El Consejo de la Facultad de Medicina rechazó la propuesta del Colegio Médico del Uruguay para reforzar los controles de la Prueba Única de Residencias de noviembre con detectores de metales y custodia de celulares. Resolvió, por unanimidad, seguir con sus propios recursos frente a una forma de fraude que el gremio vincula al avance de la inteligencia artificial.
La resolución se adoptó en la sesión del 7 de octubre y fue votada 12 en 12.
El Consejo agradeció la preocupación del Colegio Médico, pero comunicó que continuará utilizando "los recursos existentes" en la Facultad para tomar la prueba, “como es tradición institucional en ésta y en todas sus instancias de evaluación”.
Qué propuso el Colegio Médico y por qué apareció el tema
El planteo nació de reclamos de médicos colegiados —en general jóvenes, de 25 y 26 años, recién recibidos— que alertaron al gremio sobre la posibilidad de fraude, según explicó a El Observador Álvaro Niggemeyer, presidente del Colegio Médico del Uruguay. La preocupación, aclaró, no parte de irregularidades comprobadas, sino de un método nuevo que se expandió en el último año en Argentina, Colombia y España, en donde han habido denuncias que han terminado en la justicia.
Niggemeyer describió dos sistemas de copia. El primero usa un microdispositivo: una cámara oculta en un botón, un microauricular y el celular funcionando como rúter. El segundo es más rudimentario: un teléfono o un reloj inteligente escondido y reiteradas idas al baño. Según el gremio, el año pasado hubo aspirantes que fueron hasta diez veces al baño en una prueba de cuatro horas.
“Hay dos sistemas de copia que nos preocupan: el fraude electrónico con cámara y auricular, pero después hay otro mucho más simple, que es llevar un dispositivo oculto y aprovechar múltiples idas al baño para sacar ventajas en la prueba respecto a gente que está actuando honestamente”, dijo Niggemeyer.
El dirigente atribuyó el salto al cambio tecnológico reciente. “Es un problema nuevo que surge con el advenimiento de la inteligencia artificial, porque ya, con ChatGPT, cualquiera puede ir con un dispositivo oculto al baño y tener en pocos segundos la respuesta a varias preguntas”, afirmó.
El Colegio Médico, que según Niggemeyer financiaba la totalidad del operativo, presentó el plan como un borrador abierto a que la Facultad aceptara o descartara medidas. Lo venía proponiendo desde mayo y lo hizo público cuando el documento trascendió, a un mes del examen.
El gremio sostiene que ya existen empresas que venden el equipo completo por unos 1.000 euros, con capacitación incluida.
Cómo es la prueba hoy y qué permite el instructivo vigente
La Prueba Única de ingreso a residencias y posgrados se tomará el 5 de noviembre en los locales central y Alpargatas de la Facultad de Medicina. La dan unos 2.000 médicos de la UdelaR, la Universidad Católica y el CLAEH, además de profesionales extranjeros, que les permite ingresar a las especialidades médicas. Con el resultado se arma un ranking que ordena la elección de unos 400 cupos de especialidades.
Lo que está en juego no es menor: hay especialidades con un solo cupo, donde solo entra quien queda entre los primeros. La prueba se puede dar las veces que se quiera, pero perderla implica otro año de postergar la carrera, según el Colegio Médico.
El instructivo oficial, publicado en setiembre, establece que los aspirantes deben presentarse a las 7:00 con documento vigente y constancia de preinscripción. Pide no llevar celulares ni relojes inteligentes, pero prevé que, si alguno ingresa con uno, se le entregue un sobre que se cierra engrampado y permanece en poder del propio aspirante hasta el final.
Ese es el punto que el gremio considera insuficiente: el instructivo no contempla control con detectores de metales en el ingreso, y el teléfono dentro del sobre sellado –ubicado bajo la silla– puede seguir operando como rúter, de acuerdo con Niggemeyer.
En lo formal, la prueba consta de 130 preguntas de opción múltiple con cuatro alternativas: 100 de puntaje único, que definen el orden, y 30 de puntaje variable, que funcionan como desempate. Es escrita, única y no eliminatoria, dura cuatro horas –cinco para quienes tengan tiempo adicional autorizado– y nadie puede retirarse del salón hasta que todos terminen, bajo pena de anulación.
Consultado sobre la resolución, Niggemeyer marcó distancia sin confrontar. “El Consejo de la Facultad de Medicina es el que tiene la última palabra y respetamos la resolución, pero lo que no nos deja conformes es que, con el instructivo que actualmente está publicado para dar la prueba, no se están ofreciendo las garantías de una prueba justa para todos los concursantes”, dijo.
Qué cambiaría con la propuesta y la reacción de los aspirantes
El plan del Colegio Médico –organizado en siete capas de control bajo un modelo de “defensa en profundidad”– modificaría varios puntos del operativo actual. Lo más relevante que propone es que los dispositivos electrónicos queden en custodia afuera del salón, y no en un sobre junto al aspirante.
En el ingreso prevé entre 10 y 20 puestos de control con detectores manuales de metales –las paletas que se usan en aeropuertos– e inspección visual. Cada ida al baño se volvería a controlar con el detector, y durante la prueba circularían detectores de radiofrecuencia para identificar señales, lo que activaría un protocolo de integridad.
El examen se distribuiría además en versiones equivalentes alternadas, y al cierre habría una auditoría con análisis estadístico de los resultados para detectar patrones. El piloto apuntaba a los unos 1.700 postulantes previstos en el Local Alpargatas.
Niggemeyer enmarcó el pedido en la discusión más amplia que abre la IA. “Con el instructivo actual, y ante el advenimiento de estas empresas que están promoviendo los sistemas de copia con microdispositivos, por un lado nos interpela como docentes para cambiar las formas de evaluación. Pero por otro lado, ante una prueba de esta magnitud, que va a estar dentro de un mes, y ante los reclamos de médicos colegiados, entendemos que el protocolo actual no ofrece garantías para una prueba justa”, sostuvo.
Tras el rechazo, el gremio dejó una expectativa. “Hicimos esta propuesta con ánimo de colaborar, no de controlar, y obviamente la última palabra la tiene el Consejo de la Facultad de Medicina, pero esperamos que, si bien no aceptan la colaboración del Colegio Médico, la facultad instrumente per se los instrumentos adecuados para evitar el fraude, que preocupa a todos los médicos”, afirmó Niggemeyer.