Desde la asesoría técnica del Inavi, Eduardo Félix señaló a El Observador que el relevamiento “es un paso importante para delinear y comprender la situación actual de la industria”, pero manifestó que por ser el primero, no hay datos para hacer la comparación con años anteriores.
“Este es el punto de partida para ver cuáles son los desafíos y oportunidades que tenemos de acá en adelante”, dijo Félix, quien procesó los datos del censo junto con Agustina Clara y Franco Deleon.
Continuidad del negocio
Uno de los puntos clave del censo está vinculado a la continuidad de las empresas del sector. De acuerdo con los relevamientos, el 26% de las empresas vitivinícolas uruguayas señaló que dejará la actividad, mientras que un 23% respondió que no sabe si continuará.
El hecho de que casi el 50% de las empresas ponga en duda su continuidad en el negocio, es una luz de alerta para el Inavi. No obstante, los técnicos explicaron que no significa que vayan a dejar el viñedo en la próxima zafra, sino que es una decisión que van a tomar de forma gradual y a mediano plazo en los próximos 10 a 15 años.
“No es que estas empresas vayan a desaparecer en la siguiente zafra pero sí lo van a ir haciendo a lo largo del tiempo y el motivo principal para no continuar en el rubro es por no tener un recambio generacional”, explicó Deleon.
La mayoría de las empresas que no continuarán en el rubro son de tamaño pequeño (menores a 10 hectáreas) y el 83% del área de viñedos cuyos propietarios no continuarán con el negocio, son aquellos cuyas plantas están en el rango de edad de 16 a 30 años. Un viñedo puede producir de forma óptima durante aproximadamente entre 25 a 30 años, si bien esto varía según el suelo, la ubicación, la tecnología aplicada y las características de la planta.
El otro motivo señalado por estas empresas es la baja rentabilidad que tiene el sector, la cual, según Deleon, “tampoco ayuda o motiva a ese posible recambio generacional” a continuar con el negocio.
Sobre este punto, el censo arrojó que el 60% de las empresas señalaron que sus márgenes no son suficientes para crecer y solamente la mitad de estas incorporaron tecnología en los últimos cinco años.
“No es que el viñedo no sea rentable, es que los márgenes del viñedo por hectárea son mucho más pequeños. En 1990 un productor con cuatro hectáreas podía cambiar el auto todos los años, hoy, 35 años después, el módulo mínimo para vivir de una empresa vitícola son entre 15 a 20 hectáreas”, ejemplificó Félix.
La baja rentabilidad que enfrentan los pequeños productores
La principal explicación para la baja rentabilidad que enfrentan los pequeños productores es, según Deleon, el tamaño del viñedo, la antigüedad y la falta de tecnología aplicada a los cultivos.
En ese sentido, el asesor técnico del Inavi manifestó que "la mayoría de los productores que están teniendo bajos márgenes, en general, son todos chicos, de baja escala", con viñedos de menos de cinco hectáreas.
"Hay dos formas de mejorar la rentabilidad. Produciendo más o bajando costos, pero la realidad es que con viñedos envejecidos producir más es inviable. Y la reducción de costos viene por el lado de la mecanización sobre todo pero eso requiere escala porque no vas a comprar una vendimiadora para un viñedo chico de cinco hectáreas", explicó Deleon y señaló que una de las alternativas para mejorar esta situación es que los pequeños productores se asocien entre sí para hacer juntos la inversión en nueva maquinaria que les permita reducir sus costos.
En tanto, los productores señalaron que los principales problemas que enfrentan a nivel comercial son: la falta de competitividad, los niveles de venta, los costos y los precios al público.
La mitad de las empresas que no han incorporado tecnología, consideran a la vitivinicultura como rubro principal pero no han invertido por tener bajos márgenes o porque no les es atractivo invertir en el rubro. Por ello, tanto la falta de inversión en incorporación tecnológica, como los bajos márgenes, plantea la interrogante —según el Inavi— de si estas empresas van a continuar con la vitivinicultura como su rubro principal a largo plazo o si este rubro va a empezar a ocupar lugares secundarios en las empresas.
Solo el 30% de los productores acudió al apoyo financiero
En relación a los diferentes instrumentos de apoyo financiero que se ofrecen en el país, solo un 30% de las empresas encuestadas por el Inavi respondió que utilizó alguna de esas herramientas.
En concreto, el 46% de las empresas dijo no conocer las líneas de crédito disponibles y entre los productores que sí conocen los instrumentos financieros disponibles en el país, un 52% respondió que estos no se ajustan a las necesidades del sector.
Sobre este punto, Clara explicó que los productores entienden que los instrumentos de apoyo financiero disponibles "deberían poder ser lo suficientemente flexibles para abordar los desafíos que tiene el sector".
No obstante, Félix puso el foco en la importancia de mantener una malla social de productores pequeños activos, que el sector logre alcanzar una rentabilidad deseada y buenos ingresos para poder vivir por su cuenta. "Sería una locura que el sector solo pueda sobrevivir a través de apoyos del gobierno porque habría que mantenerlos toda la vida", indicó.
Entre los productores que sí utilizaron algún instrumento de apoyo financiero, el 47% tenía como objetivo la inversión, el 31% el pago de deudas y el 22% tuvo que ver con el método de trabajo.
Diferencia con los productores de Colonia y Maldonado:
Dado que aproximadamente el 70% de las empresas vitivinícolas del país se encuentran al sur de Uruguay, principalmente en Canelones, Montevideo y San José, las respuestas del censo de Inavi reflejan la situación de los productores localizados en esos departamentos.
Por ese motivo, los asesores de Inavi diferenciaron entre la realidad que enfrentan los pequeños productores de esos departamentos con el perfil de los productores de Maldonado y Colonia.
"En el este del país, el modelo que los productores tienen del viñedo es totalmente distinto al que existe en el sur. Generalmente son empresas constituidas como tales, no es la familia la que está atrás del viñedo. Además, en la mayoría de estas empresas, la vitivinicultura es un rubro secundario o tienen el viñedo simplemente como un hobby, no es su fuente principal de ingresos. Las estrategias son distintas, ahí encontramos grandes diferencias", explicó Deleon.
En el mismo sentido, Félix detalló que los viñedos ubicados en Carmelo, Punta del Este, Garzón o José Ignacio, no enfrentan esta realidad porque el perfil de los productores es diferente. "Son empresarios que tienen su casa de campo, instalaron un viñedo, algunos inclusive instalaron una bodega, pero quizás ni forma parte de los ingresos de la familia porque tienen otros negocios constituidos, es otra realidad", remarcó.