3 de agosto de 2026 5:00 hs

El crecimiento de la inteligencia artificial, la expansión de los servicios en la nube y el aumento del procesamiento de datos están impulsando una nueva ola de inversiones en infraestructura tecnológica a nivel global. En ese escenario, los data centers —y especialmente los de hiperescala, destinados a alojar y procesar enormes volúmenes de información— se consolidan como uno de los sectores con mayor dinamismo.

En ese proceso, América Latina comienza a ganar espacio como destino para nuevos proyectos y Uruguay aparece entre los países que buscan posicionarse para captar parte de esas inversiones. La matriz energética renovable, la estabilidad institucional y la infraestructura disponible son algunos de los factores que colocan al país en el radar de empresas internacionales que analizan dónde desarrollar sus próximos data centers.

  • La llegada de Google

La llegada de Google con la construcción de un data center de hiperescala representa un hito para Uruguay dentro de una industria que gana relevancia a nivel global. Se trata del primer proyecto de estas características que se desarrolla en el país y marca el ingreso de Uruguay a un segmento de infraestructura tecnológica de mayor escala y complejidad.

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Por sus dimensiones y exigencias técnicas, este tipo de instalaciones requieren altos estándares de energía, conectividad, seguridad y capacidad operativa. En ese contexto, la inversión de Google no solo representa un proyecto de gran relevancia en sí mismo, sino también una validación de la capacidad de Uruguay para alojar infraestructura de estas características y posicionarse como un destino posible para nuevas inversiones del sector.

  • Nuevos proyectos en evaluación

Más allá del proyecto de Google, Uruguay busca avanzar en la captación de nuevas inversiones vinculadas a data centers. Desde el gobierno señalan que el crecimiento en los próximos años estará apalancado por inversiones privadas en sectores estratégicos, entre ellos energía, data centers y celulosa.

En el caso de los centros de datos, los ministerios de Economía e Industria trabajan en la instalación de tres nuevos proyectos que se sumarían a la infraestructura que Google está construyendo en el Parque de las Ciencias. La obra del gigante tecnológico comenzó en agosto de 2024 y su puesta en funcionamiento está prevista para inicios de 2027.

Al respecto, fuentes consultadas por El Observador señalaron que existen al menos dos empresas internacionales que están analizando la posibilidad de instalarse en Uruguay. Entre los principales aspectos que estudian se encuentran la conectividad y la disponibilidad de energía, dos factores centrales para este tipo de infraestructura. También evalúan otros requerimientos técnicos, como el acceso a agua —un recurso utilizado en los sistemas de refrigeración— y la disponibilidad de respaldo energético, tanto en generación como en transmisión.

Los proyectos de esta magnitud tienen procesos de maduración prolongados. Antes de una decisión de inversión deben completarse estudios ambientales, análisis de factibilidad, ingeniería y una evaluación integral del negocio. Por eso, aunque las iniciativas se encuentren en análisis, su concreción requiere atravesar distintas etapas y plazos de desarrollo.

Si bien todavía se encuentran en una fase preliminar, estos movimientos muestran que Uruguay ya aparece dentro del mapa de alternativas consideradas por empresas internacionales que buscan ampliar su infraestructura digital, explicaron.

  • Fortalezas y desafíos

Para Luis Gallo Pieri, Ceo de Teyma, Uruguay cuenta con capacidades que pueden ser aprovechadas para acompañar el desarrollo de nuevos data centers.

“Muchas veces se mira al data center como una inversión puramente tecnológica, pero detrás hay una necesidad muy fuerte de infraestructura, energía y conectividad. Ahí es donde aparecen capacidades que en Uruguay ya existen y que pueden seguir desarrollándose”, afirmó a El Observador.

Según explicó, la experiencia acumulada por el país en sectores como la celulosa y la energía permitió desarrollar estándares de ingeniería, construcción y operación aplicables a nuevas inversiones. Además, la llegada de este tipo de proyectos puede generar un efecto de aprendizaje y fortalecer la participación de proveedores locales.

Sin embargo, señaló que Uruguay enfrenta el desafío de competir con mercados que pueden ofrecer costos energéticos más bajos debido a que cuentan con activos de generación ya amortizados. En esa línea, sostuvo que la discusión energética no pasa únicamente por el precio, sino también por la capacidad de ofrecer disponibilidad, respaldo y seguridad de suministro.

Uruguay desarrolló en los últimos años una importante infraestructura de generación renovable, aunque los contratos de largo plazo asociados a ese proceso hacen que exista menor margen para reducir los precios actuales.

“El desafío para Uruguay está en encontrar beneficios adicionales que puedan compensar esa diferencia en materia de energía para que estas inversiones puedan desarrollarse en el país”, afirmó Gallo Pieri.

  • La energía más allá de la generación: el peso de los peajes

Desde el sector de generación privada agregan una mirada complementaria: si bien reconocen que la competitividad energética es un factor central para estas inversiones, sostienen que el desafío no pasa únicamente por el costo de generación.

