20 de junio de 2026 5:00 hs

Para encontrar la luz, a veces hay que regresar a donde alguna vez hubo fuego. Por eso Rodra volvió al universo de Lucía Rodríguez Esperón. Un mundo de criaturas extrañas en el que volvió a encontrarse con su versión más auténtica: la niña que le regaló una estrella que la guíe. Un hallazgo que lo cambió todo y trajo canciones.

"Esto es lo más rebelde que puedo hacer: volver a mis raíces, ir a lo más profundo y asumir lo que soy", dice la artista a El Observador. Pensar en un futuro con esa niña en mente, en lugar de una manera desarraigada o bajo una luz artificial.

cosas que no mueren (Bizarro), su segundo disco de estudio, es una colección de canciones enraizadas en la memoria. Un álbum atravesado por la ternura y el punk al mismo tiempo. Un disco que presenta todas sus facetas. Rock, pop, candombe, electrónica. Una fusión auténtica, orgánica. Sin empequeñecerse ni encasillarse. Un disco “orgullosamente de industria nacional”.

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Rodra es eso que suena en once canciones que son producto de una búsqueda de años de aciertos, errores, y evoluciones. Brillante incluso en los momentos de oscuridad, el disco se convierte en una exploración honesta y vulnerable sobre las múltiples implicancias del peso exterior sobre la experiencia femenina, el poder protector de la amistad, el amor, la añoranza y la bronca. Rodra hace de once canciones un viaje emocional para bailar, llorar y gritar con colaboraciones con artistas como Victoria Brion y Flor Sakeo.

“Hay una parte de la literatura que está en los ojos, en el ver la vida a través de la poesía. Está en la naturaleza en la ciudad, en la calle, en todos lados. Es un lente para mirar la vida”, dice la artista. Y toda esa poesía está ahí, entre las cosas que no mueren. Pero también en la palabra, en su mirada del mundo.

Una mañana de inverno, un rayo de luz le atraviesa la mirada mientras habla con humor y con pasión desde la mesa de un café de Montevideo. Una anotación en su celular aparece como una hoja de ruta. Una lista que escribió con todas las cosas que aún no había dicho, pero quería plasmar en su nuevo disco. Una forma de evitar la comodidad.

Entonces, lee:

¿Podemos cambiar y seguir siendo los mismos? Envejecer, la visión de la vejez. La masturbación y el autoplacer. El amor a través del tiempo y la distancia. La belleza en las pequeñas cosas. El miedo, el proceso creativo. Mi fortaleza. El amor a mis abuelas. La relación interespecie. Extrañar o recordar a alguien que no está. La gente vueltera, falsa, que se hace la misteriosa. Soltar el control. Qué linda que sos, amiga. ¿Cómo explicártelo? ¿Podés hablar más bajo? Dejar de gritar. Juguemos en el bosque mientras el lobo no está. No perturbar a papá, portarse bien. Aceptar mis estados, estar apática o antisocial. La superación, los deadlines. Decir adiós con alegría.

Algunas, fueron canciones, otras lo serán. No todas verán la luz. Pero si algo tiene claro es cuál es el peso de las palabras. "Cuando puedo decir algo, voy a decir algo que realmente me represente", comenta.

Sobre su identidad artística, el camino de su último disco, las exigencias de una sociedad sobre las mujeres, por qué "odia" el término "industria musical" cuando se aplica a Uruguay y las cosas que no mueren, Rodra habló con El Observador.

Te dicen Rodra desde el liceo, un apodo que se ha transformado en el nombre de tu proyecto artístico entre otras cosas. ¿Qué significa Rodra para vos en este momento?

Es mi identidad total. Me es más fácil decir quién es Lucía que quién es Rodra, por momentos. Rodra es mi apodo, la forma que me dicen mis amigos, es la forma en la que me digo a mí misma. Y a la vez es mi nombre artístico. Entonces, es medio indomable. Intenté cambiarme ese nombre porque cuando era adolescente me parecía medio rudo, como medio tajante, y no pude porque todo el mundo me decía Rodra, entonces quedé Rodra para siempre. Entendí por qué va bien con mi personalidad y me abracé a eso. Es mi identidad: es la persona que soy, la artista que soy, es donde todo confluye. En este momento es una pulsión de vida. Es como unas ganas de vivir, de evolucionar, de sentirme mejor. O por lo menos siento que cuando estoy en ese eje –que a veces es desde sentirte bien y estar feliz o a veces es desde el dolor y desde lo más aguerrido– tiene que ver con una cuestión muy profunda de la emoción. Es como yo soy, una persona muy sensible y emocional. Hoy en día ha cambiado mucho lo que es Rodra. Mucha gente pensó que era mi nombre. Recién ahora estoy hablando de Lucía y Rodra. Cuando empecé a tener más trabajo en la música era mi propia manager y firmaba los mails como Lucía Rodríguez. Cuando llegaba me decían, ¿eras vos? Necesitaba separarme un poco. Lucía es esta persona que va a la facultad, que estudia, y Rodra es también es esa persona pero la más creativa, está como en otro plano.

