“Se va a hacer tanta agricultura como la ganadería necesite; vamos a terminar siendo un país maicero”, sostuvo el vicepresidente de la Mesa de Alimentación a Corral, Juan Domenech.
La cosecha de maíz de casi 2 millones de toneladas en la última zafra, con demanda exclusivamente doméstica y a la que se agregan 70 mil toneladas importadas post cosecha, junto al incremento de área sembrada este año de maíz de primera y la estimación de un área récord para todo el maíz en 2025/26 respaldan esta afirmación.
La agricultura y la ganadería “van de la mano” apuntó Daniel de Mattos, encargado de los feedlot de ADP, “y no solo el corral sino que hay un aumento de los niveles de energía –grano- en toda la cadena de producción”.
“Creo que estamos en ese proceso de cambio donde el 2026 va a tener un mayor protagonismo de los corrales de engorde, la relación de granos a carne parecería ser que va a seguir siendo buena, el precio de lo que vendamos va a seguir siendo bueno, el estímulo de la cría va a seguir existiendo”, considera el presidente de la Asociación Uruguay de Producción de Carne Intensiva Natural (Aupcin), Álvaro Ferrés.
“Y parecería ser que va a ser el tercer año en que se van a entorar un volumen grande de vacas y vamos a seguir con los tres millones y pico de terneros; podríamos dar ese salto productivo que tanto estamos anhelando en Uruguay”, dijo Ferrés en Tiempo de Cambio de Radio Rural.
La demanda de la industria por carcasas más pesadas que permitan extraer una mayor proporción de cortes de alto valor excede ya los períodos de faena para mercados específicos como la cuota 481 de carne enfriada para la Unión Europea o las faenas kosher para Israel. Y a ello se agrega la necesidad de reducir el riesgo de la dependencia de la oferta en el mercado spot con negocios acordados previamente y corrales propios de la industria.
El incremento de los animales de corral se traduce en la baja de la edad y en el aumento de peso a faena. Hasta 2020 los novillos precoces –dientes de leche y novillos de 2 a 4 dientes- eran entre el 40% y el 50% del total de la categoría y en los últimos 5 años suman entre el 60% y el 70% de los novillos faenados.
En 2025, hasta el 11 de octubre, el peso promedio de los novillos faenados es el más alto de la serie histórica: 291 kilos en cuarta balanza, 2 kg. más que en 2024 y 6,5 kg, por encima del promedio de los últimos 5 años.
La intensificación se acelera
En la última década, aunque con vaivenes el crecimiento ha sido la tendencia y factiblemente está en una etapa de aceleración. En 2015 la faena de corral se acercó a las 200 mil cabezas, 9% del total, y fue creciendo sostenidamente hasta alcanzar los 300 mil animales y casi 15% de la faena total en 2020. Para 2025 el umbral de los 400 mil vacunos está al alcance de la mano, subiendo un escalón hasta el 17,5% del total de faena.
Eso explica que a pesar del marcado faltante de una categoría clave como los novillos de dos a cuatro años, por los efectos de la última sequía, este sea un año en que la faena total va aumentando 6,5% respecto al año pasado. La faena de corral casi cuadruplica ese ritmo y va creciendo 23,5% respecto a 2024.
Desde enero y hasta el 4 de octubre los frigoríficos ingresaron 315 mil vacunos terminados a grano en corrales registrados por el Instituto Nacional de Carnes (INAC) que son aquellos habilitados para cuota 481. Son 60 mil cabezas más que las 255 mil del año pasado.
El 78% fueron novillos (245.700) y el 22% vaquillonas (69.300), la mayor proporción de hembras desde 2020.
El 27% de todos los novillos faenados en 2025 procede de corral, manteniendo una proporción que ha sido estable en los últimos cuatro años. En el caso de las vaquillonas la proporción viene subiendo hace tres años y saltó de 21% en 2024, a 26% del total de vaquillonas faenadas este año.
La cifra de novillos es 16% superior a la de un año atrás y las vaquillonas ya superaron el total de 63.537 en 2024 y podrían cerrar el 2025 con un 38% de aumento respecto al año pasado.
De mantenerse este ritmo en el último trimestre del año la faena de corral cerraría 2025 con unos 312 mil novillos –solo 5 mil más que el año pasado y por debajo del récord de 322.062 en 2021- mientras que las vaquillonas alcanzarían un máximo de 88 mil cabezas, 24 mil más que en 2024 y por encima de las 82.640 del tope en 2019.
Pero eso solo indica que ha sido un año de aguda escasez de novillos. Y da la pauta de que el año próximo habrá un aumento importante.
