La esquina más hermosa de la Ciudad Vieja de Montevideo no es, sin embargo, la más viva. O no lo era, al menos, porque si uno quería visitar el Museo de Artes Decorativas, ubicado en el magnífico Palacio Taranco frente a la plaza Zabala, tenía que dar con el día indicado, en un horario más bien escueto, y enfrentar el hecho de que, en realidad, esa institución estaba en una suerte de segundo plano respecto al circuito museístico de la ciudad. Su nueva directora, sin embargo, quiere romper con eso.
"Ser decana en la universidad pública argentina, en las condiciones en que funciona hoy, es difícil. Dejé el cuerpo. El año pasado terminé realmente muy cansada y con ganas de dejar. Y siempre pensamos con mi esposo que nos íbamos a retirar acá en Uruguay, que es el lugar del que nunca me quise ir y al que siempre vuelvo. Traté de volver, di clases en Humanidades, en el Claeh, pero el paso no fue posible. Ahora los hijos ya están grandes, Uruguay está cerca y se puede volver", dice ella en su oficina, donde la antigua biblioteca de la casa reluce en uno de los días más gélidos de junio.
Malosetti dice que tiene mucho para hacer en el museo. Lo primero fueron decisiones pequeñas, pero con las que ya nota cambios: el horario se extendió de 11 a 18 y ahora abre también los sábados, se habilitó el impresionante balcón que da a la calle 25 de Mayo, se pueden tocar los pianos antiguos y más. Y después, hay metas más amplias: lograr que finalmente se apruebe una licitación para la restauración de la fachada del edificio, la organización de actividades que le den más vida al museo, lograr que la Ciudad Vieja se convierta realmente en un centro neurálgico del arte uruguayo en una sinergia entre museos similar a la berlinesa. De todo eso, Malosetti Costa habló con El Observador.
¿Qué la sedujo de la dirección de este museo en particular?
Me entusiasma por las dimensiones del desafío. Es como un castillo de juguete. Pero además este es mi período de estudio, es volver a la actividad académica, implica volver a asumir esa vida, porque hay desafíos de investigación. Es como trabajar de Sherlock Holmes. Hay muchos cuadros sin atribuir, una biblioteca sin ordenar, espacios que resignificar. El museo está muy bien conservado, pero el edificio está con problemas que espero se puedan resolver pronto. Este museo fue la casa de los Taranco, pero fue vendida al Estado en los años 40 y durante mucho tiempo fue una oficina pública, y se vacío. Luego se trajo parte de lo que había antes, se reconstruyó parcialmente y se trajeron obras de otros museos, pero está todo un poco mezclado. Me gustaría poner una mirada nueva sobre él. Me gustaría empezar a hacer exposiciones temporales de diseño contemporáneo, de artes contemporáneas, de artes mezcladas.
20250627 Laura Costa, nueva directora del Museo del Palacio Taranco.
Foto: Inés Guimaraens
O sea que la primera tarea es ordenar y documentar.
Exacto.
¿Esa falta de orden se vincula a que es un museo que usualmente ha quedado en segundo plano en el circuito de estas instituciones? Al enumerar museos uno suele pensar primero en el MNAV, luego en el Blanes o el Figari, y luego en este.
Es un museo que está un poco desdibujado o estático, eso es lo que veo. Un poco detenido en el tiempo. No quiero parecer muy criticona, pero le veo como una inercia. Es precioso, la gente viene a sacarse fotos, hubo algunas actividades con la Facultad de Arquitectura sobre proyectos de ornamentación, pero no mucho más.
Da la sensación de que se le puede sacar mucho jugo.