Cosas que no mueren, justamente, es un disco que tiene mucho que ver con tu identidad.

Esto soy yo en este momento de mi vida. Es un disco que muestra todas las caras del diamante. No era así el disco antes, empecé componiendo un disco de rock porque mi entorno me decía vos tenés que hacer rock. Y yo estaba en otra total. Hacer rock es una zona de confort para mí pero yo estaba escuchando otras cosas, estaba comprendiendo otras cosas y todo eso es lo que yo soy. No soy una única forma musical. Estaba un poco condicionada por estos conceptos del marketing de encontrarte un nicho, encontrar tu diferencial, encontrar ese espacio que nadie ocupa e instalarte ahí. Yo hago música. Es muy difícil trasladar eso al arte sin pervertir el impulso creativo inicial, auténtico y genuino. Tiene que ver con esta Rodra, este impulso vital, esta pulsión de vida que te decía, que en este momento de mi vida se está expresando en muchas facetas. Descubrir mi propio concepto y encontrar en mi propia pluralidad en qué es lo que me define y por qué todo esto puedo ser yo misma también.

¿Jugaba hasta ese momento la idea de lo que la gente esperaba de vos? Cuando ya tenés un lugar en la escena y la gente te encasilla de alguna forma, subvertirlo y entregar otra cosa puede generar cierto vértigo.

Me sentí muy condicionada por pila de gente de mi entorno. Hice un disco de rock que se llama El Humo desde un lugar muy vulnerable y muy dolido. Pero estoy aprendiendo otras cosas en la vida, y estoy en otras búsquedas. Estoy copada con cosas nuevas que estoy encontrando y viene alguien y me dice, vos tenés que hacer rock porque es lo que vos sos buena. Un poco me dan ganas de hacer todo lo contrario. Me pasó también trabajando con personas que me digan vos tenés que ocupar este lugar. Vos tenés que ocupar este lugar en la escena o sos la artista de rock que necesitamos. Otras cosas que me han dicho también, terribles, como que tenés 30 años, es tu momento de ser la rockera uruguaya del momento. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Esas expectativas quedan marcadas. Todo eso lo agarré, lo hice una bolita, y lo usé para hacer otra cosa. La primera vez que me sentí presionada por hacer rock, hice un tema que se llama No Paren que es un popazo y era lo que yo quería hacer en ese momento. Una canción con mis amigas solamente para bailar. Salir un poco de esta estética del enojo que estaba teniendo. O sea, yo estoy enojada todo el tiempo porque el mundo es una mierda, es totalmente injusto, pero eso no quiere decir que en mi emocionalidad concreta del presente esté todo el tiempo en esa o quiera todo el tiempo expresarlo. Todo confluye en lo mismo: depende de lo que hacemos con esas exigencias que sentimos. A veces una se siente medio asfixiada. A mí me llevó mucho tiempo hacer el álbum porque estaba medio asfixiada por esas expectativas, que en realidad las tengo más yo que todo el entorno porque es una cosa que se arma una. Pero tengo que ser orgánica, tengo que ser lo que soy, sino no voy a poder sostener esto.

En este camino de búsqueda y de ser fiel a ese impulso del que hablabas, hayas recurrido también a tu infancia y a tu niña. Reconocerte en esa Rodra que, por ejemplo, dibujó la tapa del disco.

Ahí está todo el rock que quiere todo el mundo. Yo era una niña punk. Usaba muñequeras con calaveritas, la mochila de La Vela toda llena de alfileres de gancho, unos pantalones con cadenas. Yo siempre escuché rock and roll. Está mi esencia ahí. Y también en la música uruguaya, el candombe, la murga, en mi casa circulaba mucha música. Pero una de mis facetas más rebeldes es la de la niñez. Es esa autenticidad y ese momento tan idílico de no estar tan determinados por la sociedad. Y en eso lo fui encontrando. Venía trabajando con un equipo en la parte visual de mi proyecto. Venía construyendo una estética más oscura y hace tiempo que quería una luminosidad. De hecho, si ves los videos, estoy siempre buscando una luz, pero no estaba siendo la luz. Estaba siempre intentando llegar a algo y no estaba en ese lugar. Cuando ese proceso se cerró quedé un poco a la deriva y dije ¿qué voy a hacer con este disco? ¿Tengo que continuar esta estética o la cambio por completo? Venía trabajando con archivo de mi familia, dibujos, fotos de mis abuelas. Estaba buscando data para atrás. Yo hace mucho tiempo que venía preguntándole historias para escribir a mis viejos, a mi madre, a mi padre, a mis abuelas. Estuve rastreando esas historias, reconstruyéndolas, y en todo esto encontré una bolsa de dibujos que no conocía que eran dibujos que tenía mi viejo. Estaban todos con fecha. Y encontré un dibujo que se desdoblaba y decía esta es tu estrella, siempre estará contigo. Me conmoví y yo cuando me conmuevo sé que ahí hay algo real. Cuando me emociono orgánicamente.

