Aquella primera canción infantil era, bajo todas luces, novelera. Una historia de amor inspirada en las telenovelas. El amor, y todas sus derivaciones, será desde entonces un tema sobre el que volvería años más tarde.
Casi dos décadas después, Olivia Wald se presenta como una de las voces de mayor crecimiento del pop argentino con más de 1,2 millones de oyentes mensuales en Spotify. Aparece en la pantalla con una sonrisa tranquila y la voz calma, mientras prepara lo que será el inicio de su gira internacional que comenzará en Montevideo el próximo 21 de agosto con un show en la Sala Rondeau antes de llevarla por México, España y Argentina.
Otra que arde, su segundo disco de estudio, es quizás la contracara llena de rabia de Cuerpo, su primer álbum. Una decena de canciones en las que explora el enojo, la decepción y la visceralidad que derivan de un corazón roto.
Sobre el desamor y la exploración de las emociones a través de la música, los premios, las canciones sin género, el miedo y el proceso creativo Olivia Wald habló con El Observador.
¿Qué referencias musicales había en tu casa durante tu infancia?
De Bandana a Chocolate 2000, Alex Ubago, Rossana, Cristina Aguilera o La Oreja Van Gogh.
Chocolate 2000, muy uruguayo.
Ah sí, me encanta.
Son artistas que de alguna manera tienen que ver con lo que estás haciendo hoy en día: hay una inclinación hacia el pop.
Bueno, con Alex Ubago tengo una canción, imagínate lo que es dar la vuelta de la vida. Insólito.
¿Siempre te sentiste llamada hacia el pop o fue algo que quisiste hacer?
Nunca entendí. Siempre me gustó la música, siempre me gustó escribir, lo mío vino más desde el corazón que desde entender. Después la vida me fue llevando. ¿A dónde quiero ir? Y medio que el pop era lo que más me salía. Al principio no era lo que más me gustaba, después probé otras cosas y la vida me terminó trayendo de vuelta al lugar donde me siento cómoda y donde siento que puedo explorar mi musicalidad y mis emociones.
En el medio incluso tuviste una banda de cumbia, ¿qué aprendiste de esa etapa que puede estar influyendo en vos al día de hoy?
Lo que quiero, lo que no quiero, a trabajar en equipo, a saber decir que sí y a saber decir que no. Hacer tiempo hasta las cuatro de la mañana para cantar no es lo que más me gusta, entonces el reggaetón no será mi género principal. Todo termina teniendo un poco que ver. Muchos encuentros y desencuentros. Fue una etapa linda y compleja donde aprendí mucho.
Venís ahora con Otra que arde, tu segundo disco. ¿Cómo fue el proceso de este disco?
Largo. Diferente. Son canciones que escribí hace mucho y canciones que escribí hace poco. A mi me gusta juntar todo en un concepto pero no forzarlo, entonces me tomé mi tiempo para entender si quería o no quería hacer un segundo disco y en un momento lo tuve muy claro. Siempre hay un día de revelación, de claridad, donde decís esto está acá. No es tan complejo, es esto. Recuerdo ese día con mucho amor y todo el proceso con mucho amor. Es un disco que en el que dejé mucho de mí, mucho corazón, y me animé a decir: sigo por acá, sigo enojada, sigo despechada, me quieren ver enamorada, risueña, cantando canciones de amor y bueno... yo sigo acá. Es una decisión.
¿Recordás qué fue lo que te dio más claridad?
Seguirme haciendo preguntas. A mí las preguntas muchas veces me angustian y a veces, cada tanto, te dan una respuesta. Entonces, abriendo preguntas sobre mí misma y sobre mi música encontré esto. Pero a mí, por lo general, los procesos creativos me terminan angustiando más de lo que me terminan resolviendo. Y bueno, un día me resolvió.
En tu música los temas muchas veces se adentran en el amor, pero sobre todo en el desamor. ¿Ese es un campo fértil para vos? ¿Es un espacio donde encontrás que puedes explotar compositivamente?
Sí, obvio. Tampoco me divierte aburrir, entonces trato de que todas mis canciones genuinamente tengan lugares diferentes dentro del desamor. A ver qué dije acá, qué no dije acá. Esto es sobre una ruptura, pero esta ruptura es distinta. Buscar esos lugares distintos. Son esos lugares donde nos drenamos en la vida y donde tratamos de tener emociones que por ahí nos dan tristeza, ¿pero desde qué lugar? A mí me gusta explorar las emociones.
Decías que la gente te quiere ver enamorada y feliz, de alguna forma en este disco se cuela algo de eso en El secreto peor guardado del mundo. ¿Cómo es esa historia? Esa canción de enamoramiento que entra en ese momento del disco.
Es una canción de amor con ironía. ¿Cómo vas a hacer una canción de amor con un título tan contundente? Es mi manera de mostrar ese afecto. Me encanta que esté ahí, voy a seguir haciendo canciones así, me gusta que eso aparezca en mi discografía y en mí. La gente sí me ve enamorada y feliz, lo que quiere es escucharme así: todo junto. Así que sí, me gusta jugar con eso.