Sí. Y, además, no sé si no es el palacio más hermoso que tiene la ciudad. Por eso la cuestión edilicia es fundamental. Los arquitectos que diseñaron este palacio fueron los mismos que diseñaron el Petit Palais de París, el museo de Bellas Artes. Luego lo construyó en dos años John Adams. Por eso cada vez que ha habido un evento histórico muy importante, como la visita de Charles de Gaulle, o el papa firmando la paz del conflicto por el canal de Beagle, se hizo en este lugar. En ese sentido, José Ortiz de Taranco escribió un libro bellísimo sobre la historia del palacio. Lo publicó él con su propio dinero, algunos pocos ejemplares, y se agotó. Me gustaría que se reedite, tener algún apoyo privado para que ese libro se consiga y se pueda conocer la historia de este lugar.
Es un museo que está un poco desdibujado o estático, eso es lo que veo. Un poco detenido en el tiempo. Es un museo que está un poco desdibujado o estático, eso es lo que veo. Un poco detenido en el tiempo.
¿Rescatar este museo es también rescatar la historia de la familia Ortiz de Taranco? ¿De ahí el acercamiento a los descendientes actuales?
Y sí, porque además el museo no solo cuenta un estilo, una época en la que todos querían ser París, sino que además cuenta la historia de la inmigración en este país. Lo mismo que el palacio Salvo. Los Taranco llegaron siendo niños. El primero llegó a los 14 años enviado por su padre porque era el período de guerras napoleónicas y a los 15 iban a morir a la guerra. El padre lo educó, le enseñó contabilidad, a escribir, y lo mandó a Buenos Aires. Pero quedó anclado en la Isla de Flores por la fiebre amarilla y ese niño, con unas monedas en el bolsillo y sin conocer a nadie, terminó desembarcando en el puerto. Una empresa portuaria lo dejó dormir en una barraca y le dio un trabajito. Y así empezó. A los dos años mandó a buscar a su hermano y luego al tercero. Los tres se hicieron socios de la empresa, después pasó a sus manos y llegaron a comerciar importación y exportación de todo el Cono Sur. Hicieron la América, lo que soñaban todos los inmigrantes.
Volviendo al edificio, es uno de los más impresionantes y destaca en medio de una ciudad que ha perdido algunas de sus señas patrimoniales históricas. ¿Cómo se ha visto esa transformación desde afuera?
Visto de afuera, Montevideo se mueve poco. Hay ciudades que destruyen más rápido. Montevideo destruye lento, destruye poco, veo mucha inversión privada en bienes antiguos, pero no para destruir y hacer rascacielos, sino hoteles o lugares culturales, o Airbnb, cosas así. Lo que sí veo y me preocupa mucho es que Uruguay invierte muy poco en su patrimonio. Invierte muy poco en su conservación.
O sea: dejamos que se caiga a pedazos.
Exacto. No se hace nada. No se demuele, pero tampoco se cuida. Y a este palacio le pasa que patrimonialmente tiene problemas. Tiene dos fachadas que estamos tratando de que se refaccionen, las administraciones anteriores estuvieron años esperando que se terminen las licitaciones para hacerlo y esperemos que suceda pronto. Hay tiempos muy largos y sobre todo muy poca inversión. El cuidado patrimonial la requiere. Tampoco hay carreras de restauradores en Uruguay. Ahora se está empezando con la Universidad Politécnica de Valencia una especie de protocolo, pero al ritmo uruguayo. Ayer estuve en la Facultad de Arquitectura con dos profesores de la universidad de Valencia que están dando clases, restaurando un mural de Augusto Torres, es un pasito inicial. El taller de restauración de patrimonio de la nación que está acá en la calle Canelones necesita urgente restauradores, equipamiento. Las bibliotecas necesitan bibliotecarios, tiene que haber vocaciones jóvenes. No sé cómo hacerlo, pero es muy importante despertar el amor de los jóvenes por esas tareas. Creo que ese es mi rol principal acá. Yo estudié Historia del arte en Argentina porque acá tuve un profesor maravilloso que se llamaba Carlos Machado. Él nos enseñó a mirar el arte como parte importante de la historia.
¿Eso falta en Uruguay?
