9 de abril de 2026 9:49 hs

En cuestión de seis meses se estrenaron dos películas dirigidas por Daniel Hendler, y no pueden ser más distintas entre sí en sus perfiles y formas de producción. La primera fue 27 noches, que llegó en octubre de 2025 a Netflix. Basada en una historia real, principalmente argentina (aunque con uruguayos en su elenco, incluyendo al propio Hendler), y con un tono que pendula entre la comedia y otros pasajes más serios.

La segunda es la razón por la que Hendler, radicado en Buenos Aires desde hace una veintena de años, volvió a su país natal por algunas semanas para presentarla y para, además, ejercer como jurado en el Festival de Cinemateca. Esta segunda película, Un cabo suelto, se estrenó en cines este 9 de abril. Es un proyecto independiente, principalmente uruguayo (aunque con argentinos en su elenco, como el protagonista, Sergio Prina, y Pilar Gamboa), y con un tono decididamente más cercano a la comedia.

Una comedia incómoda, más dada por las situaciones y los intercambios entre los personajes que por gags o chistes puros y duros. Una comedia que también se amalgama con el thriller, el policial, el wéstern, la comedia romántica. La saga de un policía argentino que perseguido por algunos colegas turbios, cruza el puente sobre el Río Uruguay y se refugia en el litoral uruguayo. En el camino, se enamora de la empleada de un free shop del paso fronterizo, entabla un curioso vínculo con un vendedor de quesos encarnado por el músico Alberto “Mandrake” Wolf —en su debut cinematográfico—, y hasta se redescubre a sí mismo de este lado del Plata.

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Sobre Un cabo suelto, su faceta de guionista y director, y el humor, versa esta conversación de Hendler con El Observador.

¿Cómo es el Daniel Hendler guionista? ¿Cómo elaborás las ideas?

Las ideas son amigas cuando son disparadores. Y pueden ser enemigas cuando nos abrazamos demasiado a ellas. Porque una película es un híbrido orgánico que hay que dejar ver hacia dónde quiere ir. Qué caprichos te propone. Como decía Felisberto Hernández, cuando alguna vez habló sobre qué era para él la escritura, uno puede ser como un jardinero que va recortando algo vivo que tiene sus propias reglas y sus propias direcciones. En este caso de Un cabo suelto, fue un proceso un poquito más a ciegas, sin saber bien hacia dónde me llevaba ni por qué me interesaba escribirlo, algo que antes no me había pasado.

En El Candidato me acuerdo que yo quería escribir una película sobre eso y que tenía algunas ideas claras antes de empezar y en Norberto apenas tarde también. Y en 27 Noches ni que hablar, porque además venía de una historia real. En este caso fueron unas imágenes, escenas, unos climas, unas miradas, que dije “a ver qué es esto” y me metí.

Embed - UN CABO SUELTO - Tráiler Oficial

¿Qué fue lo primero que se te vino?

La escena de la llegada del cabo de policía al puesto de quesos en la ruta, haciendo una especie de control bromatológico, aprovechando para picotear y degustar unos quesos. Apareció esa escena y ahí dije, “a ver qué hay atrás”.

Ya que mencionaste lo del puesto de quesos, ¿cómo termina Mandrake Wolf actuando en la película, haciendo del quesero? Es su primer papel además, ¿no?

Es su debut cinematográfico. Pero claro, el hecho de ser un personaje como es él no necesariamente ayuda a actuar en cine o a ponerte delante de una cámara. Además de que es algo que siempre es fortuito, hasta que no sucede no sabés que va a pasar. Hay una serie de dificultades concretas que ofrecen los actores naturales o los no actores. Y además, hay algo que es único, que es esa especie de inocencia que la podés capturar solo una vez, después ya aparece la conciencia. Me parece que en ese equilibrio logramos con Mandrake algo y yo estoy muy contento porque creo que tiene esa verdad, esa frescura capturada y al mismo tiempo creo que hicimos un buen trabajo para que pueda desenvolverse dentro de una dinámica técnica compleja.

