6 de agosto 2025 - 5:00hs

En 2026, Internet se transformará. No será por una nueva aplicación ni por una red social. Será por algo a lo que tal vez no le damos mucha trascendencia, pero que la tiene: los nombres que usamos para navegar. Se abrirá una oportunidad única, la primera vez en 14 años, para que gobiernos, marcas, empresas, organizaciones y ciudades registren sus propias extensiones web. Y una uruguaya estará ahí, en el centro de ese proceso, ayudando a decidir cómo se construirá la nueva arquitectura digital del mundo.

Laura Margolis es una de las voces más reconocidas de América Latina en gobernanza de Internet. Su experiencia en el mundo de los dominios la llevó a ocupar roles clave en ICANN, la organización que gestiona los nombres que estructuran la red global. Desde allí, participa activamente en los debates que definen cómo se construye —y se controla— Internet.

Actualmente, es la única mujer uruguaya con participación sostenida dentro de ICANN (la Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números). "Es una organización global cuya misión es garantizar que Internet sea global, unificada, estable y segura”, explicó Margolis.

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Fundada en 1998 como organización sin fines de lucro, ICANN administra el sistema de identificadores únicos que permiten que las computadoras se encuentren y se comuniquen a través de la red. Las extensiones de dominio son una parte central de ese sistema.

Lo que se viene en internet en 2026

Desde ese lugar, Margolis observa con atención el proceso que se iniciará en abril de 2026, cuando ICANN abra una nueva ronda global para solicitar nuevas extensiones de dominio.

Este proceso, altamente regulado, permitirá que gobiernos, marcas, ciudades, comunidades e instituciones pidan su propia terminación personalizada —como “.banco”, “.montevideo”, “.blockchain” o “.app”— en lugar de utilizar los dominios tradicionales como “.com” o “.org”.

La última vez que esta posibilidad se habilitó fue en 2012, y según los especialistas, se trata de una oportunidad estratégica única.

Algunas responden a criterios geográficos, como .uy o .ar; otras son genéricas, como .com, .net o .org; y desde hace poco más de una década, existen más de 1.200 nuevas terminaciones posibles, producto de la apertura de solicitudes.

Las implicancias van mucho más allá de lo técnico. Solicitar una extensión propia transforma completamente la posición de quien la obtiene: pasa a ser operador de su propia infraestructura digital, con control total sobre los dominios y sus usos. Para empresas, esto representa una ventaja comercial y de seguridad. Para gobiernos, abre la posibilidad de gestionar su identidad digital o impulsar modelos de desarrollo local. “Cuando uno tiene su propia extensión, pasa a ser el operador de su propia infraestructura. No depende de nadie y tiene el control de todo”, explicó Margolis.

Además de las extensiones, la próxima ronda, prevista para abrir durante 12 a 15 semanas, permitirá además registrar dominios con caracteres latinos y no latinos, conocidos como IDN (Internationalized Domain Names). “En nuestra región, en español serían letras con tildes o la ñ y diéresis. En otras partes del mundo, otros idiomas tienen caracteres totalmente diferentes”, señaló.

¿Cuánto cuesta y qué ejemplos puede haber?

No todos pueden participar fácilmente. El proceso es costoso y riguroso. Para aplicar, se debe pagar una tasa de 227.000 dólares. Ese monto se calcula en base a la cantidad estimada de solicitudes y los costos operativos del proceso global. “Los solicitantes aplican y a la semana tienen que pagar 227 mil dólares”, detalló.

Luego hay que contratar a un proveedor técnico autorizado para operar la infraestructura, con un costo adicional que ronda los 92.000 dólares, además de cubrir la asesoría legal, técnica y administrativa. “Hay que pensar en un mínimo de 500 mil dólares como para estar en línea, como para empezar”, aseguró Margolis.

Para ampliar el acceso, ICANN creó el Applicant Support Program (ASP), un mecanismo de asistencia financiera para organizaciones sin fines de lucro. “Se puede obtener hasta un 85% de beneficios sobre los 227 mil dólares”, explicó. El programa ya está abierto y cierra el 19 de noviembre de 2025. Hasta ahora, solo se registraron 26 solicitudes a nivel mundial, dos de ellas provenientes de América Latina y el Caribe.

A pesar del costo, muchas organizaciones consideran que el beneficio de asegurarse una extensión supera la inversión inicial. Esto aplica especialmente a grandes marcas y gobiernos locales. Para entender la magnitud de este tema, en Uruguay, por ejemplo, Montevideo podría solicitar “.montevideo” y decidir si lo usa exclusivamente para servicios públicos digitales —como “impuestos.montevideo” o “turismo.montevideo”— o si abre la posibilidad de vender dominios a empresas o emprendimientos. “Puede venderse a empresas o personas que quieran asociar su nombre con la ciudad. Hay ciudades que lo usan con fines turísticos, y otras solo para administración pública”, explicó Margolis.

Algo importante: la prioridad para nombres geográficos la tienen los Estados y gobiernos locales. Si no lo solicitan, una empresa privada u organización podría intentar hacerlo, pero necesitaría una carta de respaldo oficial.

Además, la nueva ronda de ICANN no estará limitada a grandes empresas o entidades gubernamentales. También podrán participar comunidades temáticas o sectores profesionales organizados, que acrediten interés y representación en un ámbito determinado. Un ejemplo que mencionó Margolis es el de la extensión “.fotografía”, que podría ser solicitada por una red internacional de fotógrafos, una federación profesional o una plataforma educativa vinculada al rubro.

