Hasta ese momento, el modelo predominante se apoyaba en donaciones, pero Beitler propuso entonces un enfoque distinto: construir un modelo sostenible que permitiera comprar excedentes de alimentos a precios reducidos, pagarle al productor y, al mismo tiempo, distribuirlos a poblaciones de bajos ingresos.
La tecnología fue una pieza central en esa lógica. A través de su plataforma, la startup conectaba en tiempo real a productores con organizaciones y comunidades, optimizando la logística y mejorando la eficiencia en la distribución.
El proyecto logró escalar, ser reconocido internacionalmente y sumar a su equipo a referentes del ecosistema, como el fundador de PedidosYa Rubén Sosenke. Según cifras de 2024, la empresa alcanzaba ventas anualizadas por US$ 5 millones, con más de 176.000 personas alcanzadas en ciudades como Buenos Aires y Ciudad de México.
Sin embargo, el recorrido no siguió la trayectoria esperada y la empresa atraviesa hoy un proceso de reestructuración que incluye ventas, cierres y la transferencia de su tecnología.
Ese punto de quiebre también tuvo un impacto a nivel personal en el emprendedor.
“Hace un tiempo estaba sentado en la barra de un bar de Mount Pleasant, el barrio latino de Washington DC. Estaba solo, con un whisky en la mano. Había tomado una de las decisiones más difíciles de mi vida: decirle adiós al emprendimiento social que había fundado 10 años atrás y al que le dediqué gran parte de mi vida. Sentía un profundo dolor y una enorme sensación de fracaso”, cuenta Beitler en uno de los episodios de su podcast El Retrovisor, un nuevo proyecto que nació como una forma de hacer su propio “post-mortem” tras su experiencia con Nilus.
En diálogo con Café y Negocios, el fundador profundizó en los motivos detrás de esta decisión, la brecha entre el impacto social y las expectativas del mercado de capitales, y cómo se imagina su futuro.
Lo que sigue a continuación es un resumen de la entrevista concedida por Beitler.
¿En qué situación está hoy Nilus y cómo quedó configurada la empresa?
Nilus tiene tres divisiones, una en México, una en Argentina y una de tecnología. La empresa argentina la vendimos. La tecnología la estamos transfiriendo al programa mundial de alimentos de Naciones Unidos y estamos cerrando la empresa en México. Estamos acostumbrados a que quebras todo o vendes todo, y en este caso no pasó ninguna de las dos. Vendimos una parte y quebramos una parte. Es el típico caso de empresa de impacto, porque nosotros medimos nuestro éxito por la cantidad de chicos que comen, y en el caso del licenciamiento de la tecnología en el programa de Mundial de Naciones Unidas, son millones de chicos. No es algo que comercialmente sea exitoso pero desde el punto de vista de impacto es increíble.
¿Por qué no pudieron sostener el proyecto?
Un gran aprendizaje es que las empresas que tienen por finalidad el impacto social tienen una obligación adicional de ser muy cuidadosos con el tipo de capital que levantan y reciben, porque se requiere más paciencia y tenes que necesariamente renunciar a la rentabilidad. Y creo que por eso nosotros no pudimos levantar todo el capital que precisabámos para seguir, porque no hay un mercado líquido para invertir en algo que te da tan poquito, teniendo empresas de IA que se supone que te dan múltiplos más altos. La próxima etapa de mi exploración va a estar en encontrar ese equilibrio entre el retorno financiero que esperan los inversores y el retorno que puede prometer una empresa que se toma el impacto en serio, y creo que eso no está resuelto en Latinoamérica.
Ha sucedido en otros casos, como la empresa Algramo, que fue una de las compañías con más impacto ambiental del mundo, pero el año pasado cerraron porque no les daba más el modelo.
En el 2023, el Foro Económico Mundial nos nombró la empresa de más impacto del mundo, y mi socio es Ruben Sosenke, exPedidosYa, estábamos muy calificados para hacer esto, sin embargo el mercado de capitales nos habló clarísimo, "nosotros queremos retornos de empresas de IA".
Obviamente cometimos miles de errores, pero no hay nadie que no cometa errores, la pregunta es si tenes el capital necesario para corregirlos.
Es un problema de mercado, ¿cuál es el retorno que los inversores están dispuestos a renunciar a cambio de ver el mundo mejor?
Creo que el mismo sistema tampoco permite que más empresas sociales como Nilus puedan crecer.
¿Cómo te atraviesa, en lo personal, esta decisión?
Con mucho dolor. Le estoy diciendo adiós a la empresa que cree, pero es el mismo dolor que voy a sentir el día que mi hija se vaya de mi casa a estudiar y lo quiero contar con algo que reflejé todo lo lindo, lo sofisticado y el amor y la cabeza que tiene atrás Nilus, haciendo un podcast sobre el post-mortem.
¿Cómo nace tu podcast El Retrovisor y qué buscás construir con ese espacio?
La idea de El Retrovisor surge de mis noches de insomnio, empecé a buscar historias de empresarios que la tuvieron difícil. Es otra manera de compartir las cosas que aprendí. Y creo que lo más importante que aprendí es que es muy difícil la experiencia de ser fundador y que siempre ayuda acordarse que uno se está parando en los hombros de otros que son mucho más grandes que nosotros. Está lleno de historias increíbles. El proyecto se basa en mis ganas de que todo el mundo vea eso, que existen un montón de historias que te ayudan a sentirte mejor con vos mismo porque todo el mundo las pasó, es algo que todos pasamos.
En el ecosistema se habla mucho del éxito, pero poco de los cierres y fracasos. ¿Por qué creés que cuesta tanto contar esas historias?
La gente tiene muy atado su sentido de valor al éxito. Pero cualquier persona exitosa te va a decir que siempre hay una combinación de talento, esfuerzo y suerte. Hay cosas que uno domina y otras que no. Y es muy díficil sino aprendes a convivir en paz con las cosas que no. Yo no tengo ninguna decisión sobre el múltiplo de retorno que espera un mercado de capitales para que mi empresa esté líquida.
Me parece que tenemos una concepción de que el éxito y el fracaso son cosas que dependen exclusivamente de nosotros y estamos equivocados.
Mirando hacia adelante, ¿qué viene ahora para vos?
Tengo 44 años, me quedan los mejores 15-20 años de mi vida laboral, así que lo que voy hacer es capitalizar todos estos aprendizajes para lo que sigue, pero no que es ni lo voy a apurar. Con lo que estoy comprometido es con hacer cosas que me den orgullo, no podría hacer nada que no esté íntimamente ligado al impacto social, no se hacer otra cosa.
Creo que el mundo está entrando en una etapa interesante, a mi me sorprendería mucho que de acá a los próximos cinco años no haya un conflicto bélico. Creo que con esa violencia que se viene vamos a tener un momento de reconstrucción, entonces es importante que todo el mundo esté pensando en cómo cada uno puede contribuir para que el mundo esté un poco mejor.