27 de octubre de 2026 5:00 hs

La instancia, que buscó impulsar el comercio internacional y la integración regional, reunió a más de 200 empresarias, autoridades y referentes institucionales de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

En este marco, Mariana Ferreira, directora ejecutiva de Uruguay XXI, repasó los datos de un estudio realizado por la agencia, que reveló que menos del 30% de las empresas exportadoras de bienes y servicios en Uruguay tienen mujeres en cargos de alta dirección.

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De un total de 1.045 empresas exportadoras de bienes y servicios con puestos de alta dirección, 298 cuentan con al menos una mujer en ese nivel.

“Otro dato que surge es que cuando hay mujeres en la alta dirección, hay más mujeres liderando en distintas áreas. Y eso es un efecto derrame muy positivo y que tenemos que impulsar”, aseguró la ejecutiva.

El informe también destaca el peso clave de las micro, pequeñas y medianas empresas en el cambio de esta matriz, ya que el 86% de las firmas exportadoras con liderazgo femenino son mipymes, y dentro de este segmento, 82% presenta un liderazgo femenino fuerte, es decir que más de la mitad de los cargos de dirección están ocupados por mujeres.

Estos datos marcan un doble desafío, por un lado lograr que más mujeres accedan a puestos de alta dirección en las empresas exportadoras y, por otro, generar las condiciones para que las empresas lideradas por mujeres puedan escalar e internacionalizarse.

Del software al textil: los sectores y las herramientas para que más mujeres empresarias lleguen a Europa

El acuerdo alcanzado entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) se posiciona como una de las oportunidades clave para que las empresas lideradas por mujeres amplíen sus mercados.

En este sentido, Vanessa Mock, jefa de Comercio y Economía de la Delegación de la Unión Europea en Uruguay, destacó las oportunidades de empresas lideradas por mujeres en sectores como lanas, textiles y ciencias de la vida. A su vez, llamó a ampliar la mirada más allá del comercio de bienes y considerar el potencial de los servicios.

En esta línea, señaló sectores como el software, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y los videojuegos como otras áreas a tener en cuenta en el marco de las oportunidades que abre el acuerdo.

A esto se suma que el mercado europeo está abierto a negociar con empresas lideradas por mujeres y que el acuerdo contempla un fuerte foco en las pequeñas y medianas empresas.

Sin embargo, este escenario también trae desafíos para este segmento de empresas.

“Estamos frente a un nuevo escenario en relación al Mercosur y la Unión Europea, pero para las empresas, y particularmente las lideradas por mujeres, si bien hay un mercado potencial esto no significa que automáticamente exista una oportunidad de negocios. Hay que trabajar mucho para eso, porque aparecen condiciones de escala, de productividad, financiamiento, certificaciones, de tecnología, de redes comerciales”, sostuvo Anabela Aldaz, representante de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios del Uruguay.

En este sentido Isabella Antonaccio, directora nacional de Inversiones del Ministerio de Economía y Finanzas sostuvo que está estudiado que las empresas lideradas por mujeres se enfrentan a mayores desafíos en acceso al financiamiento.

Por su parte, Ferreira planteó que una de las estrategias para aprovechar las oportunidades del acuerdo es promover alianzas entre empresas de distintos países del Mercosur. Por ejemplo, una empresa uruguaya podría complementar su oferta con los servicios de una compañía de Argentina, Paraguay o Brasil para acceder juntas al mercado europeo.

Para avanzar en esa dirección, propuso una agenda de trabajo coordinada entre las agencias de promoción de inversiones y exportaciones y las cámaras empresariales de la región, con el objetivo de identificar empresas lideradas por mujeres en sectores similares y evaluar qué necesitan para internacionalizarse.

La iniciativa, explicó, podría incluir el apoyo de la Unión Europea para organizar misiones comerciales y rondas de negocios sectoriales, además de identificar las necesidades de las empresas y prepararlas para competir en nuevos mercados.

Entre las herramientas disponibles, Mock destacó los programas de cooperación, las instancias de networking y las delegaciones empresariales como vías para identificar oportunidades de inversión y posibles negocios.

A su vez, planteó la posibilidad de crear un foro que reúna a actores de la sociedad civil del Mercosur y la Unión Europea, en línea con los mecanismos de participación previstos en el acuerdo entre ambos bloques.

Otra de las herramientas que mencionó fue la Enterprise Europe Network (EEN), una red internacional que brinda asesoramiento a pequeñas y medianas empresas para crecer en mercados externos, encontrar socios comerciales y desarrollar oportunidades de negocios.

En Uruguay, mencionó además redes de apoyo a mujeres empresarias, como la Organización de Mujeres Empresarias, Ejecutivas y Emprendedoras del Uruguay (OMEU), que promueve el relacionamiento empresarial, la capacitación y las mentorías, y facilita conexiones para acceder a nuevos mercados.

Más allá de las exportaciones, las oportunidades de inversión que se abren

Más allá de las exportaciones, el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea también abre oportunidades para atraer nuevas inversiones y promover la reinversión de empresas europeas ya instaladas en la región.

Así lo señaló la directora nacional de Inversiones del MEF, quien destacó que la Unión Europea ya es una de las principales fuentes de inversión extranjera directa de Uruguay. Esta trayectoria, sostuvo, refleja la confianza de las empresas europeas en el país y en la región, y representa una base para trabajar en conjunto como bloque con el objetivo de captar nuevas inversiones.

En ese escenario, si bien sostuvo que los países del Mercosur compiten entre sí por atraer capitales, Antonaccio señaló que también cuentan con ventajas que pueden complementarse para desarrollar proyectos regionales. En este sentido mencionó como ejemplo el desarrollo de la industria de la celulosa en Paraguay, que puede articularse con las capacidades industriales de Brasil y los servicios de logística portuaria de Uruguay.

La oportunidad, agregó, no se limita a captar inversiones o exportar productos, sino también a que las empresas uruguayas se conviertan en proveedoras de compañías europeas que se instalen en el país. Para eso, el vínculo con las empresas europeas que ya operan en Uruguay puede ser un punto de partida.

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