Martín Bocage, presidente de la Asociación Uruguaya de Generadores Privados de Energía Eléctrica (Augppe), sostiene que una de las principales fortalezas del país es haber demostrado que su potencial renovable puede transformarse en infraestructura concreta.

Según explicó a El Observador, Uruguay cuenta con un amplio margen para seguir expandiendo su generación renovable: su potencial supera los 60 gigavatios, mientras que los generadores privados ya incorporaron cerca de 2.000 megavatios de potencia instalada —aproximadamente 40% de la generación eléctrica del país— mediante inversiones superiores a US$ 4.000 millones. Esa expansión, señala Bocage, permitió diversificar la matriz y reducir costos: desde el ingreso de la generación privada, el Costo Anual de Despacho cayó 39% en términos reales y el costo por megavatio-hora consumido se redujo 50%.

Para el presidente de Augppe, una de las claves de ese proceso fue la articulación entre el sector público y privado, una experiencia que considera relevante para acompañar nuevos proyectos de gran escala. A esa base energética suma otros atributos como la fibra óptica de Antel, la conectividad internacional y la estabilidad institucional.

Desde esa perspectiva, el principal obstáculo no está en el costo de generación. Bocage señala que los contratos de compraventa de energía (PPA) con generadores privados demostraron ser una herramienta capaz de reducir costos y que ese esquema puede aplicarse para atender nuevas demandas, como las de los data centers, sin necesidad de subsidios.

El punto a resolver, según el sector privado, está en la previsibilidad del costo energético total. En particular, los peajes de transmisión y distribución representan una variable relevante para los inversores, ya que actualmente cada proyecto los negocia de forma bilateral sin contar con referencias públicas sobre costos o plazos de iniciativas similares.

Para competir con destinos como Chile, Costa Rica, Brasil o Colombia, Uruguay necesita que los inversores puedan conocer de antemano el costo final de la energía, en decisiones que suelen definirse en ventanas de 12 a 24 meses, se explicó.

A esto se suma un desafío de infraestructura. Los data centers de gran escala requieren puntos específicos de conexión capaces de incorporar consumos elevados, lo que implica contar con una red de transmisión y generación preparada para acompañar esa demanda.

Molinos de energía eólica
Molinos de energía eólica
  • La oportunidad de transformar energía limpia en industria

Desde la Asociación Uruguaya de Energías Renovables (Auder), su presidente Diego Oroño destaca que Uruguay cuenta con una serie de ventajas que lo posicionan favorablemente frente a la nueva demanda de infraestructura digital. Entre ellas menciona una matriz eléctrica altamente renovable, confiable y con baja huella de carbono, un atributo que adquiere cada vez mayor relevancia para las empresas tecnológicas que buscan reducir el impacto ambiental de sus operaciones.

A esa ventaja energética se suman, según Oroño, otros factores como la estabilidad institucional, la seguridad jurídica, la infraestructura de telecomunicaciones y una trayectoria de políticas energéticas de largo plazo que permitió generar previsibilidad para los inversores.

Para el presidente de Auder, uno de los principales activos de Uruguay es haber demostrado capacidad para llevar adelante transformaciones complejas en el sector energético. El desafío hacia adelante, sostiene, es aprovechar esa base para atraer nuevas industrias intensivas en energía, como los data centers, capaces de generar inversión, empleo y mayor valor agregado.

"El precio de la energía es, sin duda, uno de los factores relevantes, pero no es el único ni necesariamente el más importante", plantea Oroño. Según explica, los grandes operadores evalúan un conjunto de variables que incluyen la disponibilidad de potencia, la posibilidad de expansión futura, los tiempos de conexión, la calidad y confiabilidad del suministro, la conectividad internacional y la estabilidad regulatoria.

En ese proceso, Uruguay deberá continuar desarrollando infraestructura energética para responder al crecimiento del consumo eléctrico y a la llegada de nuevas industrias.

Para Auder, el desafío no pasa solamente por ofrecer energía barata, sino por consolidar una propuesta basada en energía limpia, confiable, disponible y competitiva.

  • La magnitud de las inversiones

Además del componente tecnológico, los data centers representan inversiones de infraestructura de gran escala. Según estimaciones del sector, el rango de inversión puede ubicarse entre US$ 15 millones y US$ 20 millones por megavatio instalado, aunque el valor final depende de las características de cada proyecto y de las condiciones necesarias para su desarrollo.

El monto puede variar según si la inversión contempla únicamente la infraestructura del data center o si también requiere obras asociadas, como nuevas conexiones eléctricas, sistemas de respaldo o desarrollos energéticos complementarios. Por eso, cada proyecto tiene una estructura particular.

“Más que pensar esto como una oportunidad para una empresa en particular, hay que entenderlo como una oportunidad para el país. Y, si esa oportunidad se consolida, es natural que las empresas que ya tienen experiencia en infraestructura compleja quieran ser parte de ese proceso”, expresó Gallo Pieri.

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