También hay un tema que encontré de alguna forma bastante en el disco, que es el tema del miedo. ¿Cómo te llevas con eso? ¿Cómo entra en tu campo de composición?
Complejo, como en la vida. Cuando a uno le gusta mostrarse siempre tan seguro, abrir ese lugar a decir mirá, me da miedo lo más básico del mundo también es una manera de ser vulnerable. Pero no mostrarlo también es una cobardía. Puedo tener miedo, pero no ser cobarde. Desde ese lugar es que trato siempre de ser sincera con lo que me pasa y con lo que siento. Hay cosas que me animo a mostrar, hay cosas que no, y hay cosas que con el tiempo vas aprendiendo también a mostrar.
Cuerpo fue tu álbum debut. ¿Cómo creés que estos dos discos dialogan en este momento de tu carrera? ¿Cómo estas dos etapas de tu carrera hablan de vos?
Creo que se llevan bien, que se comprenden, que hay una similitud. Los mensajes son muy distintos. Hay una sensibilidad muy grande en Cuerpo y hay un enojo muy grande en Otra que arde. pero siento que pueden coexistir en un show. Es lo que estamos trabajando ahora. Visualmente es complejo, porque visualmente son muy distintos. Pero sonoramente y emocionalmente creo que conviven mejor.
¿Por qué ahora quisiste abrazarte más al enojo?
Porque es un lugar en el que me represento y es un lugar que me gusta dejar en las canciones. Yo no soy una persona temperamental que va a romper una silla cuando se enoja. No, voy a escribir una canción que diga que espero que el karma te vuelva y duela más que un tiro. Lo voy a escribir, lo voy a cantar, pero no voy a ir a gritarte, no te voy a bloquear, no voy a romper algo. Es mi lugar de destaparme. Eso no quiere decir que yo tenga esa crudeza en la vida real, es el lugar de escape que encuentro para esas emociones.
Hace muchos años que estás construyendo tu proyecto. En el último tiempo mucha gente se ha acercado y ha descubierto tu música. Incluso el año pasado recibiste el premio Gardel a Mejor Nuevo Artista. ¿Cómo resuena para vos ese reconocimiento? ¿Es algo que te impulsa o te genera un poco de presión?
Presión no me genera porque a nadie le importa tanto, a uno le importa más que a nadie. Sería re soberbio decir que tengo presión de tener un premio, que si yo no hablo del premio o lo saco en la gacetilla se olvidan. Es una cosa que uno tiene presente, que uno quiere tener presente para motivarse. Eso no te va a hacer mejor artista. Yo no soy la mejor nueva artista. Nadie es el mejor nueva artista. Todos tenemos nuestros momentos, nuestras creatividades, y si no lo hubiese ganado no hubiese cambiado nada. Tenerlo es un mimo, tenerlo es una motivación, te da un reconocimiento a nivel internacional y nacional cuando tenés que ir a luchar por algo y está buenísimo, pero cuando me encierro en un estudio a nadie le importa si tengo o no tengo un premio Gardel y a mí no me importa. Eso es lo que tiene que ser importante para cuando uno va a crear.
De alguna forma componés canciones desde el lugar de una mujer que ama a otras mujeres. Me parece que es muy importante, porque hay gente que se reconoce en ese lugar también. ¿Es algo que está en vos cuando vas a componer, es un ejercicio consciente?
No, a veces sí trato de escribir sin género. Por ahí cuando se te escapa algo en masculino –porque es la norma y porque estás acostumbrada a escribir así– decís pará, tratemos de no ponerle género a esta canción. Sí hago mucho eso consciente, no ponerle género. Si le quiero escribir una canción a una mujer voy y se la escribo. No es una decisión que estoy tomando a propósito. Habría que analizar mi disco a ver qué está escrito para un hombre, qué para una mujer y qué para nada.
Este detalle de no incluir género en las canciones no es nada común.
Está bueno. Lo aprendí de un amigo costarricense que es bisexual, pero no había salido del closet y tenía muchas canciones por no decirte todas escritas a hombres y él no ponía género. Le digo: ¿Cómo escribís así? Qué imposible, que difícil escribir sin género. Cuando yo empecé a escribir en la segunda etapa dije che, voy a poder tratar de poner en juego esto que me enseñó. Y está bueno.
¿Cómo se transforma este disco en una presentación escénica? ¿Qué podemos esperar de su llegada a Uruguay?
La verdad que es una sorpresa para Uruguay y para el mundo, porque va a ser el primer show de la gira. Y también para mí. Arranco los ensayos la semana que viene, ya estamos con todo lo que va a ser la sonoridad, estamos trabajando en todas las pistas, estamos armando el orden, los momentos que son tan importantes, ver qué podemos recrear en cada venue. Sin duda que va a ser ser una gran sorpresa para todos, especialmente para mí, este primer show en Uruguay.