Y encontré el otro dibujo, que es la vaquita-tortuga-loca, y me dio esperanza. Ese dibujo lo entiendo porque lo hice yo. Es obvio que lo hice yo. Veo su expresión mirando a la luna y digo, soy yo. Y en un momento dije es ahora que está apareciendo este mensaje para mí, tengo que tomarlo. Esta idea vino con un montón de canciones. Saqué un montón de canciones, puse otras. Y fue como, ah, OK era esto. Esta es la luz que estoy buscando. Esto es lo más rebelde que puedo hacer: volver a mis raíces, ir a lo más profundo y asumir lo que soy.

Es un disco que se mueve de alguna forma entre la dulzura, la alegría, la amargura y la rabia. Decías en una entrevista que por primera vez habías hecho una lista de las cosas que querías decir. ¿Qué decía esa lista?

La hice al principio, para acordarme de las cosas que me interesa hablar y no terminar hablando de pelotudeces del amor. Termino componiendo eso porque es lo más fácil, es como la poesía que está a la mano, la metáfora más facilonga. Quería utilizar un lenguaje tirante entre lo coloquial, lo mundano y la poesía total y la metáfora. Me encanta que haya algo místico y de repente una imagen muy concreta. Soy medio oximorónica en todos mis sentidos. Y me hice esta lista de temas que me interesan para el disco. En la lista tengo esta pregunta: ¿podemos cambiar y seguir siendo los mismos? Envejecer, la visión de la vejez. La masturbación y el autoplacer. El amor a través del tiempo y la distancia. La belleza en las pequeñas cosas. El miedo. El proceso creativo. Mi fortaleza. El amor a mis abuelas. La relación interespecie. Extrañar o recordar a alguien que no está. La gente vueltera, falsa, que se hace la misteriosa. Soltar el control. Qué linda que sos, amiga. ¿Cómo explicártelo? ¿Podés hablar más bajo? Dejar de gritar. Juguemos en el bosque mientras el lobo no está. No perturbar a papá, portarse bien. Aceptar mis estados, estar apática o antisocial. La superación. Los deadlines. Decir adiós con alegría.

En un momento la lista la solté, pero siempre tuve claro que quería hablar de otras cosas. cosas que no mueren es el nombre del disco y es la esencia, hablar de las cosas que no mueren y conectarse con eso que no está, también confiar en eso que todavía existe, darle una posibilidad al otro, probar, intentar. ke me pasa, que es un tema de apatía. saber ganar que es como mi fortaleza. paranoia que un tema sobre la salud mental. ser una rosa que es como encajar en un molde y después romperse. ay voy, es una canción de amor. No es una canción de amor triste ni de drama. Es una canción de amar. Intenté plasmar en esa canción el enamoramiento y esa cosa medio inocente. Repensarme en esas temáticas y en esos sentimientos.

Hay algo también de la amistad como impulso creativo en el disco y lo importante que son las amigas en la vida adulta. ¿Qué son las amigas en este disco?

Es el amor más rebelde que existe. Porque es un amor que no siempre busca acariciarte el lomo, que no siempre busca satisfacer o no busca amoldarse a vos. Amás al otro en su totalidad y hay una cosa de cada uno genuina. Cuando empezás a sentir que te estás amoldando en una amistad, generalmente es algo medio raro, medio tóxico. Con los amigos con los que realmente conectás podés estar totalmente desnuda de personalidad. Simplemente te veo, te admiro, te amo, te entiendo y no te exijo lo que no podés. Te visualizo. Por lo menos eso es lo que estoy intentando en la amistad. He pasado por situaciones de mierda en la vida, de mucho dolor, y mis amigas han sido pilares fundamentales. Es como el barquito con el que he atravesado la tormenta. ¿Por qué no focalizarme en eso? ¿Por qué no poner el foco en las cosas que realmente importan? Ya lo había hecho en el EP 103, que habla de una ruptura amistosa, y en este álbum quería traer un poco la otra cara de las amigas: el amor por las amigas, las conversaciones con mis amigas, el amor y el cuidado, la protección que tenemos entre nosotras. Nadie te va a proteger como tus amigas. Necesitamos tener personas en las que confiar plenamente, no estar pensando que quizás hay algo que no estás viendo. Intenté que esa obsesión por el amor de pareja no tenga espacio en este disco. No hay ningún tema que sea medio migajero. Ninguno. Tengo 30 años, me di cuenta de que hay cosas mucho más importantes y que cuando realmente el amor es sano y es cuidado es algo que fluye naturalmente.

