70 años del Desfile de Llamadas: cómo fue la primera edición de una expresión que ya era "masiva" y hoy es "multitudinaria"
Una noche de 1956 se realizó el primer Desfile de Llamadas organizado por la Intendencia de Montevideo, una celebración –y competencia– que empezó este viernes y sigue este sábado con la participación de 46 comparsas de diferentes puntos del país
Sonaron los tambores y la comparsa avanzó con fortaleza ancestral desde el corazón del barrio. El primer Desfile de Llamadas marcó el inicio de una historia que lleva siete décadas de transformaciones que comenzó como una "oleamar del color y del sonido".
La crónica de la revista Mundo Uruguayo, en su edición de marzo de 1956, describió la sensación de una ciudad ante lo que fue el primer Desfile de Llamadas organizado por la Intendencia de Montevideo. El texto, titulado Pleamar del carnaval en el barrio Palermo, describe el inicio de una celebración que 70 años después se ha convertido en uno de los eventos culturales más esperados del país.
"En el sur comenzó el fuego de los tamboriles en cuanto el día se metió en la carroza de la noche. En el sur comenzaron las 'llamadas', palo y lonja, vino y baile, en el alboroto de los morenos, en el rebrillar de los estandartes, en el enceguecedor bicherío de luces de los espejos pegados a los cueros, en el endiablado y ardillesco andar de las escobas, en el temblor de manos y brazos acompasados al 'llamado' de los tamboriles, calle adelante, por las calles de Palermo, por entre paredes rosadas y remates de azoteas de antaño, por frente a las rejas de entonces, de cuando comenzó esta ebullición de la sangre instintiva de los negros. El espectáculo arrebató la curiosidad de la ciudad. Y la ciudad se escurrió por las calles en pendiente que van a asomarse a los enormes balcones del mar", se lee en la publicación recuperada por la Biblioteca Nacional.
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El cronista describe a las bailarinas de Morenada –la comparsa nacida de Mediomundo apenas tres años años antes– danzando por la calle “como suspendidas del propio ritmo que animó el espectacular desfile a lo largo de las calles de Palermo, que nunca vieron tanto público, ni jamás escucharon tantas voces de admiración y aplausos”. Quien escribe se refiere a aquellas “barreras humanas” que se agolpaban para ver a la comparsa que salía del “inmortal conventillo de Cuareim y Durazno” dejando apenas lugar para que avanzara la comparsa.
La gracia de las bailarinas de “Fantasía Negra" fue muy aplaudida por las decenas de miles de personas que se apretujaron en torno de aquel inolvidable espectáculo, regalado por los negros de Palermo, auténticos mantenedores de este fuego sagrado. La gracia de las bailarinas de “Fantasía Negra" fue muy aplaudida por las decenas de miles de personas que se apretujaron en torno de aquel inolvidable espectáculo, regalado por los negros de Palermo, auténticos mantenedores de este fuego sagrado.
De aquel primer desfile de llamadas participaron siete comparsas: Hijos de Ansina, Guerreros Africanos, Los Tamborileros, La Candombera, Armonía Negra y las que se coronaron campeonas en un primer puesto compartido, las emblemáticas Fantasía Negra y Morenada. Las agrupaciones desplegaron entonces el virtuosismo del candombe en toque y danza en lo que fue el primer Desfile de Llamadas con la intervención de la IM, una expresión cultural afrouruguaya que desde entonces desborda las calles de Barrio Sur y Palermo también en Carnaval.
“Este tema ha tenido bastante polémica respecto a si ha sido conveniente que se hayan oficializado las llamadas en el marco del carnaval”, dice el historiador, activista y difusor de la cultura afrouruguaya Oscar Montaño. “No es un tema tan sencillo porque las comparsas ya estaban incorporadas al cronograma, porque estaban participando en el concurso oficial de Carnaval en Montevideo cantando y tocando sus instrumentos desde el siglo XIX”, señala.
El periódico montevideano La Matraca publicó una pequeña descripción de lo que fue el carnaval en 1832 donde describe la participación de “los negros con su tango". Tango, explica el especialista, en referencia a la expresión utilizada para referirse a la práctica de tocar el tambor.
