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3 de enero 2026 - 5:00hs

Ágatha Ruiz de la Prada espera a que la banda deje de sonar en el portal de un edificio montevideano. El viento que corre en la peatonal Sarandí en uno de los primeros días de calor del año mueve su vestido y su cabello mientras los montevideanos pasan curioseando por la puerta del museo. La saludan, le piden una fotografía, la reconocen en los afiches de la entrada de la casa del constructivismo.

Entonces, entra. Entre aplausos y teléfonos que registran cada gesto, cada sonrisa, cada paso. La diseñadora española se presenta en la inauguración de una retrospectiva en el Muso Torres García que repasa parte de los últimos 40 años.

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“La primera vez que la vi, lloré”, dice Ruiz de la Prada a El Observador en una pequeña sala del último piso del museo donde se exponen ahora algunas de las piezas que diseñó para La Bella Durmiente del Ballet Nacional del Sodre (BNS) en 2018. “Este cuarto me emociona mucho porque es mi recuerdo del Sodre”, señala la diseñadora que guarda “muchos recuerdos y muy emocionantes en Uruguay”.

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Uruguay fue el segundo país de América Latina que conoció, después de Venezuela, gracias a la invitación de una marca de vodka que la trajo como su embajadora a Punta del Este. En el aeropuerto la fue a buscar un taxista que la llevó directamente a Casapueblo y la sorprendió con una sola palabra: bárbaro. “En España, cuando yo era pequeña, bárbaro lo decían solo la gente súper pija (de clase alta). Más pijo que mi madre, más pijo que nadie”, contó en una conferencia en el Centro Cultural de España.

Desde entonces ha generado un vínculo con este país que la ha llevado a hacer un desfile en la Plaza de Toros de Colonia del Sacramento, a pasear en tractor con el expresidente José Mujica y su perra de tres patas, Manuela, o a vestir al cuerpo estable del Ballet Nacional cuando fue dirigido por Julio Bocca e Igor Yebra.

“Yo estoy súper agradecida por ese proyecto que ha significado muchísimo en mi vida, mucho”. Ahora algunas piezas de la colección del BNS se exhiben como corolario de su retrospectiva.

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La exposición ocupa tres de las cinco plantas del Museo Torres García, en un diálogo colorido con el maestro uruguayo. “Es como una especie de conversación, es como si estuviera ahí el artista y estuviéramos hablando, ¿no? Me ha encantado”, señaló la empresaria.

La muestra, que se podrá visitar hasta el 22 de marzo, expone 40 vestidos, además de bocetos, afiches y materiales gráficos que terminan de armar el universo Ruiz de la Prada. Una oda al color, las figuras planas, los volúmenes esculturales y el alma lúdica de una marca que logró establecerse como un estilo inconfundible en las últimas décadas. “El color antídoto contra la depresión. Así como te he dicho que la moda es un gran antídoto contra la depresión", considera Ruiz de la Prada que ha hecho del manejo de una paleta estridente su marca personal.

Las piezas de la diseñadora ahora conviven con las obras, los objetos, las fotografías y las líneas de vida del maestro uruguayo como un inesperado encuentro.

Agatha Ruiz de la Prada y el maestro uruguayo

“Yo siempre he tenido mucha educación artística desde que he nacido. No sé cocinar, por ejemplo, no soy deportista. No me gusta nada el fútbol, no me interesa. Pero me gusta muchísimo el mundo del arte. Me gusta mucho el arte bueno, yo distingo muchísimo cuando un artista es bueno y cuando un artista es malo”, dijo durante una conferencia que encabezo en el Centro Cultural de España.

La diseñadora heredera de una larga tradición de arquitectos, mecenas y amantes del arte –además de títulos aristocráticos– creció desde pequeña con un entrenamiento estético y artístico que la vinculó desde temprana edad con la obras de Joaquín Torres García. “Yo he admirado muchísimo a Torres García toda mi vida. La referencia con un pintor que tiene 150 años que es hípermoderno y además tiene esa relación con España. Para mí hacer una exposición aquí es la bomba”, dijo en diálogo con este medio.

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“Voy por muchos museos del mundo, por muchas exposiciones, por muchas ferias, y siempre donde esté un Torres García hay una fuerza, aunque sea pequeñita la cosa, pero él tira para adelante. Entonces, poder estar en su espacio, con su familia, ha sido muy emocionante”.

Torres, un artista profundamente humanista que empujó las fronteras del arte y difundió sus ideas del arte también tenia un profundo interés sobre el rol del artista y el lugar que debería ocupar en la sociedad. ¿Cuál es, para la diseñadora, el rol del artista?

“Desde que era pequeña mi padre tenía la mejor colección de arte contemporáneo de España, entonces yo he vivido en el arte. Para mí el arte es fundamental. A mí no me importa no comer pero sí me importa vivir en medio… Estar en un sitio feo me jode más que comer una comida mala, que también me molesta mucho”, dijo.

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Desde niña quería ser artista, y eligió el medio textil para explorar esa búsqueda estética. Fue parte de la Movida Madrileña durante la transición de la España posfranquista y se hizo de un estilo propio que expandió luego fuera de los márgenes de la moda. Desde perfumes hasta autos, sábanas o artículos de papelería. Cualquier cosa, dice, puede ser "agatizable".

Hace una década que ha visto su archivo expuesto en diferentes partes del mundo. Y así y todo, dice, ver su obra reunida la sigue emocionando. "Esta retrospectiva es muy especial. Ha costado muchísimo trabajo”, dijo la diseñadora y recordó que la coordinación para montarla estuvo a cargo de la productora uruguaya María Inés Rodríguez.

La diseñadora, que cuenta que tiene un promedio de 74 desfiles al año, creó su fundación cuando se cumplieron 30 años de su primera colección y desde entonces las exposiciones también pasaron a ser parte de su tarea cotidiana. “Las retrospectivas a veces matan a los diseñadores, porque, a lo mejor, están demasiado en la tendencia y poco en la profundidad”, dice sabiendo que su estilo sobrevivió a cualquier tencdencia para convertirse en una estampa atemporal.

La retrospectiva de la madrileña nacida en 1960 está construida sobre piezas clásicas del archivo de su fundación hasta prendas que usó recientemente en entrevistas y fotografías. Todas dialogan en la creación de un universo en el que sobrevuela la fantasía, el hedonismo y el placer, más no la tristeza o la quietud. Una exposición que espera que inspire a quienes la visiten a ser "más libres" a la hora de vestir.

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"A mi me encantan los museos", dice la diseñadora e ilustra cuán importante ha sido la cultura en sus momentos más difíciles. “Cuando me divorcié lo primero que pensé fue 'tengo que ir al Museo del Prado'. Y la gente dirá, 'oye, ¿y ésta por qué?'. Tú te vas al Museo del Prado y entonces un divorcio tiene cero importancia, porque son cosas que llevan 500 años, 600 años siendo maravillosas", dice.

Y esta experiencia en el Museo Torres García es, según ella, una de las más emocionantes. “Nadie me lo entiende. Esta emoción mía que tengo aquí, que como vengo sola no lo puedo contar cuando llegue a España porque van a decir que estoy loca”, dice con una sonrisa.

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