Sin esos datos duros, ¿con qué vara mediríamos la contienda cuando la oposición asegura que este es el peor gobierno desde el retorno a la democracia, o cuando en el Frente Amplio afirman que ya se lograron más resultados palpables que en todo el período de Luis Lacalle Pou? Las encuestas, con sus imperfecciones y sus márgenes de error, son hoy el único espejo que impide que la narración de la dirigencia reemplace por completo a la realidad.
A través de ellas podemos atisbar que piensan los uruguayos. Pero los números, fríos y concretos, admiten varias lecturas.
Por ejemplo, es evidente, según las encuestas, la caída en la popularidad del gobierno frenteamplista con Yamandú Orsi a la cabeza.
Yamandú Orsi en Salto tras el temporal
Foto: Ministerio de Vivienda
La última medición de Equipos registró para el presidente Orsi una desaprobación del 53% frente a un 26% de aprobación, mientras que Cifra ubica su popularidad en terreno negativo, con un 34% de simpatía y un 52% de desaprobación.
El escenario parece bastante preocupante para el oficialismo. Pero los dirigentes frenteamplistas dicen que no es tan así. “No se trata de intención de voto”, dijo el intendente de Montevideo, Mario Bergara en el programa Todo un tema del estreaming de El Observador.
Lo mismo advierten otros principales referentes de la izquierda quienes afirman que, más allá de los sondeos de impopularidad, el frenteamplista sigue siendo fiel y aunque responda con rabia ante la pregunta de una encuesta, nunca se le ocurriría votar fuera del FA.
Pero el desgaste es real y responde a una acumulación de factores evidentes: impericia, tropiezos en la comunicación, falta de coordinación en el elenco gubernamental y un fuego amigo siempre acechante.
Sin embargo, en la Coalición Republicana tampoco hay motivos para celebrar. Las encuestas revelan que la oposición tampoco consigue conectar con el entusiasmo popular. Salvo la figura del expresidente Luis Lacalle Pou -quien resguardado del barro cotidiano conserva su capital político-, la mayoría de la dirigencia coalicionista acumula más opiniones negativas que positivas.
Es así que en la última encuesta de Cifra el expresidente aparece con un saldo de +21 y el senador colorado Pedro Bodaberry con +2. El resto de los medidos tienen saldos negativos (Andrés Ojeda, Javier García y Sebastián Da Silva).
¿Qué no están diciendo estos números? Una lectura podría apuntar a que la oposición más conciliadora de Bordaberry tiene mayor aceptación entre los votantes. Claro que esta consulta fue realizada antes de la foto de familia que Bordaberry se sacó con el resto de la Coalición Republicana al anunciar que votaría en contra de la Rendición de Cuentas. Las cámaras registraron allí al senador colorado remando amigablemente y a la par, cual guerreros vikingos, junto al belicoso senador blanco Da Silva. Bordaberry también se mostró muy poco moderado al afirmar que en el Frente Amplio “no tienen los huevos” necesarios para liberar a los militares presos en la cárcel de Domingo Arena. ¿El “nuevo Pedro” beligerante conservará sus respetables cifras de aceptación entre los votantes opositores?
Luis Lacalle Pou en el Programa de Alta Dirección para la Gestión Pública del CED
Y hablando del nacionalista Da Silva, este aparece entre los votantes de la oposición con un 33% de simpatía, un 21% de antipatía, un 10% de juicio intermedio y un 36% que no opina, lo que puede estar mostrando un alto porcentaje de desconocimiento.
¿Será que aquellos que consideramos figuras reconocidas por tener amplios espacios en los medios de comunicación y o por su hiperactividad en las redes sociales no necesariamente establecen una empatía real con el electorado ni son captados por los uruguayos menos informados?
Sube y baja
La última encuesta de Equipos ofrece lecturas diversas y es difícil de desentrañar. El expresidente Luis Lacalle Pou aparece, otra vez, como el único político que recoge un saldo neto positivo en simpatía (+12), y encabeza esta popularidad dentro de la Coalición Republicana (73%), seguido de los colorados Pedro Bordaberry y Andrés Ojeda (ambos con 41%), y más atrás aparecen Álvaro Delgado (30%) y Javier García (29%).
Al final de esta ensalada de números, la empresa Equipos resume lo que tal vez se lo más importe: "El liderazgo político uruguayo, en su conjunto, no atraviesa un momento particularmente bueno en términos de aprecio ciudadano, sino más bien todo lo contrario". Al final de esta ensalada de números, la empresa Equipos resume lo que tal vez se lo más importe: "El liderazgo político uruguayo, en su conjunto, no atraviesa un momento particularmente bueno en términos de aprecio ciudadano, sino más bien todo lo contrario".
En tanto que entre los votantes frenteamplistas encabezan en popularidad Orsi (61%), Lucía Topolansky (60%), Carolina Cosse (50%), Blanca Rodríguez (44%), Mario Bergara (30%), Fernando Pereira (30%), Carlos Negro (29%), Cristina Lustemberg (27%) y Alejandro “Pacha” Sánchez (26%).
Es decir, los más populares, Orsi y Topolanski, no están en la grilla de posibles candidatos del FA para 2029; la que más se les acerca, Cosse, perdió las pasadas internas de la izquierda y Sánchez, una de las cartas electorales, aparece rezagado.
Pero, entre la totalidad de los electores, Sánchez recoge menos antipatía (43%) que Cosse (53%) y Topolansky (47%) y en un nivel similar que Rodríguez (42%)
¿Quiere decir esto que el FA tiene problemas para empezar a perfilar un oponente de peso a la candidatura cantada de Lacalle Pou? ¿es posible sacar conclusiones a más de tres años de las próximas elecciones?
Al final de esta ensalada de números, la empresa Equipos resume lo que tal vez signifique lo más importante: "El liderazgo político uruguayo, en su conjunto, no atraviesa un momento particularmente bueno en términos de aprecio ciudadano, sino más bien todo lo contrario".
Pretender solucionar este problema negando los grados del termómetro no parece solución. Es lo que hacen los frentistas cuando se consuelan considerando que su caudal de votos nada tiene que ver con la impopularidad del gobierno o cuando desde la Coalición Republicana sostienen que "a la oposición no hay que medirla”.
Hasta que se invente algo más fiable, las encuestas, con sus fallas y sus márgenes de error, seguirán siendo una de las pocas formas de medir la temperatura del uruguayo.
Al fin de cuentas, las encuestas no son bolas de cristal, sino ventanas a veces incómodas. Pero a través de ellas los políticos pueden atisbar las demandas y los juicios de los uruguayos, particularmente en este escenario en el cual el gobierno acostumbra a tropezar y la oposición no enamora.
Porque por más que hayan cambiado los medios a través de los cuales se lee la realidad, al final la gente no vota con el dedo en la pantalla de las redes, vota con el bolsillo, con el miedo, con la ilusión y, cuando puede, con los pies en la tierra.