Las cifras de INAC probablemente subestimen el volumen total originado en corral, ya que no contabilizan los animales terminados a grano de los corrales que no tramitan la habilitación para cuota 481. “Hay corrales que dejaron de hacer ganado cuota y no se volvieron a registrar por las exigencias ambientales complejas, para los otros mercados no se necesita”, señaló Domenech.
Según Ferrés el número total podría duplicar al oficial: “la cantidad de ganado que hoy se está originando en los corrales de engorde estimamos que anda entre los 60.000 y los 70.000 animales por mes, o sea unos 700.000 a 800.000 animales por año que reciben concentrado para su terminación”.
El cuello de botella: la reposición
El principal insumo animal para los corrales, que después de unos 100 días de encierro devuelven a la industria un animal terminado para faena con el mayor peso de carcasa posible, es el novillo de 380 a 400 kilos.
“Esa categoría escasea, está pagando las consecuencias de la seca de 2023 y se ha extraído mucho”, afirmó Domenech. Hay muchos jugadores de corrales encerrando que buscan novillos de esa generación de 2,6 millones de terneros, sentida por la baja parición del año 2023.
Las vaquillonas reemplazaron en parte la baja de oferta de novillos y aceleraron el ritmo de crecimiento del sector, afirma Domenech.
La vaquillona de pasto abastece habitualmente el mercado de abasto, pero la vaquillona de corral va destinada a la exportación y sale de los encierros con un peso similar al de los novillos, de 530 kilos en pie.
“Hasta cierto kilaje, 460 o 470 kilos, la vaquillona es igual en eficiencia, pero la industria la necesita para cortes de exportación más pesados aunque pierda eficiencia”, indicó.
La presión de la oferta de reposición limitada y a valores altos de más de US$ 3 por kilo de novillo cambia la estrategia de los corraleros con negocios más largos. Ya se está viendo demanda por ternero de sobreaño con la relación favorable de un kilo de alimentación más barato que el kilo de animal.
El 2026 con la vara alta
Los precios de los contratos que la industria consolida para las ventanas futuras de faena de cuota actúan como un termómetro para el gordo, en ausencia de un mercado de futuros local que este año volvió a operar sin éxito.
Los novillos que se van a faenar en la ventana que está empezando fueron acordados en US$ 5,60 y US$ 5,70, en su momento unos 40 o 45 centavos por encima de las referencias del gordo.
“Ahora se juega el partido de la ventana de febrero”, señala Domenech, y con los valores actuales “a la industria no le está quedando fácil y no estaba queriendo validar los precios para febrero” porque el corral precisa vender el novillo a US$ 5,90 o US$ 6 por kilo.
De todos modos, apunta Ferrés, “la industria está dando señales claras de que precisa volumen de ganado y esa señal para que nosotros nos estimulemos a producir más es una sola: precio”. Se están negociando valores de ganado entre corrales e industria para febrero e incluso marzo de 2026.
¿Y se puede asegurar un precio parecido al actual? El titular de Aupcin sostiene que sí, que “se está hablando para adelante de precios arriba de los US$ 5 y después hay un rango en función del peso de carcasa. Si van a estar muy arriba de los US$ 5 ahí va a depender del mercado”.
Oportunidades en un nicho diferenciado
El ganado terminado a grano no solo complementa la faena sino que genera un producto diferenciado en calidad y valor que está en un momento de expansión de demanda. Y en ese nicho “la carne uruguaya ha gustado mucho y se pide cada vez más”, afirma Domenech, “en comparación a Australia y Estados Unidos no tiene hormonas y es diferente a la brasileña”.
Porcentaje de faena anual
“Uruguay tiene que ir por ahí, salir del commoditie” y la cadena está haciendo ese trabajo, con productores trabajando en generar animales de carcasas más grandes y avanzando genéticamente en el marmoreo. “Lo que se hablaba que iba a pasar ya está pasando” dice Domenech.
Este ajuste en la matriz ganadera que la producción agrícola hace propia tiene un horizonte de estímulo en el mediano plazo que contribuye a consolidar estructuralmente el corral. El mayor impacto se ve en el aumento del maíz pero también es un mercado para la cebada forrajera, los trigos de menor calidad, pellet de soja y arroz.
Mientras en el mundo los precios de la cebada y el maíz bajan, los precios ganaderos se mantienen en un nivel excepcional. “Es momento de preñar todo lo posible porque el mundo va a seguir precisando carne por varios años” plantea un industrial.
Los récords de la producción de corral de este año seguramente son solo un anticipo de lo que veremos en 2026 y tal vez en los años siguientes.
Más espacio para las vacas de cría, bastante más de tres millones de terneros, una baja estructural de la edad de faena y una compatibilidad entre exportación en pie y faena dada por la aceleración de los ciclos productivos. Los cultivos de maíz han empezado bien su ciclo con las lluvias de octubre, de modo que esa perspectiva está un paso más cerca.