La historiadora y especialista en Carnaval Milita Alfaro también señala en esa publicación el primer registro del candombe en el Carnaval y explica que a fines de 1860 y comienzos de 1870 “se multiplicó el número de agrupaciones en el carnaval montevideano” con “un perfil muy distinto” al que tienen las comparsas en la actualidad.
“Toda la primera mitad del siglo XX transcurrió con mucho reconocimiento de las comparsas por parte de la gente y a nivel popular, pero fueron resistidas por las élites dirigentes y la gente que quería un carnaval más 'a la europea'. Hay opiniones y comentarios muy discriminatorios. Sin embargo, el candombe pudo más y se consolidó. Quizá uno de los principales reconocimientos de ese proceso es que en 1956 se celebra por primera vez el desfile de llamadas. Las llamadas son como el punto culminante del carnaval montevideano”, sostiene Alfaro.
Desfile de llamadas 2025/Más que lonja
Foto: Leonardo Carreño
Sin embargo, la intención de la comunidad aforuruguaya de mediados del siglo XX era otra. "La propuesta original que elevó el maestro Rubén Darío Gallosa, artista plástico e intelectual afro uruguayo, no había sido incorporar las llamadas al cronograma oficial de la Intendencia sino organizar lo que denominaban aquellos maestros las Fiestas Negras”, señala Montaño.
Las Fiestas Negras se desarrollarían desde el veinticuatro de diciembre hasta el seis de enero con actividades que pusieran en valor diferentes aspectos de la cultura afro uruguaya, desde las festividades de Nochebuena hasta San Baltazar, y se coronaría con dos grandes fiestas: una en el conventillo Mediomundo y otra en Ansina. Las negociaciones entre ACSU (luego ACSUN, Asociación Cultural y Social Uruguay Negro) con la Comisión Municipal de Fiestas, se realizó –según indica Daecpu en su página oficial– a través de uno de sus integrantes: Oscar Larraura Suárez.
“De alguna manera lo que hizo la Intendencia fue tomar la expresión más popular, que era la salida a la calle de los tambores. Pero el objetivo era recrear las salas donde se reunían las diferentes naciones africanas en el siglo XIX y mantener vivas las tradiciones”, sostiene Montaño.
Finalmente las Llamadas se largaron por las calles de Palermo sin consenso dentro de la comunidad. "Hubo gente del colectivo afro que siempre estuvo de acuerdo y otras que no. Nunca hubo una posición unánime. Como en la sociedad misma", comenta el historiador. De hecho, en Historias de exclusión: afrodescendientes en Uruguay el propio Gallosa expresa que la idea original era una fiesta auténticamente folklórica, no carnavalesca. “Era una fiesta fuera del Carnaval. Teníamos que hacer una semana de festejo. Pero nunca nos llevaron el apunte, decían que salía mucha plata”.
“La Llamada no puede estar organizada, y menos la del Carnaval. La Llamada es una largada de tambor, una salida se encontraba con otra, era algo espontáneo”, expresa.
Montaño señala que dos de las comparsas más emblemáticas que marcaron esa segunda parte del siglo XX, como Fantasía Negra y Morenada, se integraron a aquel primer desfile y resultaron ganadoras. “Entre las dos ganaban casi siempre. Fueron muy pocas las llamadas a las que faltaron. Ellos fueron representación del barrio y el colectivo en la Llamada. Ahora, lo que sí es verdad, es que siempre ha habido parte del colectivo que no ha estado de acuerdo con esta incorporación en las fiestas de las Llamadas. Eso es parte de la diversidad que existe en cada colectivo”.
Aquellas comparsas no eran iguales a las que desfilarán este viernes y sábado por Isla de Flores. Eran, en principio, considerablemente más reducidas. “En el número eran 20 tambores o eran prácticamente la mitad de los tambores que hay hoy. La cantidad de integrantes era en todo sentido era prácticamente la mitad”, dice Montaño. De alguna manera aquella expresión colectiva era el producto de la familia, del barrio y de la comunidad. Y el toque, señala el especialista, era únicamente el toque de un candombe libre que las bailarinas, las mama viejas y los gramilleros interpretaban con destreza.