Apareció de la nada, o sea, estaba buscando al actor para ese personaje y pensé en Roberto Jones, un gran maestro y admirado actor. Pero está medio retirado y el personaje tenía que andar en moto, entonces dudamos. Y ahí de repente se me apareció la voz de Mandrake, la imagen rápidamente. Hablé con la productora, Micaela Solé, y no le pareció un delirio, así que me mandé. Hasta ahora siempre había trabajado con actores profesionales y además con los que considero los mejores.

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Vos tenés tu grupo.

Sí, pero además siempre me he dado el gusto de llamar para un personaje, aunque sea pequeño, a actores excelentes. Me importa que cada personaje tenga un gran actor detrás. No importa si es grande o chico. Así que bueno, creo que es la primera vez que me mando esta. Y bueno, ya en la primera lectura que hicimos del guion todos quedaron bastante fascinados porque es difícil encontrar un actor con esa imagen, esa voz. Y más allá de la dificultad que también implica trabajar con un no actor, también ofrece algo distinto que es motivante, incluso para los actores.

¿Cómo trabajás con los actores como director? Sabiendo cómo es estar del otro lado.

Me impongo algunas reglas que como actor me parece que están buenas también, y es no decirles cómo quiero que lo actúen. No darles una solución, sino un problema para que resuelvan, que los lleve a una solución que es parecida a la que yo me imagino, pero que ellos puedan apropiarse de la problemática. Eso me parece que ayuda a que estén más vivos. Y después trabajar sobre una serie de supuestos tácitos de complicidades donde a veces lo no dicho tiene más valor que lo dicho. Me parece que ahí es donde los actores también empiezan a tejer un tono propio de la película, cuando todos tienen que resolver un problema juntos. Pero bueno, no siempre pasa eso. A veces uno en el apuro dice cualquier cosa, hace las cosas mal, pero esas son las cosas que me propongo.

No sé si es bueno para los actores ser dirigidos por alguien que también es actor. No lo tengo tan claro. A mí como actor me ha pasado de tener directores buenísimos que a veces entendían el procedimiento del actor y a veces no lo entendían para nada y aún así lograban su objetivo, entonces, no sé si es algo que necesariamente sea una ventaja.

Ahora que comentás esto de lo no dicho, en tus películas, y particularmente se nota en Un cabo suelto, esta cuestión de la incomodidad como factor de humor, que muchas veces viene por un gesto, una mirada, un movimiento. ¿Lo trabajás de forma consciente, ya sea en el guion o en el rodaje?

No sé qué nivel de conciencia tengo. Supongo que naturalmente es lo que me da ganas de escribir. Al imaginar una escena me interesa cuando hay muchas capas al mismo tiempo jugando y que eso es lo que genera esa tensión o esa incomodidad. En Un cabo suelto creo que también hay algo de la indefinición del género, trabajar con varios géneros al mismo tiempo genera también una especie de tensión, de cuerda tensa, porque un actor dice algo que tiene una reverberancia en el policial y otra en la comedia romántica, y eso me parece que genera un clima.

También está esta cuestión de del reinventarse, de reencontrarse con uno mismo, que es un poco el viaje que tiene el personaje protagónico, ¿ahí te resonó con algo que te estaba pasando a vos?

Siempre está todo mezclado, me parece. Se podría decir que hice un recorrido más bien a la inversa, un uruguayo que se fue quedando en Buenos Aires y este es un tucumano que va encontrando refugio en el litoral uruguayo. En el caso de este tucumano está escapando y uno se pregunta si uno, cuando se fue quedando allá, no se estaba escapando de algo. No tengo la respuesta todavía. Y después hay algo de ser actor que aparece también en otras cosas que hice.

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Y el camuflarse, que es algo que el personaje hace, también es muy del actor.

El descubrir cuál es la ropa propia o la “no ropa”, el darse cuenta que hay más ropa para sacarse de la que uno cree, que la desnudez está más lejos de lo que uno cree. Uno como actor trabaja y se pregunta mucho sobre eso, así que sí, en este caso claramente es un tipo que tiene que sacarse una ropa y encontrar las ropas propias a ese momento y ese lugar para disfrazarse y al mismo tiempo para encontrarse.

¿Juega también esta idea que aparece a veces en historias argentinas de Uruguay como lugar a donde escapar?

