La publicación alcanzó el primer lugar en la categoría “Informática, internet y medios digitales en español” de Amazon. El libro circula tanto en formato digital como físico, con presencia en varias librerías de Montevideo.
Según Chinelli, muchas empresas aún mantienen procesos manuales, como la carga de facturas o la redacción de documentos operativos.
A eso lo llama “una gran fábrica de documentos”, que se repite en bancos y oficinas con tareas estructuradas.
“Un proceso que tomaba semanas se reduce a minutos con IA”, sostiene.
¿Cuáles son los problemas de implementar inteligencia artificial en compañías?
Para el CEO de Promtior, implementar IA implica atender tres dimensiones: humana, de herramientas y de procesos. En lo humano, destaca la falta de capacitación, sobre todo en personas "jóvenes". “Paradójicamente, los mayores de 50 son quienes mejor adoptan la IA”, afirmó.
En cuanto a herramientas, muchas empresas carecen de los datos o automatización previos necesarios para iniciar proyectos de IA.
Y en procesos, sobre todo en empresas grandes, los sistemas de gobernanza y estructuras internas dificultan los cambios.
¿Estamos adoptando de verdad la IA?
En un mundo donde pensamos que hay una adopción frenética de esta tecnología, Chinelli muestra otro escenario, según su experiencia: cree que la IA está siguiendo una curva de adopción más lenta que otras innovaciones como el smartphone.
“El móvil transformó todo. En 2010 ya todos los canales eran mobile. Esto viene más lento”, indicó, pese a que ChatGPT tiene cientos de millones de usuarios.
Si le ponemos números a esta situación: según los datos más recientes disponibles hasta mayo de 2025, ChatGPT cuenta con aproximadamente 400 millones de usuarios activos semanales, mientras que WhatsApp supera los 2.000 millones de usuarios activos mensuales a nivel mundial.
En Uruguay, solo el 19% de los trabajadores uruguayos usa IA de forma regular. El resto, ni la tocó, según el informe Employer Brand Research 2025, de la consultora en recursos humanos Randstat.
¿En qué fase estamos de la IA?
“Hay que ser honestos: todavía no estamos generando todo el valor que esta tecnología promete”, afirmó.
Chinelli tiene dos miradas: una teórica y, si se quiere, más científica. Y otra más "humanas". Como dice él, "del corazón".
La teórica: los modelos actuales —como ChatGPT— se limitan a identificar patrones estadísticos y no razonan como los humanos. "No deja de ser un sistema que escupe regularidades estadísticas", señaló, basando sus argumentos en el libro The Myth of Artificial Intelligence, de Erik J. Larson.
Pero luego está la mirada más humana, de lo que percibimos los usuarios comunes y silvestres. Allí, la percepción social sobre la IA está más cerca de verla como inteligencia real, aunque técnicamente no lo sea. “No importa si estamos cerca o no formalmente. Si logramos que estos sistemas nos emulen un poquito mejor, vamos a percibirlo como una forma de inteligencia general", opinó.
Incluso se muestra convencido de que “estamos a la vuelta de la esquina” de ver robots humanoides que interactúen con nosotros de forma que nos parezcan inteligentes.
Pero el tema no termina ahí.
El experto reflexionó sobre cómo nos vamos a relacionar con las máquinas una vez la IA logre un nivel de maduración que, él cree, aún no tiene.
“Probablemente va a ser arcaico entrar a PedidosYa a pedir algo. Navegar entre pantallas va a parecer un concepto viejo", aventuró. Aclaró que plataformas como esta seguirán existiendo, pero su rol va a cambiar: pasarán a ser capas de infraestructura que operan “por detrás” del diálogo conversacional, en lugar de ser interfaces visibles o centrales para el usuario.
Por eso, cree que podría emerger un nuevo concepto de dispositivos. “Probablemente sea algo que se parezca mucho al smartphone en hardware, pero que conceptualmente sea distinto", indicó.
Pero falta desarrollar un tipo de dispositivo que tenga "un sistema operativo que sabe hablar". "Hoy las aplicaciones están escritas en código para sistemas que ejecutan código, no para sistemas que dialogan", indicó.
¿Este es el año de los agentes de IA?
ChatGPT marcó un hito desde su irrupción en 2022. A partir de allí, sucedieron etapas que Chinelli describió de diferentes formas.
“2023 fue mucha prueba de concepto", señaló. Durante ese año, predominó la experimentación. Las empresas y desarrolladores testearon capacidades, exploraron herramientas y validaron posibilidades, pero sin implementar soluciones estables o de impacto estructural.
El año pasado ya hubo proyectos más ambiciosos. "Más en tierra firme", dijo. Se empieza a avanzar en implementaciones más sólidas. Las organizaciones buscan casos de uso que generen valor real y se alejan de los experimentos. El foco está en lo concreto y útil.
En 2025 es una etapa para ver qué funcionó, qué no, y por qué. Chinelli señala que será un año clave para entender qué iniciativas de IA valieron la inversión y cuáles no cumplieron con las expectativas.
Lo que proyecta para 2026 es un aceleramiento de la IA en el mundo de la creatividad. "Va a ser exponencial", pronosticó.
“No me sorprendería que en 2026 aparezca la primera película 100% generada con IA", indicó.
También prevé que en áreas como compliance, legal o supply chain, aparecerán agentes capaces de realizar el trabajo de equipos enteros.
¿Debemos temerle a la IA?
Con una creación de contenido mucho más masiva, a Emiliano le preocupa su impacto en la democracia, la política y la información. Si bien ya hubo algún contenido creado durante las últimas elecciones, cree que esto se va a intensificar en el futuro.
“Vamos a convivir tapados en un mar de barro de cosas que no existen (...) Gente discutiendo de cosas que no existen. A un nivel muy estúpido", proyectó.
Por eso, considera que hay que ponerle foco a la educación en inteligencia artificial, donde no solo se deba enseñar a usar las herramientas, sino a conocer sus límites y riesgos. Para que no se transforme en un "oráculo" como puede llegar vistos por los niños del futuro.
“Van a vivir en un mundo donde los consejos nutricionales de ChatGPT van a ser los consejos nutricionales", dijo.
Para él, la prioridad es dar herramientas filosóficas que permitan interpretar el impacto de estas tecnologías. “Hay que enseñar filosofía contemporánea", dijo.
En este escenario, la misión de Emiliano es clara: ordenar la transición tecnológica que implica la adopción de inteligencia artificial, en lugar de simplemente reaccionar a ella.
Que esa transición sea de "forma ordenada, de una forma humana". “En el momento de la revolución más tecnológica del mundo, probablemente el desafío sea el más humano", concluyó.