Sin embargo, aquella sociedad de 1956 que se congregó de a “decenas de miles” –según la publicación de la prensa– también era la de un Uruguay de un racismo estructural y una discriminación hacia la colectividad latente. “Había racismo, y era racismo directo”, señala Montaño.
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“Esta participación de alguna manera también ayudó a visibilizar masivamente lo que era la cultura afro en la expresión del candombe. Porque el candombe ha sido siempre integrador, a pesar de la discriminación que sufrió durante todo el siglo XIX y en gran parte del siglo XX. Gente de diferentes extractos sociales se incorporó a él. Ese paso, que después se distorsionó en lo que se pretendía, de alguna manera también ayudó en la visibilización y en el hecho de que el colectivo afro mayoritariamente –aunque obviamente que había gente blanca– marcaba también su presencia. Estamos presentes, a pesar de que no nos dejan entraren otros lugares, estamos aquí con esta fortaleza. Debió haber sido un buen mensaje en ese sentido”, dice Montaño.
En las siete décadas que el que las Llamadas se han consolidado como una de las fiestas más convocantes del calendario de celebraciones del año. En medio, la colectividad afrouruguaya -y con ella el candombe- atravesó un proceso dictatorial y un desalojo que también hicieron parte de la resistencia y la evolución del candombe.
“Donde nació Fantasía Negra fue en la casa de inquilinato Barrio Reus al Sur, o el denominado Conventillo Ansina, y donde nació Morenada, fue en el conventillo Medio Mundo; los dos emblemáticos conventillos que desalojaron al igual que el conventillo Gaboto del barrio Cordón de donde también salieron Lonjas de Gaboto. De esos tres conventillos se nutre el nacimiento de lo que se denomina los tres toques madre: Ansina, Gaboto y Cuareim. Esos tres emblemáticos lugares fueron desalojados por la dictadura. Su gente fue llevada a otros barrios. Sin embargo el Candombe siguió su camino, las comparsas siguieron adelante y el candombe se fue diversificando en en todo el país”.
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Foto: Leonardo Carreño
Actualmente el Desfile de Llamadas reúne en dos noches a 44 comparsas de diferentes puntos del país, con más de cien componentes y como parte de un concurso reglamentado. Se trata ahora de una fiesta, meticulosamente organizada. “Antes era una expresión que si bien era masiva, hoy es multitudinaria”, señala Montaño.
En este sentido, Alfaro señala también la participación de la Intendencia, en tanto parte de la organización de las Llamadas –que actualmente se comparte con las asociaciones de candombe–. “El Estado le da al carnaval un respaldo institucional que es muy importante, pero eso tampoco es gratis. Si vos participás y generás los concursos, vos podés tener mayor manipulación. En ese sentido, nuestro Estado es muy inteligente”, sostiene la historiadora, bajo el entendido de que en la fiesta de Carnaval se articulan tanto el Estado como la sociedad y el mercado.
“No te prohíben nada, simplemente te ponen un concurso y te dicen ‘voy a premiar a los que hagan esto’ y como la gente quiere ganar deja de hacer aquello y va a hacer lo que el concurso premia. Hay una cuota de manipulación evidente en las llamadas y en el Carnaval. También hay muchos sectores afro que consideran que determinados parámetros de repente le quitan espontaneidad, le quitan lo que la gente querría ser, porque hay que adecuarse a los reglamentos que te imponen”, señala la investigadora.
La crónica de esa noche recupera el color, el brillo, el sonido y el movimiento de aquellas primeras Llamadas. La noche en que Montevideo sintió "en el hondón del alma, en los más delicados meandros de su sensibilidad esta espléndida marea crecida sobre las aguas de un Carnaval desbordado en música y lujos de color, en ritmo y lujos de baile, en destreza y lujos de agilidad. Un Carnaval dentro de otro Carnaval. Como demostración decisiva de la inmortalidad del arte negro: creador y actor de sí mismo”.