Creo que ahí hay algo más de eso que pasa de que en los sueños uno vuelve muchas veces a lugares de la infancia. Para mí la película es como un sueño que no sabemos si es pesadilla. Me parece que hay algo de eso, de volver a una zona conocida que puede ser tan reconfortante como extraña, y por lo tanto peligrosa. Es aquello de lo extraño, lo espeluznante dentro de lo familiar y lo conocido y al revés, encontrar lo familiar en lo distante, que es un poco lo que le pasa al personaje entre los lugareños del litoral uruguayo. Supongo tiene que ver con eso, con algo que para mí me resulta familiar y extraño al mismo tiempo, porque además el litoral uruguayo no es una zona que me resulte tan propia. Pero hay un juego con eso, sí.

¿Y en Argentina te pasó, capaz que más al principio, sentirte extranjero más allá de la cercanía o de la familiaridad que puede haber entre los dos países?

No lo he sentido mucho. En realidad antes cuando era poco común ver a alguien con termo y mate en Buenos Aires, yo salía a la calle y me gritaban “uruguayo”. O me subía a un taxi y el taxista me podía pasear tranquilamente porque sabía que no conocía las calles. Ahora no es tan así, pero nunca me sentí muy extranjero, la verdad. Tuve que cuidarme de que no se me escapen ciertos términos cuando actuaba, sobre todo cuando se trabajaba con fílmico. Ahora que se filma en digital, sin cortar, se sigue filmando y se corrige. Pero antes, cuando se escapaba un “contigo”, un “champión” o algo así y había que cortar una toma costosa, era distinto.

Fue algo más casual, por los tiempos del cine, pero Un cabo suelto sale muy poco después de 27 noches, tu anterior película como director, que se estrenó en Netflix. Dos películas casi en simultáneo, y al mismo tiempo opuestas en sus formas de producción, una para plataforma y otra independiente. ¿Cómo te resultó ese contraste?

A la hora de dirigir, que ya estás en el set, y ponemos la cámara y empiezan los elementos a jugar entre sí, no hay tantas diferencias. Pero después, por supuesto, que para hacer una película para una plataforma uno tiene que buscar la manera de encontrar el interés dentro de una propuesta que tiene que ser efectiva. Uno sabe que tiene que gustarle a un público amplio. Entonces es encontrar ese interés propio en algo que viene ya aspectado desde esa amplitud. Algo que no nos pasa cuando hacemos una película independiente, donde uno siempre aspira que lo que uno quiere hacer y donde uno quiere hurgar encuentre un interés en la mayor cantidad de gente posible. También en algún mercado, chico o grande (risas). Yo estoy más acostumbrado a hacer las cosas de esa manera, pero fue interesante el desafío y siento que pude apropiarme de 27 noches, así que estoy contento.

Embed - 27 noches | Tráiler oficial | Netflix

¿Cómo es dirigirte a vos mismo, como en 27 noches?

Es un poquito alienante, pero tiene una parte cómoda, y es que yo como director no tengo que hacer ese trabajo con el actor tan rico, porque siempre el actor te propone una discusión y termina generando la aparición de un tercer personaje que no es ni el que imaginó el actor, ni el que imaginé yo. Pero hay algo más rápido en que me mando a mí como soldadito a hacer lo que yo mismo me imagino como director. Voy como director a hacer lo que yo imagino que tiene que hacer el actor. Y trato de conectar con compañeros y compañeras en escena. Pero es un ejercicio de desdoblarte casi que instantáneamente. De imaginar algo y ejecutarlo también físicamente.

Hablábamos recién de la incomodidad del humor que a veces aparece ahí, ¿a vos qué te hace reír?

A mí me hace reír mucho lo que tiene verdad. O sea, si hay algo donde yo siento que la verdad está desplazada, o magullada por algún efecto que pretende buscar la gracia, yo quedo afuera. Para mí, la verdad siempre tiene un costado gracioso en cualquier forma. Lo que a mí más me causa gracia es la lupa, el tipo de lente de lupa con el que se ve esa verdad, mucho más que el chiste. Es cómo mirar esa verdad. Y por eso creo que todo puede ser visto con humor.

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