3 de agosto de 2026 5:00 hs

Mientras los vecinos de Los Cerrillos celebraban el centenario de la localidad con desfiles, música y fuegos artificiales, bajo tierra se desarrollaba uno de los robos más sorprendentes de la historia criminal uruguaya. Sin que nadie lo advirtiera, el portero de la sucursal local del Banco República terminaba de excavar un túnel que desembocaba directamente en la bóveda de la institución.

El episodio ocurrió el primer fin de semana de agosto de 1996 y es recordado en una nueva entrega de "Memoria Criminal", el ciclo de El Observador que reconstruye los casos policiales más impactantes del país.

El túnel que nadie descubrió

El protagonista fue Fabián Sánchez Silva, quien además de trabajar como portero vivía junto a su familia en una casa lindera al banco, propiedad de la propia institución. Durante meses aprovechó las madrugadas para cavar en absoluto silencio un túnel desde la vivienda hasta la bóveda, una tarea que pasó completamente inadvertida para vecinos y compañeros de trabajo.

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La celebración de los cien años de Los Cerrillos terminó siendo el escenario ideal para ejecutar el plan. Mientras el pueblo estaba concentrado en los festejos, el ruido de los espectáculos sirvió de cobertura para los últimos trabajos antes del robo.

El golpe durante los festejos

El lunes 5 de agosto, antes de que la sucursal abriera sus puertas, Sánchez cargó varios bultos en un taxi y abandonó el lugar. Horas más tarde sorprendió a todos al entregarse voluntariamente ante la Justicia. Para entonces, las autoridades ya habían comprobado que de la bóveda faltaban US$ 460 mil, una cifra que convirtió el caso en uno de los robos bancarios más resonantes de la década.

La investigación derivó en una intensa búsqueda del dinero. La Policía llegó incluso a demoler la vivienda donde había vivido el portero convencida de que parte del botín permanecía oculto allí. Sin embargo, el operativo no dio resultados y el dinero nunca apareció.

El misterio de los US$ 460.000

A partir de entonces, Fabián Sánchez Silva pasó a ser conocido como "El Tunelero". Durante el proceso judicial y después de recuperar la libertad, en 2001, nunca explicó qué había hecho con el dinero. Cada vez que le preguntaban respondía lo mismo: que el destino de esos US$ 460.000 era "un tema muy íntimo".

Tres décadas después, el misterio permanece intacto. Nadie sabe dónde terminó el dinero ni qué fue de la vida del hombre que protagonizó uno de los robos más ingeniosos y enigmáticos de la historia policial uruguaya.

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