y todo eso no funciona igual en los distintos escenarios”, dice, aunque aclara que en los últimos años se ha alcanzado “una situación más estándar respecto a los requerimientos técnicos” en los tablados.

Más allá de los espectáculos, los escenarios de carnaval se posicionan como un espacio importante para la construcción de convivencia. “No perder los espacios de convivencia presencial es una necesidad urgente social. Hay muchas formas de habitar el tablado, todas son válidas pero eso implica una negociación”.

Eso que tiene que ver con lo que sucede entre conjunto y conjunto. En la cercanía, el intercambio, la convivencia. “Hay otra porosidad entre el espectador, el espectáculo y el escenario. Un nene que se acerca a la batería de una murga y lo dejan tocar el bombo. Y suben a cantar la bajada. Eso es hermoso”.

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