Me interesa esto de ser una mujer de 30 años. En ser una rosa te referís a la mirada del exterior y la presión social, que es algo que también atraviesa el disco.

A veces quiero ser una rosa; no decir nada, no decir cosas. Para ser perfecta una tiene que estar con la boquita bien cerradita y metiéndose jeringazos en la cara. Ya está. Lo que te exige la sociedad es de un nivel de delirio total. Soy una mujer de 30 años, quiero cosas para mi vida que me piden que deje de gastar la plata en skincare, que deje de correr atrás de una zanahoria que yo no me la puse adelante a mí misma. Siempre me sentí medio oveja negra, este sentimiento de las que nacimos en los 90 de ser medio tipo emo-girl. Escucho con mis auriculares en el cuarto música, me aíslo del mundo y nadie me comprende. Medio I'm a creep. La canción Una Rosa es medio mi canción Lana del rey. Es como la canción de cuando me siento distinta a todos. Lo hablo con una amiga, que a veces preferiría ser una milipili. Es más fácil. A veces preferiría no haber elegido la vida alternativa que tengo y haber elegido una carrera normal que me dé un sueldo, que llegue a mi casa a tal hora, que pueda planificar. Cada uno con sus problemas, ¿no? Estos son los míos.

Ser un mapa en un museo mirada por los demás. ¿Dónde te ubicás en ese mapa?

Hay una canción que se llama mapa para encontrarme en el disco y de hecho el primer nombre que pensé para el disco fue ese. Sentía que cada canción era una constelación que iba a encontrar mi forma, mi mensaje, lo que yo quería decir. Ese mapa es un mapa que lo estamos descubriendo todo el tiempo. Es un mapa que lo estamos construyendo a pasos, caminando la propia vida, viendo dónde vas y ponés mojones, dónde vas y ponés tus límites, dónde vas y sembrás, dónde vas y cosechás, dónde vas y te vas de ahí y ese lugar pasará a ser otra cosa. En realidad, el mapa es una representación gráfica de algo que es la naturaleza. El mapa que miran los demás en el museo nunca va a ser la naturaleza, es una representación de cómo pensamos que es forma del mundo o de lo que sea que está planteado en ese mapa. Nunca vas a poder oler la tierra del mapa, tocar el agua del mapa. Es simplemente algo que te permite imaginar.

Hablábamos de atravesar las tres décadas. ¿Cómo te llevas ahora con tu Rodra de los 20?

¡Ay, re bien! ¿Sabés que estuve re peleada? A los 25, cuando era reciente y uno quiere desprenderse de ciertas cosas. Pero ahora mi Rodra de los 20 es mi estandarte. Estuve mucho tiempo peleada con esa Rodra, impulsiva y radical, y me intenté meter en esto de ser una rosa. Me quise meter en camisas de 11 varas, estructurarme, decir no me tengo que exponer o tengo que ser menos intensa o menos... Ese es el pensamiento que nos instalan las mujeres. Tenés que ser menos. Recatada, cuidada, reservada. ¿Estamos en la Edad Media? Ese pensamiento sigue en diferentes formas. Siempre por algún motivo vas a ser demasiado. Y también es algo de la cultura uruguaya. Hay algo acá de que nos juzgamos entre nosotros, estamos todo el tiempo mirando para el costado viendo qué hace y qué dice el otro. Intentar no reírte muy fuerte, pasar medio desapercibido. Una especie de humildad, pero con una cosa medio prejuiciosa hacia el otro detrás. He descubierto que en muchos otros lugares de Latinoamérica tener una personalidad extrovertida como la mía es moneda corriente y es festejado. Durante mucho tiempo intenté meterme adentro de una estructura y después, y viendo mi vida para atrás digo pá, esa Rodra de los 20 hacía cualquier cosa sin medir las consecuencias y por eso las consecuencias la sorprendían positivamente. También todos mis errores, ¿no? Pero me animé a sacar mi música en un momento en que no era tan corriente, y no es para hacerme la uy en mi época, pero no tenía muchas amigas mujeres que sacaran un EP además de las grandes referentes. Era lejano hacer un disco. Y lo hicimos. Ese espíritu lo quiero desempolvar. Está ahí. Esa Rodra de los 20 a mí me ilumina.