En estos casos, quien obtenga el dominio puede establecer una infraestructura digital específica para el sector, organizando su contenido, servicios y comunicación bajo una misma terminación. Esto permitiría crear dominios como “galería.fotografía”, “eventos.fotografía” o “formación.fotografía”, facilitando la visibilidad y el posicionamiento del rubro en Internet.

El sistema prevé que estas solicitudes no solo promuevan la identidad sectorial, sino que también abran oportunidades de gestión autónoma, desarrollo económico o colaboración entre actores afines, siempre que cumplan con los criterios de elegibilidad y los estándares técnicos definidos por ICANN.

El efecto en la ciberseguridad y los desafíos que pueden aparecer

En el ámbito de la ciberseguridad, las extensiones personalizadas ofrecen una ventaja concreta. Bancos y entidades financieras pueden centralizar toda su infraestructura digital bajo una única terminación, reduciendo los riesgos de ataques y fraudes. “Ya conocemos los porcentajes de fraude que hay, que solo crecen. Esto permite reforzar la seguridad, generando más confianza en los clientes del sector.”, explicó.

Un ejemplo concreto de cómo una institución puede aprovechar una extensión de dominio personalizada para reforzar su presencia digital y su seguridad es el caso del banco Bradesco, en Brasil, el segundo mayor banco privado de ese país,

En la ronda de ICANN de 2012, solicitó y obtuvo el dominio “.bradesco”, bajo el cual migró toda su infraestructura digital, incluyendo sitios, aplicaciones, correos y servicios internos y externos. Según explicó Margolis, este cambio no sólo fortaleció su marca, sino que tuvo un impacto concreto en términos operativos y financieros. “El .bradesco es el caso más exitoso en la región. Pasaron todo, absolutamente todo, al punto Bradesco”, señaló. Bradesco logró reducir drásticamente los intentos de phishing, evitar suplantaciones de identidad y ejercer control total sobre su entorno digital, sin depender de proveedores externos.

¿Y si varios quieren el mismo dominio?

Uno de los mayores desafíos que enfrenta ICANN al abrir una ronda de nuevos dominios es la gestión de conflictos entre múltiples solicitantes que compiten por el mismo nombre. En la ronda de 2012, se registraron 234 casos contenciosos, en los que más de 700 actores distintos solicitaron dominios idénticos o similares. Algunos ejemplos fueron “.app”, que recibió 13 postulaciones diferentes, así como “.book”, “.art” y “.shop”, todos altamente disputados.

Según explicó Margolis, cuando no se logra un acuerdo entre las partes, se abre un proceso de resolución que puede incluir negociaciones privadas, subastas entre solicitantes, o finalmente, subastas públicas organizadas por ICANN.

En estos casos, el dominio se asigna al mejor postor, y los ingresos de esas subastas quedan bajo administración de ICANN, sujeto a reglas de uso restringido. “El mejor postor se lleva el dominio”, resumió Margolis sobre el criterio aplicado cuando no hay acuerdo entre los interesados.

Pero el proceso no termina tan rápido. Una vez que se publican las solicitudes, cualquier parte interesada o miembro de la comunidad puede hacer comentarios públicos o presentar objeciones si considera que el nombre afecta derechos de propiedad, tiene significados sensibles en otro idioma o puede generar confusión. Margolis explicó que esto es frecuente. “Puede pasar que una palabra tenga un significado en un idioma, y otro completamente distinto en otro. Incluso puede vincularse a temas sensibles, como pornografía infantil o actividades ilegales, por ejemplo”, explicó.

También hay regulaciones para evitar colisiones entre singulares y plurales o marcas similares. Si varios solicitantes compiten por la misma palabra y no llegan a un acuerdo, ICANN habilita una subasta. El sistema no es perfecto. El caso más recordado es el de “.amazon”. En la ronda de 2012, la empresa Amazon lo solicitó, pero Brasil y Perú —en representación de los países del Amazonas— se opusieron ya que consideraban que el dominio debería pertenecer a la región del Amazonas. Hubo dos años de negociaciones y múltiples propuestas. “Se manejaron todo tipo de soluciones: compartir el dominio, reservar subdominios para países... Finalmente no hubo acuerdo. Y se lo quedó Amazon”, recordó Margolis.

Las decisiones finales sobre este proceso están siendo debatidas por la comunidad global de ICANN, que se reúne varias veces al año. En esos encuentros, Margolis representa a Uruguay y a la región en diferentes instancias. “ Hay reglas nuevas que se van incorporando al proceso en forma permanente. Esto ya lleva años de trabajo previo”, explicó. La apertura de 2026, además, incluirá reglas revisadas con base en los aprendizajes de 2012 y nuevas exigencias técnicas.

¿Y la IA? ¿Cómo impacta en este nuevo internet? "No hay dudas que la inteligencia artificial ya está ocupando el lugar que antes tenían los buscadores y, en muchos casos, también el de los sitios web. Pero eso no significa que los dominios estén quedando atrás. De hecho, muchas veces la IA nos termina llevando igual a un sitio, y los dominios siguen siendo clave por ejemplo para personalizar correos electrónicos, redirigir a apps o mantener una identidad digital sólida. No van a desaparecer, simplemente están cambiando de función. En este nuevo escenario, los dominios siguen siendo una pieza central, aunque quizá un poco más detrás de escena, pero en constante crecimiento", indicó.

Como explicó Margolis: lo que viene en 2026 no es solo un cambio técnico. Es una forma distinta de pensar cómo se construye y se controla Internet.

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