Sí. Hay Historia del arte en las escuelas, pero no hay historiadores del arte, una carrera, no hay una profesionalización. Hay restauradores en los museos pero no una carrera. La carrera de Historia del arte se intentó muchas veces de crear, y nunca prosperó. No sé por qué. Ni siquiera como posgrado. Y es muy importante porque todas las ciudades viven de su patrimonio. Las grandes y las chicas. ¿Qué ciudad europea viviría sin historiadores y restauradores del arte? ¿Sin mirar a su pasado y mantenerlo vivo? En Italia es mucho más rentable y prestigioso ser un historiador del arte o un restaurador que contador o abogado. Acá también debería ser importante. He ido varias veces al taller de restauración de patrimonio de la nación y necesita ayuda. Necesita una inyección de juventud, de presupuesto. Que me hayan llamado a Argentina, que haya venido una directora de Nueva York al MNAV (Ndr: Roxana Fabius) son gestos de la Dirección de Cultura para internacionalizar a Montevideo y al Uruguay general.
20250627 Laura Costa, nueva directora del Museo del Palacio Taranco.
Foto: Inés Guimaraens
¿Cuál es el futuro ideal de este museo?
Que las jóvenes que entraron a trabajar conmigo y que son estudiantes de posgrado de Historia del arte me sucedan y haya una continuidad de política de gestión. Que este museo siga siendo referente, porque lo es, pero una referencia internacional. Que haya un sitio del museo con su colección y su biblioteca en línea y que se pueda buscar allí lo que tenemos. Este lugar tiene un potencial inmenso. Cada cosa que hay acá tiene su historia. También me gustaría que pudiéramos revalorizar todos los artefactos que tiene la casa: las luces, los picaportes, los candiles.
Todas las ciudades viven de su patrimonio. Las grandes y las chicas. ¿Qué ciudad europea viviría sin historiadores y restauradores del arte? ¿Sin mirar a su pasado y mantenerlo vivo? En Italia es mucho más rentable y prestigioso ser un historiador del arte o un restaurador que contador o abogado. Acá también debería ser importante. Todas las ciudades viven de su patrimonio. Las grandes y las chicas. ¿Qué ciudad europea viviría sin historiadores y restauradores del arte? ¿Sin mirar a su pasado y mantenerlo vivo? En Italia es mucho más rentable y prestigioso ser un historiador del arte o un restaurador que contador o abogado. Acá también debería ser importante.
En entrevista con el semanario Búsqueda mencionaste que Montevideo debería tener en la Ciudad Vieja su "isla de los museos" como sucede en Berlín. ¿Se ha descuidado la Ciudad Vieja en ese sentido?
Es que la Ciudad Vieja es nuestra isla de los museos. Acá hay más de veinte museos, públicos, privados y fideicomisos. Pero veo esa diferencia: los museos meramente públicos somos bastante pobres, los otros tienen la posibilidad de recibir fondos, de tener cafetería. Por eso creamos la sociedad de amigos del museo Taranco. Pero han habido otras iniciativas. Ya me reuní con los directores de los otros museos, y de hecho hay reuniones regularmente. Pero sí, totalmente, deberíamos apuntalar nuestra "isla de los museos". Porque además hay muchos edificios en ruinas. A la Ciudad Vieja me la imagino perfecta, divina. Las casas en ruinas se pueden recuperar.
¿Cómo debe ser un museo del 2025?
En primer lugar tiene que ser un lugar amigable para muchas generaciones. Tampoco puede ser un museo solo para turistas. Imagino un museo con actividades que atraigan público, como las que estamos haciendo ahora de un concierto por mes; imagino músicos contemporáneos que toquen en los pianos antiguos, mezclar las épocas, traer diseñadores contemporáneos a dialogar con la colección tradicional del museo. Sobre todo, lo más importante es atraer público infantil y juvenil. Vienen muchas escuelas, quiero que sigan viniendo y que vengan más, que haya visitas guiadas diferenciadas. Un museo del 2025 además debe estar en las redes sociales, tener su sitio web, su colección digitalizada, su colección investigada. Debe ser un sitio de investigación, didáctico y de fiesta.