30 de agosto 2025 - 5:00hs

Con la vara más alta que nunca tras la cosecha récord de 2024/25 y márgenes presionados por los bajos precios internacionales de la soja y el maíz, la carrera de la agricultura hacia la zafra de cultivos de verano 2025/26 arrancó con las primeras siembras de maíz temprano en el norte del país.

Son difíciles de volver a alcanzar los excepcionales rendimientos que colocaron al maíz en 7.452 kilos por hectárea y a la soja en 3.121 kg/ha, según la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP).

Pero el ánimo de los agricultores es positivo: “Después de una muy buena zafra en kilos, la motivación es que se puede lograr”, afirmó Elena Loaces, responsable del Departamento Técnico de la Unión Rural de Flores (URF).

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La producción también fue récord para los cultivos de verano en la zafra 2025 según la estimación del MGAP: la soja 3,83 millones de toneladas (MT) y 1,94 MT de maíz, aunque los privados calculan que la cosecha de soja arrojó unos 4 MT.

Mantener la productividad en un nivel alto vuelve a ser la clave de la próxima campaña, en particular para el maíz que en las estimaciones de costos de siembra difundidas en las últimas semanas registra subas de alrededor de 3% en los costos en dólares corrientes y antes de la suba del gasoil anunciada este jueves, de $ 48,08 a $ 50,14 por litro.

En la estimación de la Sociedad de Fomento de Colonia Valdense (Sofoval) el maíz de primera sube de US$ 974 a US$ 1.004 por hectárea sin renta y el rendimiento de equilibrio trepa de 5.000 kilos por hectárea en 2024 a 5.200 kilos en la próxima zafra. El precio proyectado es el mismo del año pasado: US$ 200 por tonelada.

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No es fácil: agricultura a cielo abierto

“Lo que pretendemos es dar una referencia de que las vallas a saltar tienen determinada altura”, afirmó Carlos Ramírez jefe de insumos de Sofoval: “Se logra saltarlas pero haciendo todo muy bien y ligando un poco con el clima, como es la agricultura a cielo abierto”, dijo.

La urea y los fertilizantes fosfatados muestran fuertes subas respecto a un año atrás, según las referencias de importación de Aduanas.

La urea subió 10% en cuatro meses, unos US$ 40 por tonelada, mientras que los fosfatados MAP y DAP aumentaron más de US$ 100 por tonelada respecto a un año atrás y especialmente desde marzo: un incremento de alrededor de 16%.

Trasladado al productor, el incremento en los nutrientes es de 18,5% interanual: el año pasado la urea costaba US$ 141 por hectárea y los fertilizantes US$ 91 y para este año subieron a US$ 174 y US$ 101 por hectárea.

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Costos exigen a los rindes de equilibro en soja y maíz

La soja de primera en Sofoval es proyectada a un precio promedio de US$ 365 por tonelada, apenas cinco dólares por encima de la campaña pasada.

El costo de siembra da un respiro con una baja de 6% desde US$ 663 en 2024 a US$ 622 este año, más bajo de los últimos cuatro años.

Los rindes de equilibrio se sitúan entre 1.700 y 1.900 kilos por hectárea en los tres escenarios de rendimientos proyectados por Sofoval cifrados en 1.800, 2.500 o 3.000 kg/ha.

La baja de precio de la semilla de soja de hasta 30% respecto al año pasado alivia la cuenta de la oleaginosa. En URF se presupuesta la hectárea de soja de primera a US$ 590, por debajo de los US$ 631 de un año atrás.

Al no haberse cosechado la zafra de 2023 por la sequía faltó esa generación de semillas en 2024 y el precio de la semilla importada encareció la siembra.

Sembrar con semilla de uso propio en el caso de ser posible es una de las pocas recomendaciones para ajustar costos en la siembra de soja.

“Para afinar en insumos no hay mucho que mover”, indica Loaces, “porque la base de fertilización la marca la demanda del suelo, y eso impacta en el rendimiento; en las labores y los temas sanitarios tampoco hay rubro donde abaratar”.

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En la URF el maíz de primera se proyecta en US$ 890 por hectárea de costo de siembra y US$ 726 la hectárea de maíz tardío, sin cambios en el precio de la semilla pero “el maíz tiene un volumen de urea alto que impacta en los costos y no tiene sustituto”, señaló la responsable técnica.

El atraso que traen los cultivos de invierno aporta algo de incertidumbre a las definiciones de área, indicó Loaces.

Si bien el fuerte de URF es la soja, hay más consultas por maíz de segunda y si avanzada la primavera hay buena humedad “puede haber un movimiento” hacia la forrajera.

A nivel país se espera un incremento del área de maíz que podría superar las 300 mil hectáreas y mantener la producción por encima de 1,8 millones de toneladas.

La creciente demanda de maíz desde los corrales de engorde y los tambos ofrece un buen panorama para el maíz, descalzado de los históricamente bajos precios de Chicago, entre US$ 150 y US$ 155 por tonelada el maíz disponible y en el eje de US$ 170 el de la próxima cosecha.

En el mercado local el maíz cotiza a US$ 205 por tonelada.

La soja podría ver recortada ligeramente el área que en el último año fue estimada por la DIEA en 1,229 millones de hectáreas.