En distintos momentos de la conversación nos acercamos a esto del panorama musical o de la industria musical en Uruguay. ¿Cuál creés que es tu lugar ahora? ¿Cómo te sentís en este marco?

Siempre me sentí medio sapo de otro pozo en todos los nichos. Hago rock, pero no. Hago pop, pero no. Canto un candombecito, pero no. A la vez tengo amigos en muchos entornos y siempre me moví por muchos lugares, me invita a cantar gente re distinta y me encanta porque no es que pego por la música que hago sino por mi forma de ser artística. Siento que estoy en un momento de incertidumbre. Dentro de la industria siento que tengo un lugar que me gusta, que he construido algo que que hace que hoy en día la gente pueda escuchar mi disco y me llegue gente que lo canta, lo sube en las redes y me lleguen mensajes re lindos. Siento que hoy en día tengo la posibilidad en el lugar en el que estoy de percibir a toda esta gente. No estoy en un lugar donde toda esa gente sea una masividad y desaparezca, sino que puedo conectar con cada persona. Puedo hablar con todo el mundo. No tengo el deseo de ser una rockstar y llenar un estadio. Si sucede, genial, pero no es mi objetivo. Mi objetivo es tocar la música que me gusta y poder pagar alquiler. Eventualmente concretar cosas en mi vida, hacer la música para una película. Estoy en un lugar que me gusta, siento que la gente que me escucha y en mi entorno me están conociendo de verdad. Con este disco sobre todo, son todas músicas muy distintas y a la vez si lo escuchás entero es mi identidad. Siento que estoy en un lugar que construí y que me encanta. Estoy rodeada de amigas, mujeres, música, así que estamos todas re hipercopadas entre todas nosotras. Estamos en un Uruguay que cada vez tiene más música nueva, más bandas nuevas y más fructífero en ese sentido. Mucha gente está eligiendo la música como camino de vida y eso a mí me motiva. Siento que hace falta que esa música la escuche la gente, que se potencie mucho más los artistas uruguayos acá y en el exterior. Es difícil, siempre lo ha sido, pero la calidad musical, el nivel, la búsqueda, está tremenda. En este momento quiero plasmar la riqueza de nuestra música uruguaya, poder hacer un disco que orgullosamente sea de industria nacional. Que represente mi propia historia, pero a la vez el ser uruguaya. También estoy del lado de trabajar como productora y ahí también me siento en otro lugar, que la gente te elija para trabajar en sus proyectos. Están pasando cosas hermosas, es eso lo que le da sentido para mí.

Odio la palabra industria musical. Hay que usarla, pero siento que en Uruguay nos aleja y nos genera algo raro. Si hay una industria, ¿dónde está? Yo no me siento parte de una industria, porque estamos tan precarizadas en nuestro sector que siento que es una palabra que se ajusta muy poco a nuestra realidad. Genera una lógica capitalista de producto que no me interesa. Me siento como una empleada que no cobra el sueldo. ¿De qué industria estamos hablando? Los artistas como yo no figuramos en la industria. Ahora estoy trabajando con un sello, entonces empecé a figurar en un primer eslabón. Pero en realidad la cultura está en la calle todo el tiempo y la mayoría de los artistas que hacemos música nos movemos un poco por fuera de una industria. Sí participamos, entiendo que estamos dentro, ¿pero en la práctica dónde está esa estructura? Falta mucho para que estemos todos regularizados en nuestros trabajos y que realmente podamos proyectar nuestras vidas viviendo de la música, ahí capaz que podamos hablar de industria. Por ahora en Uruguay la palabra industria se la quedan tres o cuatro personas, y me parece bárbaro, aplausos. Pero a mí no me llega. Prefiero pensarlo de otra manera, prefiero pensarlo en redes, en un micelio subterráneo, en raíces, en árboles, en cosas que permanecen. En cosas que no mueren, literal. Ahí siento que estamos los trabajadores de la cultura, poniéndole el granito de arena, moviendo la aguja, diciendo lo que tenemos que decir, manteniendo la función social del arte viva que es tan difícil. Yo intento ser consciente de que estoy dando un mensaje. Sea el que quiera dar, lo estoy dando. Tenés la oportunidad de decir algo, ¿qué vas a decir? Cuando puedo decir algo, voy a decir algo que realmente me represente.

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