No es habitual en el cine uruguayo ver películas que transcurran fuera del presente en el que se estrenan. Recrear una época o construir un futuro es caro. Tampoco es habitual encontrar historias que sucedan en un escenario que no sea el del realismo más tangible. Un futuro brillante, sin embargo, puede caer en los casilleros de ciencia ficción o distopía. Y eso ya la hace una película particular.
Claro, el hecho de que su premisa, su ambientación y su propuesta se aparten de lo habitual no garantiza que eso sea un mérito en sí mismo. Pero en el caso de esta película dirigida por Lucía Garibaldi, el universo que se crea en la pantalla es uno de sus mayores puntos a favor, gracias a una edificación sólida desde lo narrativo, lo visual y lo técnico.
El futuro de esta historia no es brillante ni mucho menos (aunque lo parezca). Pero si tiene una verosimilitud y un aspecto tangible que hace que todo lo que sucede dentro de él esté rodeado de la mejor manera, y ayudan a que la película establezca y genere los climas y las “vibras” que requiere en cada momento, sean estas de tensión, incertidumbre, rabia o descubrimiento.
Hay que venir al sur
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Al mundo de Un futuro brillante se entra a través de los ojos de Elisa (Martina Paseggi, excelente y dueña de algunos momentos memorables del largometraje, desde una secuencia de baile tan asquerosa como hipnótica hasta escenas que le exigen mayor intensidad), una joven que ha sido seleccionada por las autoridades para viajar al Norte, una especie de tierra prometida donde su hermana mayor ya está viviendo.
En el Norte, le cuentan, todos son felices, todos trabajan mucho y gracias a ese esfuerzo “se está haciendo historia”. No sabemos mucho más, salvo que en el Norte la gente no tiene mucho contacto entre sí. Todos trabajan juntos, pero solos. Y los que se van, no vuelven.
Todo el entorno de Elisa espera su viaje. Su madre, obsesionada con el Norte, se deja la vida y los ahorros en una rifa que sortea un viaje a ese destino soñado. Sus vecinos la felicitan por adelantado, porque el barrio recibirá un premio por haber mandado a todos sus jóvenes al Norte.
El de Elisa es un mundo donde ya casi no nacen niños, y por lo tanto ser joven es el bien más preciado. Donde las hormigas son una amenaza letal, los animales ya no existen y son recordados y recreados con versiones embalsamadas o parlantes callejeros que emiten sus sonidos. Es un mundo en el que el Sur es una tierra salvaje, sin ley, sin control.
El gran problema es que Elisa no tiene muchas ganas de viajar. Y cuando al apartamento de al lado se muda una misteriosa mujer (Sofía Gala Castiglione), que le presenta alternativas a ese mandato social, el camino queda dividido para la protagonista.
La directora y coguionista de la película, Lucía Garibaldi, contó a El Observador en febrero de este año, cuando su nueva obra pasó por el Festival de Cine de José Ignacio, que la idea original de este proyecto se le apareció caminando de noche por Montevideo. Una premisa simple, la de una joven que no quiere hacer lo que le dicen, en torno a la que construyó todo un mundo.
Embed - LUCÍA GARIBALDI | Desde la butaca del JIIFF
La película, que tiene como antecedente a su estreno este jueves en salas uruguayas un nutrido listado de festivales internacionales, incluyendo el de Tribeca, en Nueva York, donde recibió el premio principal en la categoría Viewpoints, es en definitiva una historia sobre la libertad y la posibilidad de elegir y seguir los deseos propios antes que los mandatos preestablecidos. Es un cuestionamiento al productivismo extremo de esta época, donde todo tiene que servir para algo.
Es, también, una película que a través de la estética de su universo narrativo apunta contra los totalitarismos, y que también puede leerse como un dardo contra los mensajes (oficiales o surgidos desde la propia sociedad) que se establecieron como verdades durante la pandemia de covid-19 en Uruguay. En Un futuro brillante hay algunos momentos que remiten al “nos cuidamos entre todos” o a la presión social que se estableció contra ciertos comportamientos.
En su entrevista en febrero, Garibaldi reconocía dos eventos, uno personal y otro global, que atravesaron y definieron Un futuro brillante. “La pandemia, que subrayó muchísimo toda la línea de la película de crítica a la superproductividad, al emprendedurismo y la autoexplotación, a la pérdida del aquí y el ahora, a la pérdida del valor del acto de perder el tiempo, de no servir para nada, de dormir la siesta, de cómo al sistema no le conviene que vos duermas la siesta y que boludeés. Y después fui mamá, entonces está el tema de la maternidad en la película, el paso de cuando sos joven, que sos hijo de tus padres, a ese momento cuando empezás a ser padre de tus padres, eso también está ahí”, explicó la directora.
Una intención que se refleja en el vínculo madre-hija que es uno de los puntos mejor desarrollados de la historia. La madre de Elisa, encarnada por Soledad Pelayo, es quien le transmite en buena parte las presiones a las que la joven se enfrenta, pero al mismo tiempo es recipiente de un montón de sueños y aspiraciones inalcanzables, que serán el contrapeso clave para su hija.
Distopía a la uruguaya
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Un futuro brillante genera un grado de inmersión dado por su diseño de arte y de producción, y por la forma en la que presenta las reglas de su mundo distorsionado y agobiante. Todas las piezas del proyecto encajan para generar un escenario con reglas claras, con un excelente manejo de recursos para que todo “se vea bien” aunque el presupuesto fuera a la escala uruguaya.
Este futuro brillante es, además, divertido. En su presentación y en su funcionamiento. Aunque la película a veces cae en el problema de tener que explicar el funcionamiento de ese universo, lo que hace que en algunos pasajes el diálogo se haga algo más expositivo y frío.
Con el ya sabido esquema de que la ciencia ficción, las distopías o como quieran llamarse son en realidad formas de hablar del presente, Un futuro brillante tiene como rasgo distintivo su carácter íntimo y una escala reducida para hablar sobre cuestiones universales como la importancia de la libertad y el plantarse ante ciertos mandatos sociales.