Las proyecciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) actualizadas en agosto reducen en 45 mil hectáreas la superficie de soja en Uruguay para 2026 y estiman la producción en 3,1 millones de toneladas.

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El girasol y su rinde de equilibrio

El girasol ofrece el mejor rendimiento de equilibrio, con costos que subieron unos US$ 50 hasta US$ 665 por hectárea, pero un precio estimado que saltó de US$ 435 en 2024 a US$ 511 por tonelada este año, con bonificaciones de 52% por contenido de aceite.

Así, en el escenario de rendimiento más bajo para el girasol, de 1.500 kilos por hectárea, se anticipa un margen de US$ 101 por hectárea y de US$ 319 y US$ 537 si se obtienen rendimientos de 2.000 o 2.500 kilos por hectárea.

En el último año la estimación de DIEA para el girasol fue de 2.054 kg/ha.

Más allá de las sensaciones positivas de la última zafra “para los cultivos de verano hay mucha preocupación por los precios y los costos de los insumos, van perfilando una zafra desafiante, con rendimientos de equilibrio que siguen siendo altos y difícilmente repitan los resultados récord de la temporada pasada”, señaló Alejandro Nopistch, gerente de la filial Río Negro de Copagran.

En las estimaciones de costos de siembra de la firma Dufour Commodities, que incluyen renta -a diferencia de los presupuestos de Sofoval y la URF- los márgenes son muy ajustados para el maíz y negativos para la soja, incluso previendo rendimientos por encima del promedio. Para quienes arriendan el desafío es mayor.

Con un costo de US$ 1.172 por hectárea y un precio estimado de US$ 185 por tonelada, el rendimiento de equilibrio se sitúa en 6.300 kg/ha con renta. La proyección de productividad es de 6.500 kg/ha, por debajo de la última zafra pero unos 500 kilos arriba del promedio de las últimas cinco cosechas.

El maíz de segunda arroja un costo de US$ 973 y un rendimiento de equilibrio de 5.600 kg/ha sobre un precio proyectado de US$ 175 por tonelada. El rendimiento estimado es de 6.000 kg/ha, una productividad alta para el maíz tardío sin riego.

Según los costos proyectados por Dufour Commodities la soja de primera debería repetir el rendimiento de la última zafra, más de 3.200 kilos por hectárea, para que el productor rescate la inversión incluyendo renta. Se estima un precio de US$ 350 por tonelada.

Para que la proyección estimada de 2.800 kilos producidos por hectárea permita empatar se necesita que el precio de venta de la soja supere los US$ 400 por tonelada.

La soja de segunda, también en rojo si se estima en US$ 350 por tonelada, requeriría US$ 924 por hectárea para ser sembrada y un rendimiento de equilibrio de 2.640 kilos por hectárea.

La estimación de rinde es de 2.500 kg/ha por lo que el precio de equilibrio se sitúa en US$ 370 ton, que es el precio que esta semana se manejó a nivel de los operadores locales por la soja de la próxima cosecha.

Esta semana en Chicago la soja en la posición julio 2026 se estabilizó sobre US$ 405 por tonelada. Con una prima de US$ 25 el precio esperable sobre esa base está en el entorno de US$ 380 puesta en Nueva Palmira; dada la distancia que hay a la cosecha se ofrece algo menos al que quiera asegurarse una primera venta antes de sembrar. Los operadores locales ofrecían hasta US$ 370 por tonelada de soja 2026 la semana pasada.

Se larga “una carrera intensa” en la que “los márgenes de equilibrio se mantienen altos; hay zonas y productores que pueden tener el manejo más afinado, pero no son rindes tan fáciles de alcanzar”, asume Carlos Ramírez.

En la zona de Sofoval, al sur de Colonia, los monitoreos de temperatura del suelo del INIA indican que “ya se cruzó el umbral de los 10ºC” y se estima “que estamos con una buena acumulación de agua” por lo que en la primera semana de setiembre se podría comenzar con la siembra de maíces de primera.

Desde Flores, Loaces reconoce que es difícil aspirar a “dos años seguidos de cosecha récord” pero la lectura tras la última zafra es que si el clima acompaña y el manejo es adecuado “los materiales que tenemos son buenos y la genética tiene el potencial de rendir en todas las zonas”.

Si bien la apuesta en lo previo es exigente, la fuerte demanda por maíz por parte de los corrales, el sector lechero y la avicultura permiten suponer un precio aceptable, similar al de este año, en torno a los US$ 200.

Los rendimientos de equilibrio son altos, pero también es cierto que la productividad en Uruguay ha ido en ascenso.

La reciente suba del gasoil acentúa un panorama de aumento de costos que ha sido impulsado mayoritariamente por los fertilizantes.

En el caso de la soja, la flexibilidad en la fijación de precios y la esperanza de repetir altos rendimientos justifican la inercia del área de siembra, aun considerando que cuando se incorpora el costo ficto o real del uso de la tierra, las perspectivas de lograr un margen positivo son dudosas.

Complicado, como en Maracaná

En tanto Brasil siga aumentando el área y China se mantenga ausente del mercado de Chicago, la competencia para los productores uruguayos será como de visitante en el Maracaná.

Fácil no es, pero imposible tampoco.

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